Libros sin cadenas

Para la mayor parte de nosotros, los libros y las revistas constituyen una parte tan común de nuestras vidas que hemos perdido toda capacidad de asombro ante la maravilla de tener diariamente en nuestras manos uno de los instrumentos más extraordinarios inventados por el hombre para su propio servicio. Nos es difícil mirar hacia atrás y ver en perspectiva las mil y una contribuciones que los libros aportan a nuestro goce, a nuestras ocupaciones cotidianas, a nuestro adelanto cultural y científico y a nuestra educación; ni tampoco es fácil, aún para la Unesco que tiene el deber de hacerlo comprender todos los problemas que la impresión, encuadernación y distribución de los libros plantean al mundo moderno.

Desde que el hombre expresó por primera vez sus ideas por medio de la escrilura en tablillas de barro o en papiro, sobre hojas de bambú o en rollos de seda, su afán ha sido siempre recoger y conservar su obra para la posteridad. La idea de una biblioteca debe ser casi tan vieja como la civilización; y la historia de las bibliotecas es la del pensamiento y el conocimiento mismos registrados, conservados y puestos a la disposición de las generaciones futuras.

Conozca más sobre las fortalezas del conocimiento registrado en El Correo de la UNESCO.

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Junio de 1953