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Nadie podrá detenernos - entrevista a Desmond Tutu

Desmond Tutu, arzobispo anglicano de Ciudad del Cabo, Premio Nobel de la Paz (1984) y figura destacada en la lucha contra el apartheid, responde a las preguntas de El Correo de la UNESCO.

La libertad y los derechos humanos son cuestiones de suma importancia en Europa Oriental. ¿Ocurre lo mismo en Sudáfrica?

Sí, y el movimiento en pro de la libertad y del respeto de los derechos humanos en Europa Oriental es tan prometedor como en Sudáfrica.

Sin embargo, hay claras diferencias entre ambas situaciones. La opresión de la mayoría del pueblo en Sudáfrica se ha basado en la raza. La iniquidad del racismo es tal que hace que un pueblo se sienta superior a los demás hasta el punto de tratarlos como si fueran menos que seres humanos. Por consiguiente, los regímenes racistas que enfrentan protestas de masas vacilan menos, por ejemplo, en ordenar a la policía o a las tropas que disparen contra los manifestantes que los gobernantes de otro tipo de régimen, pues éstos sentirían que están matando a sus compatriotas.

En la mayoría de los países de Europa Oriental excepción de Rumania los gobernantes parecen haber sido más moderados que en Sudáfrica. Además, en esos países muchas personas han tenido más oportunidades de encauzar su propio destino y de participar en el desarrollo económico que los sudafricanos. Ha habido una tradición de experiencia democrática en épocas pasadas en numerosos países de Europa Oriental. En Sudáfrica nuestro pueblo ha sufrido la opresión racial durante trescientos años. Ha luchado constantemente para poder participar en un sistema democrático pero nunca lo ha logrado. Económicamente, durante toda la era industrial se le ha negado la oportunidad de obtener una capacitación adecuada y puestos de trabajo a causa del color de su piel. Como consecuencia, ahora que empezamos a vislumbrar la instauración de una democracia en Sudáfrica, vamos a necesitar una ayuda internacional considerable que dé a nuestro pueblo las oportunidades de desarrollo que nunca ha tenido hasta ahora.

A su juicio, ¿existe un vínculo entre democracia y desarrollo?

El desarrollo depende de la democracia. El pueblo está formado por seres que adoptan decisiones. Dios les ha dado el libre albedrío y tienen derecho a intervenir en el desarrollo a través de un sistema democrático para sentir que participan plenamente en él. Un desarrollo impuesto al pueblo de manera paternalista, como por un hermano mayor que sabe lo que es bueno para éste, será un fracaso.

En Sudáfrica en particular, ¿hay un verdadero movimiento encaminado a establecer una democracia? ¿En qué medida el sistema del apartheid está llegando a su fin?

En muchos aspectos estamos ahora en la misma situación en que nos encontrábamos en 1960. Nuevamente nuestras organizaciones políticas han dejado de estar prohibidas y pueden actuar con mayor libertad que en los últimos treinta años. Pero la población negra todavía carece de derecho a voto y la esencia del apartheid consiste en negarle el poder político. Igualmente, las leyes que constituyen lo que se denomina los "pilares del apartheid" siguen aun plenamente vigentes. La diferencia entre la situación actual y la de 1960 es que el gobierno controlado por los blancos declara que está dispuesto a llevar a cabo negociaciones para compartir el poder y para reconsiderar esas leyes. Pero todavía está por versero que va a ofrecer. Por consiguiente, desde el punto de vista de lo que el gobierno está ofreciendo, nos encontramos en vísperas de que surjan perspectivas interesantes. Pero, desde el punto de vista de las aspiraciones del pueblo, sí podemos, en efecto, afirmar que existe un verdadero movimiento dirigido a instaurar' la democracia. Estamos decididos a alcanzar ese objetivo y lo lograremos en definitiva. Ningún obstáculo, y el gobierno sudafricano menos que nadie, podrá detenernos.

¿Existen formas y condiciones concretas para que se produzca una evolución democrática en el contexto sudafricano? ¿Será viable el principio de "una persona, un voto" entre comunidades que han sido hostiles la una a la otra durante tanto tiempo?

La democracia depende del sufragio universal. Sin el voto no hay democracia ni posibilidades de cooperación entre las comunidades. La protección de cada individuo, al margen de la comunidad a que pertenece, está consagrada en una declaración de derechos que aplican tribunales de justicia independientes. Sólo una vez que, gracias a la igualdad de derechos, se garantice el respeto de la dignidad de todos los sudafricanos, podremos esperar que empiece a desarrollarse una verdadera cooperación entre ellos, cualquiera que sea la comunidad de que procedan.