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La Nueva arqueología

Aarqueología, es decir el estudio del pasado del hombre a través de los restos materiales de su actividad, ha recorrido un largo camino desde sus iniciadores, los ricos y ociosos aficionados de la Europa del siglo XVI. Los primeros excavadores, se ha dicho, "eran poco menos que ladrones de tumbas"; en cambio, los arqueólogos actuales son especialistas que investigan el pasado armados de auténtica pericia de forenses y de un formidable arsenal de procedimientos científicos y técnicos.

Por otro lado, en este final del siglo XX es más difícil que nunca ignorar los restos materiales del pasado. Hoy se los desentierra todos los días con ocasión de los proyectos de desarrollo urbano y de las grandes obras de ingeniería. Las nuevas naciones en busca de su propia identidad comprenden la importancia de un patrimonio que no sólo define los logros del pasado cultural de sus pueblos sino que además constituye un factor esencial del desarrollo nacional. Paradójicamente, una época como la nuestra abocada al cambio constante se encara por doquier con su pasado.

En este ambiente de cambio la arqueología adquiere nueva importancia y se pone ella misma a cambiar. Sus actividades se extienden a nuevos ámbitos (arqueología urbana, arqueología industrial, arqueología sismológica...). Se elaboran nuevos enfoques teóricos y surgen nuevas técnicas científicas que han hecho posible cartografiar el pasado de cada país con mucha mayor exactitud que antes. La clásica imagen del arqueólogo armado con su pala está experimentando un cambio radical.Un arqueólogo moderno forma parte de un equipo pluridisciplinario y, en tal calidad, puede acudir a la teledetección desde el espacio como medio de prospección, utilizar un ordenador para efectuar tareas tan distintas como trazar el mapa tridimensional de un lugar o tener acceso a los últimos datos arqueológicos, y apelar a la física nuclear para analizar sus hallazgos, además de recurrir a ciencias tan variadas como la botánica, la entomología e incluso el estudio del polen, de las diatomeas y de las espinas de peces.

De todos modos, la arqueología sigue también significando hoy la simple excavación con pala, y para demostrarlo hemos elegido los dos más importantes descubrimientos arqueológicos recientes en América Latina y Asia central. La excavación, en el centro mismo de la ciudad de México, del Templo Mayor arrasado por los españoles tras la conquista es una de las más fascinantes novedades últimas de la arqueología latinoamericana. No menos impresionante es el descubrimiento por arqueólogos soviéticos de un fabuloso tesoro de la antigua Bactriana en plena Asia central.

Si la arqueología es hoy día interdisciplinaria, es también, y cada vez más, internacional. Y es en este punto donde la Unesco viene desempeñando desde hace años un papel de primera importancia, sobre todo como resultado de las campañas internacionales para salvar el patrimonio cultural mundial, que en este número simbolizan las ruinas de Mohenjo Daro, en Paquistán.

Por último, en este que es el Año Internacional de la Juventud, recordemos que la arqueología es capaz de entusiasmar a gran número de aficionados, muchos de ellos jóvenes, cuya simple existencia es ya un reto para los arqueólogos modernos que deseen dar un contenido real a la idea de "democratizar el pasado".

Edouard Glissant, Jefe de redacción.

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Juilo de 1985