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Por una reforma del pensamiento

El principio de simplicidad impone separar y reducir. El principio de complejidad preconiza reunir, sin dejar de distinguir.

Hasta mediados del siglo XX la mayoría de las ciencias tenían como modo de conocimiento la especialización y la abstracción, es decir, la reducción del conocimiento de un todo al conocimiento de las partes que lo componen (como si la organización de un todo no produjera cualidades nuevas en relación con las partes consideradas por separado). Su concepto clave era el determinismo, o sea, la ocultación de la alteridad, la novedad, y la aplicación de la lógica mecánica de la máquina artificial a los problemas del mundo viviente y de la sociedad.

El conocimiento debe, por cierto, utilizar la abstracción, pero tiene también que procurar construirse en relación con el contexto y, por consiguiente, movilizar todo lo que el individuo sabe del mundo. La comprensión de datos particulares sólo puede ser pertinente para aquellos que ejercitan y cultivan su inteligencia general y movilizan sus conocimientos de conjunto en cada caso particular. Marcel Mauss decía: "Hay que recomponer el todo." Es imposible, desde luego, conocer todo acerca del mundo y de sus múltiples transformaciones. Pero, por difícil que resulte, hay que intentar conocer los problemas clave del mundo so pena de imbecilidad cognitiva. Y ello es tanto más imperioso cuanto que hoy día el contexto de cualquier conocimiento político, económico, antropológico, ecológico, es el mundo mismo. La era planetaria exige situar todo en ese contexto . planetario. El conocimiento del mundo como tal se ha convertido en una necesidad a la vez intelectual y vital. Es un problema que se plantea a todo ciudadano: cómo tener acceso a las informaciones sobre el mundo y adquirir la posibilidad de articularlas y organizarías. Para tener esa posibilidad hace falta una reforma del pensamiento.

Es indispensable, por una parte, complementar el pensamiento que aisla con un pensamiento que une. Complexus significa "que está tejido junto". El pensamiento complejo es un pensamiento que trata a la vez de vincular y de distinguir pero sin desunir. Por una parte, hay que tratar la incertidumbre. El dogma de un determinismo universal se ha derrumbado. El universo no está sometido a la soberanía absoluta del orden, sino que es el campo de acción de una relación dialógica (relación a la vez antagónica, competitiva y complementaria) entre el orden, el desorden y la organización.

Así, el objetivo de la complejidad es, por una parte, unir (contextualizar y globalizar) y, por otra, recoger el reto de la incertidumbre. ¿De qué manera?

Las tres teorías

Las "tres teorías" de la información, la cibernética y los sistemas nos ofrecen una primera vía de acceso. Esas tres teorías, emparentadas e inseparables, aparecieron a comienzos de los años cuarenta y se han fecundado unas a otras.

La teoría de la información permite entrar en un universo donde a la vez hay orden (redundancia) y desorden (ruido) y de extraer algo nuevo, es decir la información misma, que pasa a ser entonces organizadora (programadora) de una máquina cibernética. La información que indica, por ejemplo, quién ha sido el vencedor de una batalla, disipa una incertidumbre; la que anuncia la muerte súbita de un tirano aporta lo inesperado y, al mismo tiempo, la novedad.

La cibernética es una teoría de las máquinas autónomas. La idea de retroacción, que introduce Norbert Weiner, rompe con el principio de causalidad lineal al introducir la de curva causal. La causa actúa sobre el efecto, y viceversa, al igual que en un sistema de calefacción en que el termostato regula el funcionamiento de la caldera. Ese mecanismo llamado de "regulación" permite la autonomía de un sistema, en el ejemplo mencionado la autonomía térmica de una vivienda con respecto a la temperatura exterior. La curva de retroacción (llamada feed-back) desempeña el papel de mecanismo amplificador, por ejemplo, en la exacerbación de un conflicto armado. La violencia de un protagonista provoca una reacción violenta que, a su vez, suscita una reacción más violenta aun. Esté tipo de retroacciones, inflacionistas o estabilizadoras, abundan en los fenómenos económicos, sociales, políticos y psicológicos.

La teoría de los sistemas echa las bases de un pensamiento de la organización. La primera lección sistémica es que "el todo es más que la suma de las partes". Ello significa que existen cualidades emergentes, es decir que nacen de la organización de un todo, y que pueden retroactuar sobre las partes. Así el agua tiene cualidades emergentes en relación con el hidrógeno y el oxígeno que la constituyen. Por otra parte, el todo es menos que la suma de las partes, pues las partes pueden tener cualidades que están inhibidas por la organización del conjunto.

La autoorganización

A estas tres teorías, hay que agregar el desarrollo conceptual aportado por la idea de autoorganización. Aquí deben mencionarse cuatro nombres: Von Neumann, Von Foerster, Atlan y Prigogine.

En su teoría de los autómatas autoorganizadores, Von Neumann se interrogó sobre la diferencia entre las máquinas artificiales y las "máquinas vivientes". Señaló esta paradoja: los elementos de las máquinas artificiales, perfectamente fabricados y bien terminados, se degradan en cuanto la máquina comienza a funcionar. En cambio, las máquinas vivientes, compuestas por elementos muy poco fiables, como las proteínas, que se degradan sin cesar, poseen la extraña propiedad de desarrollarse y reproducirse, de autorregenerarse reemplazando precisamente las moléculas degradadas por moléculas nuevas y las células muertas por células vivas. La máquina artificial no puede repararse a sí misma; la máquina viviente, en cambio, se regenera constantemente a partir de la muerte de sus células según la fórmula de Heráclito "vivir de muerte, morir de vida".

La contribución de Von Foerster reside en su descubrimiento del principio de "el orden a partir del ruido" ("orderfrom noise"). Si se agita una caja que contiene cubos con dos caras imantadas dispuestos en desorden, se observa que esos cubos van a constituir espontáneamente un conjunto coherente. Así, habrá bastado un principio de orden (la imantación) y una energía desordenada para constituir una organización ordenada. Se asiste así a la creación de un orden a partir del desorden.

Atlan, por su parte, ha concebido la teoría del "azar organizador". Se observa una relación dialógica orden/desorden/organización en el nacimiento del universo a partir de una agitación calorífica (desorden) en la que, en ciertas condiciones (encuentros por casualidad), principios de orden van a permitir la formación de núcleos, átomos, galaxias y estrellas. Se observa también esta relación dialógica en la aparición de la vida, por los encuentros entre macromoléculas dentro de una especie de curva autoproductora que terminará por convertirse en autoorganización viviente. Bajo formas muy diversas y por conducto de innumerables interretroacciones, la relación dialógica entre el orden, el desorden y la organización se encuentra constantemente presente en los mundos físico, biológico y humano.

Prigogine ha introducido también esa idea de organización a partir del desorden, pero de otra forma. En el ejemplo de los torbellinos de Bernard se ve cómo, a partir de un determinado umbral de agitación y por debajo de otro umbral, se constituyen y se automantienen estructuras coherentes. Esas organizaciones necesitan ser alimentadas con energía, o sea, necesitan consumir, "disipar" energía para mantenerse. En el caso del ser viviente, éste es bastante autónomo para extraer energía de su entorno, e incluso para extraer informaciones e incorporar su organización. Es lo que yo he llamado la autoecoorganización.

El pensamiento de la complejidad se presenta pues como un edificio de varios pisos. La base, formada a partir de tres teorías (información, cibernética y sistema), comporta los instrumentos necesarios para una teoría de la organización. Viene luego un segundo piso con las ideas de Von Neumann, Von Foerster, Atlan y Prigogine sobre la autoorganización. He querido aportar a este edificio elementos suplementarios. En particular, tres principios que son el principio dialógico, el principio de recursion y el principio hologramático.

Los tres principios

El principio dialógico vincula dos principios o nociones antagónicas, que deberían repelerse, pero que son indisociables e indispensables para comprender una misma realidad. El físico Niels Bohr ha reconocido la necesidad de considerar las partículas físicas a la vez como corpúsculos y como ondas. Pascal afirmó: "Lo contrario de una verdad no es el error, sino una verdad contraria". Bohr traduce este pensamiento a su manera: "Lo contrario de una verdad trivial es un error estúpido, pero lo contrario de una verdad profunda es siempre otra verdad profunda." El problema consiste en unir nociones antagónicas para concebir los procesos organizadores y creadores en el mundo complejo de la vida y de la historia humana.

El principio de recursion organizativa va más allá del principio de retroacción (feedback); supera la noción de regulación con la noción de producción y autoorganización. Es una curva generadora en la cual los productos y los efectos son ellos mismos productores y causantes de lo que los produce. Así, nosotros como individuos somos resultado de un sistema de reproducción que se remonta al origen de los tiempos, pero ese sistema sólo puede reproducirse si nosotros mismos nos transformamos en sus productores apareándonos. Los individuos humanos producen la sociedad en y por sus interacciones, pero la sociedad, como totalidad resultante, produce la humanidad de esos individuos al brindarles el lenguaje y la cultura.

Por último, el tercer principio "hologramático" pone de manifiesto la aparente paradoja de ciertos sistemas donde no sólo la parte está en el todo, sino que el todo está en la parte: la totalidad del patrimonio genético está presente en cada célula individual, al igual que el individuo es una parte de la sociedad, pero la sociedad está presente en cada individuo como un todo, a través de su lengua, su cultura, sus normas.

Conclusión

Podemos comprobar, pues, que el pensamiento de la complejidad no es en modo alguno un pensamiento que expulsa la certidumbre para reemplazarla por la incertidumbre, que expulsa la separación para incluir la inseparabilidad, que expulsa la lógica para permitirse todas las transgresiones. El planteamiento consiste, por el contrario, en efectuar un ir y venir incesante entre certidumbres e incertidumbres, entre lo elemental y lo general, entre lo separable y lo inseparable. No se trata de abandonar los principios de la ciencia clásica orden, separabilidad y lógica sino de integrarlos en un esquema que es a la vez más vasto y más rico; tampoco se pretende oponer un holismo global y vacío a un reduccionismo sistemático. Se trata, en cambio, de vincular lo concreto de las partes a la totalidad. Hay que articular los principios de orden y desorden, de separación y unión, de autonomía y dependencia, que son a la vez complementarios, competidores y antagónicos, en el seno del universo.

Para resumir, el pensamiento complejo no es lo opuesto al pensamiento simplificante,, sino que lo integra; como diría Hegel, opera la unión de la simplicidad y la complejidad, e incluso, hace aparecer finalmente su propia simplicidad. En efecto, el paradigma de complejidad puede enunciarse tan sencillamente como el de la simplicidad: mientras este último impone separar y reducir, el paradigma de complejidad preconiza reunir, sin dejar de distinguir.

El pensamiento complejo es, esencialmente, el pensamiento que integra la incertidumbre y es capaz de concebir la organización. Que es capaz de reunir, contextualizar, globalizar, pero reconociendo lo singular y lo concreto.

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Edgar Morin en El Correo de la UNESCO

Edgar Morin

Sociólogo francés, Edgar Morin es director de investigaciones emérito del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS). Entre sus publicaciones recientes cabe mencionar Autocritique (1994) y, en colaboración con Brigitte Kern, Terre-patrie (1993).