Construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres

Medicina y sabiduría

La medicina, ¿trata al paciente o combate la enfermedad? El paciente, ¿es una entidad individual totalmente autónoma o forma parte de un entorno natural, social, cósmico? La enfermedad, ¿se debe simplemente a la intrusión en el cuerpo de un agente extraño -¿virus? ¿demonio?- o es señal de un desequilibrio, de una armonía rota, que el cuerpo procura a la postre restablecer con auxilio de la mediana? En todo tratamiento, ¿cuál es el papel del saber adquirido, codificado, transmisible, y cuál el de la experiencia inmediata, nacida de un contacto directo entre elfacultativo y el enfermo?

Todas esas preguntas y muchas otras se formulan aquí las cuales, como es lógico, nuestros autores, que expresan posturas diferentes, no pretenden dar respuestas perentorias. Más bien enfoques diversos, a veces opuestos, esbozando así un panorama de las prácticas médicas en que el saber y la fe, la cultura comunitaria y el contacto interpersonal, pueden a veces llegar a un buen entendimiento.

Hasta una época reciente la cultura médica del Occidente moderno había roto de manera radical con todas las demás culturas. Porque en ella el arte de curar se basa en un corpus de conocimientos científicos que tratan el cuerpo humano, sus órganos y sus funciones, así como las diversas afecciones que amenazan su integridad, como objetos de estudio, sometidos a leyes físicas, fisiológicas, genéticas y, por ende, independientes de los contextos culturales y locales. El tratamiento consiste entonces en utilizar el conocimiento de esas leyes, en particular mediante técnicas instrumentales cada vez más complejas para neutralizar las distintas dolencias. Pero la situación empieza a cambiar: se reconoce cada vez más la contribución de otras medicinas e incluso quienes no lo hacen se sienten obligados a plantearse ciertas preguntas.

A nadie se le ocurriría negar los beneficios en ciertos casosde la medicina moderna. ¿Pero cómo no ver los excesos a los que puede conducir y a los que lleva a veces? Al movilizar, en torno al paciente, cada vez más medios técnicos, pero haciendo abstracción de su universo mental, de su cultura, de sus propias fuerzas psíquicas, morales, espirituales, las de su dignidad y de su voluntad, de su entorno afectivo, del sentido que da a su vida y a su muerte, ¿no se franquea en ciertos casos la línea roja de la deshumanización?

Y veremos que las llamadas medicinas tradicionales tienen todavía muchas cosas que decirnos...

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Febrero de 1998