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Hebla, gran metrópoli de hace 4.000 años, vuelve a la luz del día

El 10 de enero de 1977 tuvo lugar en la Acrópolis de Atenas un acto oficial en el que el señor Amadou-Mahtar M'Bow, Director General de la Unesco, hizo un solemne llamamiento -cuyo texto reproducimos en estas páginas- para salvar los monumentos de tan ilustre santuario del arte, que desde hace varios años están deteriorándose gravemente.

El gobierno de Grecia ha adoptado ya importantes medidas para preservar las estatuas y los edificios amenazados. Por ejemplo, se han hecho réplicas de las Cariátides para poder trasladar éstas al Museo Nacional, en espera de que se ponga remedio a la enfermedad de la piedra.

A los estragos provocados por las infiltraciones de agua y por las heladas, a los daños que ha causado el enmohecimiento de las armazones metálicas de los edificios, al fenómeno de la erosión y a las desfavorables consecuencias de un turismo intensivo, hay que agregar los temibles efectos de la contaminación atmosférica sobre la piedra. Por estas razones, a pedido de las autoridades helénicas y en colaboración con ellas, la Unesco ha puesto en marcha un plan de acción en el marco de la Campaña Internacional que la Conferencia General de la Organización aprobó en su última reunión celebrada en Nairobi (octubre-noviembre de 1976). El esfuerzo debe ser mundial porque se trata de salvar un patrimonio cultural que, aunque esencialmente griego, concierne a la humanidad entera.

Según los cálculos elaborados conjuntamente por la Unesco y por el gobierno griego, la operación costará en total unos 15 millones de dólares y los trabajos durarán de cinco a diez años.

Por su parte, El Correo de la Unesco dedicará uno de sus próximos números a la historia de la Acrópolis y a los problemas que su protección plantea.

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Febrero de 1977