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El arte nuevo de los heteos

Los héteos constituyen un capítulo nuevo dentro de la historia antigua, ya que el conocimiento de su existencia es una conquista de la ciencia de nuestros días. Hace cien años se sospechaba apenas su existencia, y sólo hace cuarenta han surgido definitivamente de la nada, al empezarse a descifrar sú historia en sus propios anales y al tenerse, por sus esculturas rupestres, idea de las creencias que sustentaron.

De las civilizaciones prestigiosas del Oriente preclásico los griegos, por lo menos, tenían un conocimiento basado en tradiciones e informes directos. Egipto se leía en las arenas, por sus pirámides y sus obeliscos. Babilonia había dejado el recuerdo de una riqueza y un poderío sin par; y una vez conquistada por Alejandro, los magos caldeos invadieron a Roma con su astrología.

Pero sobre la antigua Anatolia había caído un espeso velo de olvido desde el día en que sus últimas tribus independientes fueron aplastadas y asimiladas por los imperios vecinos; primero el asirio y luego el persa, mientras que al Oeste los colonos griegos parecían desinteresarse del continente. Homero cita al pasar, en algún pasaje, el pueblo de los keteioi, nombre que ahora se adivina debe tratarse del de los héteos dicho a la griega.

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Febrero de 1963