Año Internacional 2000: la paz día a día
La Asamblea General de las Naciones Unidas quiso hacerse eco de la aspiración universal a una paz que pusiera término en primer lugar a las guerras, pero también a todas las formas de violencia que acarrean injusticia y opresión: decidió, por iniciativa de la UNESCO, que este año 2000 sería el Año Internacional de la Cultura de Paz.
Esta decisión consagra también el compromiso de la “sociedad civil”. Una multitud de individuos y de movimientos hacen estallar los marcos tradicionales de la política, ejerciendo presión sobre determinados resortes de la vida de la comunidad, trátese de su barrio o del planeta entero. Eluden o suplen entonces a los que hasta ese momento eran dueños de la situación: los Estados, como explican el politólogo francés Zaki Laidi y el sociólogo español Manuel Castells.
La paz puede y debe cultivarse a diario; está al alcance de cualquiera, por poco que esté convencido y resuelto a ponerla en práctica junto con otros, como esa madre que abrió la primera escuela china para niños autistas, ese realizador que utiliza el vídeo para combatir la violencia en la villa miseria más grande de Bogotá, o ese ingeniero que ha puesto sus conocimientos al servicio de los habitantes de las favelas de Río para ayudarlos a construir su casa.
Los mismos valores humanistas inspiran a movimientos más conocidos, que también supieron utilizar mecanismos originales para alcanzar sus objetivos a una escala más amplia: la campaña Jubileo 2000 por la abolición de la deuda del Tercer Mundo o la Comunidad cristiana de Sant’Egidio, en Roma, mediadora reconocida en varios conflictos armados.
Pero, como ocurre con la lucha de los agricultores de la India contra los organismos genéticamente modificados, un movimiento puede partir de la sociedad civil y estar animado por las mejores intenciones sin por ello corresponder plenamente a esta cultura de paz.
