Microfinanza y pobreza: incluir a los excluidos
Para la mayoría de nosotros las palabras "finanzas", "crédito", "ahorro", "inversión" están asociadas a grandes sumas de dinero, al millón, cuando no al billón, como unidad de cuenta, y a la figura inaccesible del banquero. La idea de "miniaturizar" una transacción financiera parece encerraren sí misma, para el sentido común, una contradicción. Ahora bien, desde hace poco ha dejado de ser así.
Finanzas y pobreza ya no son términos antitéticos. En todos los continentes, decenas de millones de familias, que no hace mucho vivían al margen de la sociedad, tienen ahora acceso al crédito, pueden practicar el ahorro e invierten a una escala verdaderamente microscópica. Y las operaciones que se llevan a cabo a ese nivel han alcanzado tal importancia que en febrero un congreso mundial dedicado a ese tema se reunirá en Washington.
¿Qué ha sucedido para suscitar lo que constituye una ruptura con las prácticas financieras tradicionales? ¿Qué implica concretamente ese cambio? ¿Qué cabe esperar de él, en particular en materia de lucha contra la pobreza? Este número procura responder de forma exhaustiva a esos interrogantes.
Nadie considera que la microfinanciación sea una panacea contra la miseria. Pero no cabe duda de que para numerosos hombres, y sobre todo mujeres, a menudo analfabetos, cuya actividad económica era hasta ahora tan aleatoria que no entraba en ninguna categoría estadística, ello representa una esperanza. La esperanza de romper el círculo vicioso de la extrema indigencia, de salir de la condición humillante de condenados a vivir para siempre al margen de la sociedad.
Pero lo verdaderamente novedoso no es que esos hombres y mujeres abriguen semejante esperanza, sino que algunos bancos comiencen a tomarla en serio y a responder a ella, que se adapten a las exigencias de una actividad económica a escala redunda y revisen a ese efecto sus objetivos y métodos.
Sucede que en numerosos países la pobreza ha alcanzado proporciones tales que amenaza con asfixiar la economía, con romper los lazos sociales y condenar a muerte al desarrollo. Cuando el desquilibrio entre la miseria y la prosperidad es demasiado flagrante, cuando los desocupados, los marginados, los "informales" son demasiado numerosos frente a los demás, llega un momento en que la única cuestión válida es: "cómo incluir a los excluidos".
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