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La Ciudad desbordada

En los albores del proximo milenio más de la mitad de la población mundial vivirá en las ciudades. El ritmo de este crecimiento urbano supera todo lo que se habría podido imaginar hace solamente algunas décadas.

En los países en desarrollo la concentración de la actividad económica en torno a esos polos de atracción que son las grandes ciudades, así como la expansión demográfica, han incrementado las corrientes de inmigración urbana, que los gobiernos ya no pueden invertir, ni siquiera disminuir. Y la ampliación desmesurada de las ciudades se ha traducido en todas partes en una "tugurización" de los centros urbanos, en el desarrollo de zonas de ocupantes ilegales y en la construcción de viviendas precarias en barriadas que crecen sin cesar.

Los países industrializados, donde el porcentaje de población urbana alcanza ya el ochenta por ciento, no están tampoco exentos de dificultades: donde ha sobrevivido a los estragos de las guerras y a las utopías de los urbanistas, la parte antigua de las ciudades está asfixiada por la especulación y la contaminación, en tanto que los suburbios confirman, en ciudades sin alma, el fracaso de concepciones urbanas inadecuadas.

En todas partes, cada vez más, las ciudades presentan contrastes sobrecogedores: producen una proporción importante de la riqueza de un país, pero soportan a la vez en mayor medida la remora'de la pobreza.

Es urgente movilizar dicha riqueza para crear centros urbanos humanizados y devolver por fin la ciudad a sus habitantes. Para sobrevivir éstos realizan prodigios de ingenio, tenacidad y solidaridad, que es absolutamente necesario dejar expresarse para que, en vez de ser una tragedia, el crecimiento urbano empiece a transformarse en una apuesta por el futuro. 

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Enero de 1991