Tesoros ignorados del arte mundial
En algún lugar de la Turquía de hoy quizá en las fabulosas "mezquitas verdes" de Bursa, antigua capital del Imperio Otomano, al sur de Estambul, o en las ruinas hititas de la Anatolia central una expedición, compuesta de tres hombres, se dedica a la "caza de tesoros", después de haber recorrido con el mismo fin, 180.000 kilómetros a través de cuatro Continentes, durante los tres años últimos. Esos tres hombres son Peter Bellew, experto de la Unesco en la esfera de las artes visuales, Antón Schutz, director de la "Graphic Society" de Nueva York, y Mario Dolfi, jefe del departamento de fotografía en colores de la empresa editora Amilcare Pizzi, de Milán. Su misión consiste en estudiar y fotografiar los más desconocidos o inaccesibles tesoros artísticos nacionales para reproducirlos en los libros y álbumes de la Colección Unesco de Arte Mundial.
Gran número de obras maestras de la pintura y la escultura se han reproducido y coleccionado en forma de álbumes para ponerlas al alcance del público, en los tiempos pasados. No obstante, hay grandes vacíos. La Unesco lanzó su Colección de Arte Mundial cuando se dio cuenta de que los editores reproducían con mayor frecuencia las obras maestras más conocidas y más accesibles al público. Naturalmente es más fácil y económico fotografiar obras de arte en el Louvre, en el Museo del Prado o en el Vaticano que recorrer el mundo en busca de los tesoros enterrados en las tumbas, en las cuevas o en las arenas del desierto. Los recursos técnicos y financieros que se necesitan para realizar esta última empresa están fuera del alcance de los editores particulares, o los libros editados por éstos tienen tan alto precio que no pueden ser adquiridos sino por los lectores acomodados.
En su calidad de organización internacional, la Unesco ha podido reunir esos recursos con la ayuda de los Estados Miembros. Cada expedición a un país determinado es preparada minuciosamente con la colaboración de los funcionarios del gobierno y los especialistas nacionales que acuden a prestar sus luces a los "tres hombres de la Unesco" sobre el terreno.
Para recoger los tesoros de arte, el equipo de la Unesco aunque con su carga de material de 300 libras de peso ha utilizado escalas de cuerda para descender a las cuevas cavadas en los acantilados, ha tenido que labrar en la roca su camino con la pica para llegar a la cúspide de una montaña vertiginosa en Ceilán, ha penetrado en las tinieblas de las tumbas egipcias y ha conducido una yunta de bueyes a las alturas de la serranía de Yugoeslavia, para fotografiar algunas pinturas olvidadas. Hasta la fecha, se han publicado ocho volúmenes de esa. Colección de la Unesco. Entre ellos, se cuentan las reproducciones de las únicas 25 pinturas murales descubiertas en las Stavekirk, o iglesias de madera de abeto, en Noruega y las pinturas en corteza, ejecutadas por los aborigénes de Australia.
El presente número de El Correo de la Unesco está consagrado a las pinturas de los tres últimos álbumes de la Colección, dedicados al Irán, España y los frescos de Masaccio. Los volúmenes próximos presentarán las imágenes religiosas de Rusia, el arte búdico del Japón, el arte islámico de Turquía, los primitivos frescos búdicos de las grutas de Ceilán. La expedición artística de la Unesco se prepara actualmente a visitar México, Perú, Birmania y Grecia para reunir material para otros libros de arte.
