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La Economía intangible: un capital de ideas

Para cocinar dos kilos de paella se precisa el doble de ingredientes que para preparar sólo uno. Sólo podemos comer ese plato si lo tenemos al alcance de la mano y, una vez saboreado, no queda nada de él.

Por el contrario, copiar el original de un programa informático tiene un costo marginal, el de su soporte físico o su transferencia. Internautas separados por miles de kilómetros pueden “consumirlo” simultáneamente.Y si no lo utilizamos, no se gasta.

Esta metáfora resume toda la diferencia entre la economía industrial y la economía “intangible”. Llamada también “del saber”, “de la información”, “de lo inmaterial”, es muy difícil de definir. En ella, las ideas, las imágenes y los conocimientos pueden más que los productos, las máquinas y las materias primas. Al igual que el dominio de la energía dio paso a la sociedad industrial, el dominio del tratamiento y la circulación de la información lanzó la economía intangible. Esta se afirma en cuatro sectores estelares: las tecnologías de la información y la comunicación, la propiedad intelectual (patentes, marcas, publicidad y servicios financieros, que merecerían un cuadernillo completo de nuestra revista), los bancos de datos y los juegos y las biotecnologías.

¿Han quedado enterradas, como afirman los gurús de la nueva doctrina, las reglas tradicionales de la economía? Estas nuevas herramientas tecnológicas, ¿aumentarán las diferencias en el plano mundial o más bien contribuirán a que disminuyan? Y un trabajo más rico en conocimientos, ¿será también más enriquecedor en lo personal?

La amplitud y las consecuencias del ascenso de esta economía intangible, e incluso su existencia misma, siguen siendo asuntos muy debatidos.

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Diciembre de 1998