Que siga la fiesta
Sin duda la fiesta responde a una necesidad universal. ¿Pero cuál? En todas las sociedades ha existido la fiesta y en todas existe todavía. Sin embargo, resulta evidente que algo esencial que se manifestaba en la de antaño está cada vez menos presente en la de hoy. Tal vez sea su misterio, aquello que hacía de la fiesta un momento extraordinario, arrancado al tiempo de la vida cotidiana.
La fiesta ha tenido siempre la virtud de conciliar provisionalmente los contrarios, de unir lo que el transcurso de los días tendía a separar ritual y lo espontáneo, la tradición y la licencia, lo religioso y lo profano, la riqueza y la pobreza, la soledad de cada cual y la cordialidad de todos. Esta ruptura de los ritmos habituales del grupo era a la vez caótica y programada, festiva y ceremonial. De ese modo, permitía encontrar, cíclicamente, el secreto de los orígenes del mundo: la necesidad de orden que se impone por agotamiento del desorden.
Es comprensible que la fiesta haya cumplido esta función en las sociedades comunitarias y rurales, donde la vida está regulada por el retorno inmutable de las estaciones y donde las leyes humanas parecen reproducir, implacablemente, un designio cósmico. Pero ¿qué sucede en las ciudades de hoy donde el individuo atomizado se halla inmerso en una masa cada vez más anónima y donde, disociando las leyes de la naturaleza de las leyes de la sociedad, se ve forzado a asumir cotidianamente la responsabilidad tanto de sus decisiones personales como del destino de la sociedad?
Con frecuencia se pierde el sentido sagrado de las fiestas tradicionales, en circustancias que aparecen fiestas colectivas profanas como, por ejemplo, los conciertos de música popular y las competiciones deportivas, que tiene carácter de grandes misas paganas o de celebraciones de mitos vivientes, y que se multiplican fiestas mucho más íntimas, las reuniones de amigos, los acontecimientos libremente decididos y de índole estrictamente personal.
Pero entonces ¿a qué corresponde el deseo de fiesta? ¿Satisface ésta actualmente, en telcaso del hombre moderno, las mismas necesidades que ayer en las comunidades tradicionales? La fiesta continúa pero, ahora, ¿qué se festeja?

