Un mundo dentro del átomo
Desde los primeros días de su presencia en el planeta Tierra, el hombre ha sido un explorador y ha ido extendiendo gradualmente los límites de su mundo. Durante siglos, la superficie terrestre fué el escenario de su aventura, mientras la ciencia geográfica trazaba los mapas de las regiones conquistadas, preparándolas para su utilización ulterior. En nuestra época, en que la faz del planeta nos es totalmente conocida, los exploradores se dirigen a las profundidades del mar y a las alturas estratosféricas. El primer avión se elevó del suelo en 1905, y hacia 1950 los aviones de reacción a chorro se habían'remontado à 400 kilométros, o sea recorrían hacia arriba la distancia que hay entre Londres y París. Hoy, los jóvenes anhelan viajar a los planetas vecinos. Mientras tanto, los grandes telescopios han convertido en realidades corpóreas las estrellas titilantes, y, más allá de su luminosa multitud, se ha comenzado a hacer la cuenta y trazar el mapa de las distantes miriadas de astros. Nuestra imaginación explora más allá del cielo azul con el mismo hervor con que buscaba, en tiempos antiguos, desconocidas tierras más allá del mar.
Todo esto es bien sabido pero pocas personas se hallan enteradas de que la exploración ha ido muy lejos también en una dirección opuesta: hacia el interior mismo de la maleria. Esta aventura es difícilmente visible porque los materiales que nos rodean-madera, piedra, metal-tienen una sólida apariencia. Sin embargo, dentro de estos y otros materiales hay moléculas y dentro de éstas, átomos, y dentro de los átomos otras partículas más pequeñas aún : el proton, el electrón y más corpúsculos El mundo de lo microscópico parece infinito, y la investigacion explora sin descanso dentro de lo más pequeño como lo hace dentro del gran universo...
El microcosmos es el escenario de las aventuras de nuestro tiempo, y esa exploración es tan emocionante como una expedición a las tierras desconocidas o al espacio cósmico y tiene análoga o mayor importancia para la vida futura del hombre. Es ya tiempo de que los habitantes de nuestro planeta comprendan esta realidad y conozcan de cerca los hechos. Este es un mundo extraño, donde la materia sólida resulta hallarse casi vacía, donde las partículas se mueven a una velocidad increíble, pueden desaparecer para transformarse en energía, donde la energía misma se halla compuesta de partículas y donde el tiempo se mide en millonésimos de segundo. Cuando se aeeptan estos nuevos conceptos y se aprenden algunas nuevas palabras todo resulta claro y comprensible. Nada es complicado en esta esfera de conocimientos, salvo naturalmente si se tiene la curiosidad de dominar por completo los secretos del átomo, ya que entonces serán esenciales los estudios de altas matemáticas.
Hay una razón muy importante para que sea mejor conocido el mundo que existe dentro del átomo: la ignorancia popular le ha dado un significado erróneo a la energía atómica. Para la gran mayoría, los experimentos atómicos están vineulados a espantosas explosiones y armas horrendas que pueden hacer desaparecer en un instante la civilización. Fué un verdadero infortunio que esta nueva ciencia diera su primer fruto en 1939, es decir, cabalmente cuando comenzaba la segunda guerra mundial, lo que hizo que se la utilizara con fines militares. La ciencia del atómo era completamente desconocida para el gran público cuando hizo explosión la primera bomba atómica, y por este motivo su llamarada destructora produjo en la humanidad una impresión imborrable. No obstante, este uso militar -o mal uso- de los nuevos conocimientos, es únicamente un aspecto especial, forzosamente desarrollado por la guerra. Tratar de ignorar la'ciencia del átomo con todas sus posibilidades para el bien de la humanidad sería como renunciar a la ciencia aeronáutica y a la utilización pacífica de la aviación solamente por el hecho de que, durante la guerra, se empleó el avión como instrumento de bombardeo implacable. En la actualidad, ya casi no existe una actitud de miedo v horror ante el avión.
Hay un mundo todavía inexplorado de beneficios en la utilización de los rayos atómicos en la medicina, la industria y la agricultura. Cada día, mediante la ciencia atómica, se obtienen nuevos descubrimientos sobre la naturaleza de la materia v la estructura del universo. Asistimos al comienzo de nuevas ciencias y vemos ya augurios de una vida mejor en los años venideros para nuestros hijos, aunque no sea para nosotros mismos. En nuestro tiempo, adquirir conocimientos sobre las partículas que existen en el átomo es tan importante como fué hace siglos aprender todo lo referente al misterioso Nuevo Mundo o al descubrimiento que hizo Pasteur de los gérmenes de la enfermedad o, hace cincuenta años, al invento del avión. Las fronteras del conocimiento humano se hallan ahora dentro del átomo.
El propósito de esta serie de artículos es llevar la revelación de este Nuevo Mundo del átomo a las escuelas y dar una respuesta a las preguntas que los niños hacen sin cesar a sus padres y a sus maestros. Aquí se relata la historia del llamamiento que hizo la Unesco a los expertos en ciencia atómica en varias naciones europeas para que cooperaran en las investigaciones acerca de la estructura del átomo y las partículas de alta energía, teniendo en cuenta que esta labor sería muy costosa para cualquier nación que se propusiera llevarla a cabo por sus solos y propios medios.
Los estudiosos y expertos de Europa pueden disponer immediatamente de las mejores facilidades, ya que doce naciones se han reunido últimamente para constituir el Consejo Europeo de Investigaciones Nucleares, dotado de un gran laboratorio moderno y situado en Ginebra, ciudad de trabajo y de paz. Así, esta es la historia de la cooperación internacional en la esfera de las exploraciones más allá de los límites actuales del conocimiento humano. Esta historia contribuirá a hacer los nuevos términos-como rayos cósmicos, protones y mesones-familiares al oído de todos los hombres y comunes al lenguaje de todas las naciones. Su propósito es incorporar a la cultura el Nuevo Mundo del átomo.
En estos artículos no se mencionan bombas, plutonio o pilas y reaclores atómicos. Esas son únicamente aplicaciones militares de esta nueva ciencia y representan sólo una pequeña aplicación especializada de estos conocimientos, secretos en su mayor parte, y acaso temporales. En esa clase de utilización los átomos se destruyen y su materia se convierte violentamente en energía explosiva. Este es un tema muy distinto al de los rayo cósmicos que llegan a la tierra desde el espacio exterior, de la utilización maravillosa del radío para curar una enfermedad, y del nuevo concepto inspirador del átomo como un universo en sí mismo, complejo como una miriada de estrellas, colmado de irradiaciones desconocidas, vivo y activo, de partículas dentro de partículas y de formas infinitas envueltas en el misterio. La destrucción explosiva para fines militares es un mal uso, nacido de la incapacidad del hombre para resolver los asuntos sociales e internacionales.
Los hechos y los principios científicos expuestos en estas páginas no son únicamente patrimonio de la humanidad y resultado de la investigación en muchas naciones, sino que también constituyen un ensanchamiento del universo intelectual del hombre. Así como los antiguos y grandes exploradores hicieron el mapa de la tierra y los astrónomos trazaron el mapa del cielo, los poseedores de la ciencia atómica, al penetrar dentro de la materia y la energía, han descubierto un mundo desconocido que es una revelación para los filósofos y una fuente de recursos inagotables para las generaciones futuras.
