Construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres

Nuestra selección

Ni Norte ni Sur: un solo mundo

the_universe.png

El Universo: mil millones de galaxias (1980-1990), fotomontaje (100 x 100 cm) del pintor ruso George Kuzmin.

 Alain Touraine

A menudo se da por descontado que existe una tendencia predominante al progreso, al universalismo, pero que hay contramovimientos, saltos atrás hacia la religión o lo irracional.Esta visión corresponde muy poco a la realidad. Quisiera recordar que, en el caso de Occidente, hay otra manera de ver la situación que a mi juicio refleja mucho mejor lo que ocurre efectivamente. En Occidente, la idea de progreso dominó algunos espíritus, intelectuales y políticos, durante un siglo. A partir de 1870 no se habla más del asunto. La historia de Occidente es otra cosa. Diría incluso, para llevar la paradoja a su máxima expresión, que si hay una época en la que se creyó en el progreso, es sobre todo en la Edad Media.

La modernidad elimina la idea de un movimiento general de la naturaleza, de la sociedad y del individuo. Esos tres campos se separan y pienso que la vida política y cultural de Occidente ha consistido sobre todo en coordinar las relaciones entre esos campos disociados. Por una parte, la idea de progreso se ha dejado de lado en aras de la de crecimiento económico y, por otra, se ha visto surgir cosa totalmente ajena a la idea misma de progreso la idea de democracia ligada a la de individualismo. Ninguno de los adalides de la idea de progreso en el siglo XVIII, y eso vale para Voltaire y para Rousseau, se había declarado oficial y abiertamente demócrata, sino todo lo contrario. Por último, el concepto de nación, que surgió primero en Alemania, es el concepto dominante del siglo XX.

Dicho de otro modo, la historia de Occidente no es el triunfo universal de la razón, sino el aprendizaje de la gestión de las relaciones entre el crecimiento económico, es decir la razón práctica, y los conceptos de nación y de libertad.

Este gran movimiento, que fue un movimiento de combinación, se transforma hoy día en un movimiento de desintegración a nivel mundial. Y empleando expresiones que se han convertido casi en consignas, da la impresión de
que vivimos ahora en un mundo en el que el universo del mercado, el universo de la tribu y el universo de la subjetividad se desunen. La sociedad ha desaparecido totalmente, lo que es importante. Toda solución que consista en decir: reconstruyamos un mundo en torno a lo universal, o reconstruyamos un mundo en torno a lo particular, en torno a la economía o en torno a las culturas, está condenada al fracaso y sólo puede conducir a una catástrofe. Vivimos en un mundo en que la objetividad de los mercados está totalmente disociada de la pluralidad de las subjetividades y de las culturas. 

A Occidente le corresponde, como a muchas otras partes del mundo, reflexionar sobre la forma de vivir de acuerdo con varios principios a la vez. Repito: lo esencial de la modernidad occidental no es el universalismo del progreso, sino la combinación del universalismo de la razón, de la particularidad de las naciones más pronunciada, evidentemente, en las naciones que se constituyeron más tarde, como Italia y Alemania con la universalidad de los derechos humanos, por consiguiente del individualismo con la democracia.

Creo que el problema que enfrentamos reside en eso. Sobre todo no invocar lo universal contra lo particular, sino destacar la necesidad de que una sociedad, un país o un conjunto de países, o el mundo entero, combinen varios principios. El peligro esencial hoy en día es querer hacer sociedades unidimensionales, étnicamente puras o dedicadas a la racionalidad del mercado, o incluso enteramente dedicadas a la subjetividad.

Aprender en todas partes del mundo a combinar varios principios es esencial. Me parece muy importante hablar de esos problemas refiriéndose a un solo mundo. Creo que resulta peligroso decir "el tercer mundo", "el primer mundo", el "segundo mundo". Es incluso peligroso creer que existe una separación Norte-Sur. Es una presentación falsa de la realidad. Los mismos problemas se presentan hoy día en proporciones diferentes. En vez de decir que la razón está en el Norte, con sus defectos, y los particularismos en el Sur, creo que hay que plantear en los mismos términos el problema de las combinaciones a que me he referido en todas partes del mundo. De otro modo, vamos hacia oposiciones frontales entre los que dirán "prioridad a la razón" y los que dirán "prioridad a la pluralidad y a la diversidad de las culturas".

Lea también: Alain Touraine en El Correo de la UNESCO

 

 

Alain Touraine

Sociólogo francés, Alain Touraine es director de estudios y director del Centre d'Analyse et d'Intervention Sociologiques (CADIS) de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales (Paris). Ha publicado numerosos libros y artículos sobre teoría sociológica y sociología del desarrollo. Su última obra se titula: Critique de la modernité (1992, Crítica de la modernidad).