La periodista mexicana Lydia Cacho Ribeiro es la ganadora del Premio Mundial de Libertad de Prensa UNESCO/Guillermo Cano en 2008.
“Creo en el papel del periodismo como linterna del mundo, como un derecho de la sociedad para saber y entender; creo que los derechos humanos no se negocian. Mientras siga viva seguiré escribiendo y con lo escrito, seguiré viviendo”. Así de rotundo es el credo de Lydia Cacho Ribeiro (México D.F., 1963), que compagina su labor como periodista independiente con la dirección de un centro de atención a mujeres maltratadas en Cancún.
Galardonada en 2008 con el Premio UNESCO-Guillermo Cano de Libertad de Prensa, es entrevistada por Lucía Iglesias Kuntz (UNESCO)
En sus libros y en cientos de reportajes usted ha denunciado temas como la pederastia, la trata de menores, la corrupción, el crimen organizado, la discriminación y la violencia de género, todo ello entre amenazas de muerte, intentos de ataque contra su vida y batallas legales. ¿De dónde le viene esa fuerza?
Mi trabajo periodístico y mi labor como ciudadana mexicana están íntimamente relacionados. La defensa de los derechos humanos es un tema que me ha tocado desde muy pequeña. Mi madre, que era francesa y llegó muy joven a México, ejerció desde siempre un activismo social que formaba parte de su vida y así nos educó. Crecí en una familia donde la defensa de los derechos humanos era una responsabilidad natural de ciudadana, no un esfuerzo ni un sacrificio. Luego de haber tenido durante muchos años un programa en una radio comunitaria en Quintana Roo, hablábamos todo el tiempo de la violencia de género y de pronto las mujeres llegaban a la estación de radio con golpes de machete, nos contaban las amenazas de muerte que les hacían sus esposos… me pedían ayuda y yo no sabía qué hacer por ellas. Entonces decidimos crear un grupo de ayuda y finalmente pudimos abrir un refugio de alta seguridad para mujeres, niñas y niños víctimas de violencia y un centro de atención.
¿Cómo funciona?
El Centro Integral de Atención a la Mujer y sus hijos (CIAM-Cancún) es una asociación civil sin fines de lucro y vive de donativos. Yo lo dirijo, pero vivo de mi trabajo periodístico; sin embargo, los empleados que colaboran con nosotros sí tienen un sueldo, son profesionales de defensa de las víctimas. El CIAM ha sido reconocido por instancias internacionales como el mejor centro de atención de México. Es una organización bastante avanzada, y hemos protegido a esposas de narcotraficantes, de políticos, de albañiles, de campesinos, es decir, a cualquier mujer que pida ayuda porque vive una relación violenta.
¿Piensa usted que las cosas están cambiando? ¿Vale la pena todo este trabajo?
Por supuesto que vale la pena, hay muchas transformaciones, hay sujetos en la cárcel por el libro que yo escribí [Los demonios del Edén, Grijalbo Mondadori, 2005], hay muchas víctimas que han salido a la luz y que recibieron atención en diferentes lugares del país. Hay una reacción social importantísima y ése es uno de los grandes honores. Más allá de cualquier premio es lo que ratifica que nuestro trabajo como periodistas funciona y sirve de algo. Además, a partir de mi encarcelamiento y de toda la reacción de los medios y como consecuencia de actores sociales y políticos importantes, se despenalizó el periodismo en México. Yo fui a la cárcel precisamente porque los periodistas podíamos ser encarcelados por una acusación de difamación y calumnia, gracias a mi caso desapareció esto. Ahora se puede llevar a un juicio civil como en cualquier país más avanzado. Por otro lado, mejoraron mucho las leyes con respecto a la pornografía infantil, pero sobre todo se mediatizó el tema, es decir, en México el abuso sexual infantil y la pederastia eran temas absolutamente silenciados e intocables, y a partir de mi caso, han salido una cantidad de foros e incluso se han creado organizaciones especializadas.
Personalmente, ¿tiene miedo?, ¿lo ha tenido en algún momento de su carrera?
Evidentemente, lo he tenido, cuando fui secuestrada, a fines de 2005, en las veinte horas de tortura en que estuve detenida en el camino de Cancún hacia el centro de la República. Con el tiempo uno aprende a taimarlo y a entender el miedo como un instrumento para tomar decisiones y para hacer estrategias. Además, debo decir que luego de veinte llamadas de amenaza de muerte una aprende a vivir sin tomarlas tan en cuenta, porque sería una locura. Habría que dejar no solamente el país, sino tal vez la profesión, y yo no estoy dispuesta.
¿Tiene protección especial para moverse?
Durante casi tres años tuve una escolta federal de cuatro agentes y viajaba a todas partes con una camioneta blindada. Sin embargo, en marzo de 2007 hubo un atentado en contra de esa camioneta federal y la propia policía sigue sin investigarlo, por lo que no parece que la seguridad en manos de agentes federales sea tal. Hace unos meses decidí dejar esa escolta y tomar las precauciones normales que toma todo reportero que anda por el mundo, teniendo mucho cuidado.
Pero, en esas circunstancias, ¿le es posible hacer su trabajo con normalidad?
Justamente es la trampa de las medidas cautelares que nos ponen a los periodistas. Haciendo el tipo de trabajo que yo hago de investigación sobre crimen organizado y derechos humanos, es muy difícil lograr que ciertas fuentes hablen con nosotros sabiendo que estamos rodeados de una escolta que todo el tiempo sabe a dónde voy. El año pasado, cuando comencé a escribir mi libro sobre trata de mujeres en el mundo me sentí muy presionada porque no tenía la libertad de hablar con mis fuentes. Verdaderamente tener escolta y ser periodista es como estar presa, es como si fuéramos unos delincuentes que tenemos que estar protegidos por una policía que no se sabe si te protege o te espía.
¿Qué supone para usted recibir el Premio UNESCO-Guillermo Cano de libertad de prensa?
En primer lugar es un honor recibir un reconocimiento de esta naturaleza, cuando en realidad estoy haciendo un trabajo que yo amo y que considero indispensable para un país como el mío. Emocionalmente es importante sentirse acompañada en momentos en que por mi trabajo he sido encarcelada y torturada y, como consecuencia de ello, se ha descubierto los niveles de corrupción de que son víctimas los periodistas en mi país, que, después de Iraq, es uno de los más peligrosos del mundo para ejercer la profesión.Por otro lado, me parece que estos premios de alguna manera nos dan cierta protección, porque la visibilidad internacional es como un escudo para los periodistas amenazados y al menos sube el costo para los criminales que quieran ultimar nuestras vidas.
¿En qué está trabajando actualmente?
Como le digo, estoy terminando un libro que habla sobre las redes internacionales de trata de mujeres y niñas. Es un mapa mundial no solamente de quiénes son y cómo funcionan estas redes que compran y venden seres humanos, sino además de cómo se vinculan los personajes de los gobiernos locales e internacionales para la protección de las redes de trata de mujeres y niñas.
¿Cómo se presenta la situación actual de la libertad de prensa e información en México?
Es evidente que en los últimos años el periodismo en México se ha convertido en un elemento fundamental para la transformación del país, porque los procesos democráticos necesariamente llevan a una mayor veracidad de la información. Durante setenta años, el gobierno unipartidista que tuvo el país había tenido controlados a los medios, tanto en lo económico como en el contenido. A partir del cambio de gobierno en el sexenio anterior (2000-2006), con el presidente Vicente Fox se da cierta apertura de los medios que los periodistas mexicanos estamos aprendiendo a manejar. Y en el 2008, ser periodista en México es una tarea indispensable para poder revelar las condiciones reales del país: un país con 104 millones de personas y 30 millones sometidos a una pobreza extrema, un país donde los ricos son más ricos que los europeos y los pobres más pobres que los africanos. Quienes desempeñamos la profesión de periodistas tenemos que entender los contrastes y el riesgo que corremos para mostrar los elementos de fondo de la problemática nacional.
El 3 de mayo la UNESCO celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa centrándose en el tema del acceso a la información. ¿Cómo puede lograrse que las poblaciones tengan acceso a una información plural e independiente?
Los medios electrónicos juegan un papel fundamental. En México, la monopolización de los medios, que ha sido tan criticada por la comunidad internacional, es el tema de este siglo. En un país en el que pese a todo subsisten los monopolios televisivos y radiofónicos, mantener las radios comunitarias es lo que nos salva. Lamentablemente, en este momento estamos entrando en una era de represión a estas emisoras. Hace unos días en Oaxaca fueron asesinadas dos jóvenes que manejaban una radio comunitaria que transmitía información en una de las lenguas tradicionales mexicanas. Aquí en el estado de Quintana Roo, donde vivo y trabajo desde hace 22 años, se habla maya, aunque los contenidos en esta lengua son muy escasos. Con esto lo que planteo es que necesitamos más radios comunitarias e invertir en los medios electrónicos, que son los más accesibles para la población mexicana, aunque lo más importante es mejorar radicalmente los contenidos.