De actualidad

Conocer los océanos

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© Martin Jakobsson
Para el autor de este artículo, conocemos mejor la topografía de Marte que los fondos marinos de nuestro planeta, pese a que el impacto de los océanos en nuestra vida diaria es mucho más importante. Sin embargo, hoy en día es posible cartografiar el suelo oceánico con el máximo detalle y esto es esencial para administrar los recursos pesqueros, gestionar los cambios medioambientales, comprender cómo se efectúa el transporte de los sedimentos, prever los tsunamis, extraer minerales y realizar muchas otras actividades.

Por Shin Tani

Sabemos más sobre la topografía de Marte que sobre el suelo de los océanos de nuestro planeta. Esta laguna en nuestros conocimientos se debe en gran parte a que se asignan más fácilmente recursos a la exploración de la superficie de otros planetas, pero obedece también al hecho de que la cartografía submarina es una empresa difícil, especialmente a grandes profundidades.

El agua absorbe, refleja y refracta la luz de tal manera que no es nada fácil llevar a cabo exploraciones con medios visuales, más allá de unas pocas decenas de metros. Hay aún vastas zonas oceánicas cartografiadas defectuosamente, en particular las alejadas de las costas y aguas territoriales de los diferentes países. Actualmente, nuestros conocimientos de los bancos marinos polares y los océanos cubiertos de hielo son tan escasos como los que tenían los pioneros de la cartografía oceánica hace más de un siglo.

Sin embargo, ahora disponemos de una serie de tecnologías cada vez más numerosas y avanzadas, como la cartografía satelital y la teledetección mediante sonares multihaces, que permiten trazar con detalle el mapa del suelo de todos los océanos del mundo.

Los datos acopiados precedentemente se consideran ya obsoletos debido a la gran mejora de la resolución cartográfica del suelo marino, obtenida gracias a los recientes adelantos en el uso de sonares multihaces, instalados en navíos, cuyas ondas son repercutidas por el fondo del mar. Las conclusiones de los trabajos científicos anteriores se tienen que revisar y precisar ahora porque se basaban en un número insuficiente de datos batimétricos. Solamente se ha trazado un 11% del mapa del Océano Ártico con la tecnología multihaces y, por consiguiente, quedan por cartografiar vastas zonas del mismo para lograr que todas las actividades marinas realizadas en esta región puedan sacar partido de su trazado cartográfico. Cabe decir, además, que optar por este tipo de tecnología resulta hoy mucho menos costoso que en los decenios de 1960 y 1970, cuando se empezó a utilizar. 


Shallow-water bathymetry in the Lagoon of Venice, Italy, one of the largest lagoons in Europe
© Marzia Rovere

También se están perfeccionando otras técnicas como la geodesia espacial o la cartografía de la gravedad. Esta última permite calcular las anomalías de los campos gravitatorios, mostrando así las cumbres y los abismos del fondo del mar.

Sin embargo, la exploración científica del fondo del mar exige tiempo, inversiones y buena coordinación. Por eso, corresponde a la comunidad científica explicar por qué merece la pena prestar más atención a la batimetría, esto es al estudio de la profundidad y topografía de los fondos marinos.

Se han logrado algunos avances en este ámbito. En efecto, en el Foro sobre la Futura Cartografía del Suelo Oceánico, celebrado en Mónaco en junio de 2016, Yohei Sasakawa, presidente de la Fundación Nipona –importante entidad privada japonesa que apoya desde hace mucho la realización de actividades marítimas esenciales–, anunció que de aquí a 2030 se ultimará la cartografía de la totalidad de los fondos marinos del mundo. Esto se llevará a cabo en colaboración con el proyecto Mapa Batimétrico General de los Océanos (GEBCO), apoyado por esa fundación y ejecutado conjuntamente por la Organización Hidrográfica Internacional (OHI) y la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la UNESCO.

¿Para qué sirve la batimetría?

No es difícil justificar por qué se deben asignar más recursos a la cartografía oceánica. Al igual –o quizás más– que otras partes de la Tierra y el universo, los océanos constituyen un medio fascinante y difícilmente accesible para los humanos. Las exploraciones oceánicas realizadas hasta ahora han permitido hacer descubrimientos sumamente beneficiosos para la humanidad y, a juzgar por sus resultados, podemos decir que los océanos nos deparan muchas sorpresas futuras. Además, el impacto que éstos tienen en nuestra vida diaria es mucho más directo que el que pueda tener la superficie del planeta Marte.

La batimetría es de fundamental importancia para la navegación y la gestión del medio ambiente costero, pero también desempeña funciones esenciales para el conocimiento, entre otros, de los siguientes ámbitos: circulación de aguas profundas, mareas, prevención de tsunamis, ascenso de aguas frías desde los fondos marinos, recursos pesqueros, dinámica del oleaje, transporte de sedimentos, cambios medioambientales, estabilidad de taludes, tratamiento de desechos, extracción de minerales, paleo-oceanografía y elección de emplazamientos marinos para plataformas petroleras, cables, oleoductos y aerogeneradores.

Desde el punto de vista económico, el argumento más obvio en favor del fomento de la batimetría es el siguiente: cuanto más aumenten nuestros conocimientos sobre los fondos oceánicos, mejores serán las condiciones para realizar una gestión eficaz del medio ambiente marino con vistas a garantizar una actividad pesquera productiva y sostenible. La batimetría es primordial para conocer los hábitats marinos en aguas profundas. Un mejor conocimiento de los océanos también contribuye a la seguridad y eficacia de las industrias extractivas.

No obstante, la utilidad de cartografiar los suelos oceánicos trasciende las meras consideraciones económicas. Tomemos, por ejemplo, el estudio de los tsunamis: si los científicos conocen mejor la topografía de esos suelos y las características de las aguas profundas, es probable que aumente la fiabilidad de las previsiones acerca de los desplazamientos de vastas masas de agua generados por los seísmos submarinos. Modelizar la propagación de los tsunamis es una tarea que requiere no sólo un estudio batimétrico del océano profundo, sino también la elaboración de un mapa de alta definición de las zonas marinas cercanas a la costa. Así se obtiene una visión global de la forma en que se produce el desplazamiento de agua desde el fondo del mar hasta su superficie, así como del impacto que puede causar la masa de agua desplazada en la costa.

Como los tsunamis son provocados por movimientos sísmicos, el perfeccionamiento de la cartografía de los suelos oceánicos no mejorará de por sí nuestra capacidad para prever el advenimiento de esos fenómenos, pero sí nos proporcionará más datos sobre su trayectoria e intensidad cuando se hayan desencadenado.


© Martin Jakobsson

Conocer los cambios medioambientales

La cartografía de los suelos oceánicos es también crucial para vigilar y prever los cambios medioambientales a largo plazo, que tienen repercusiones importantes en nuestras vidas. El cambio climático, el calentamiento de los océanos y la evolución de las corrientes marinas son fenómenos que ya se están produciendo y, por lo tanto, debemos afrontar sus secuelas, independientemente de que se siga discutiendo todavía si existe o no un vínculo entre ellos.

Los trabajos científicos realizados en las zonas con más hielo de nuestro planeta –los fiordos de Groenlandia y el Antártico– constituyen un buen ejemplo de cómo pueden ayudarnos los conocimientos avanzados en batimetría. Se han podido medir y se han empezado a comprobar los efectos del aflujo de aguas más calientes hacia los glaciares emisarios de los casquetes polares de Groenlandia y el Antártico, a saber: deshielo y retroceso de los glaciares, desprendimientos de gran envergadura del casquete polar y rupturas masivas de la capa de hielo. Estos fenómenos son especialmente visibles en lugares como Jakobshavn y la Bahía de la Isla de Pinos, situados al oeste de Groenlandia y del Antártico respectivamente.

Todo esto provoca una aceleración de las corrientes de drenaje de los glaciares y casquetes polares que contribuye a la elevación del nivel del mar. Como la amplitud y el ritmo de esa elevación son difíciles de pronosticar, para obtener previsiones más fiables es preciso tener en cuenta el mayor número posible de factores, en particular la cadencia del deshielo.

La batimetría puede ayudarnos a medir la profundidad de agua de los fiordos y localizar las zonas por donde las aguas subterráneas más calientes se pueden infiltrar y correr hacia los glaciares o por debajo de los casquetes polares. Sin embargo, esas zonas están muy insuficientemente cartografiadas.

Apenas poseemos datos barimétricos sobre determinados fiordos y en lo que respecta a zonas situadas bajo los casquetes de hielo, los datos acopiados proceden esencialmente de exploraciones experimentales esporádicas realizadas con vehículos submarinos autónomos. Una mejora de la cartografía de los suelos oceánicos de esos lugares aportará un mayor conocimiento de los procesos extremadamente complejos que se dan en ellos.

Aunque los resultados beneficiosos ya obtenidos con la mejora del acopio de datos barimétricos son importantes, no cabe duda de que la cartografía de vastas zonas oceánicas sólo se puede llevar a cabo a nivel internacional, mediante la coordinación y colaboración entre comunidades de investigadores, instituciones científicas e industrias marítimas y navales de todo el mundo.

La Conferencia de las Naciones Unidas para apoyar la consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible 14: “Conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible” tendrá lugar del 5 al 9 de junio de 2017 en la Sede las Naciones Unidas (Nueva York), en concomitancia con las celebraciones del Día Mundial del Océano (8 de junio).
 

Shin Tani

Shin Tani es vicealmirante jubilado y desde octubre de 2013 preside el Comité Directivo Conjunto OHI-COI del proyecto GEBCO, en cuyas actividades participa desde hace más de veinticuatro años. Ha desempeñado la función de asesor de la Secretaría General del Gobierno del Japón para políticas relativas a las áreas oceánicas.