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Orígenes de la escritura

¡A quién se le ocurre regresar a las fuentes de nuestras primeras escrituras, en circunstancias que está naciendo ante nuestros ojos una nueva escritura de alcance universal! Inconcebible hace poco, pero hoy ineludible, la escritura electrónica abre en efecto a cada cual, en un futuro próximo, vertiginosas perspectivas de información, de aprendizaje y de comunicación, que evocábamos ya para nuestros lectores en el número de febrero sobre "La explosión multimediátlca".

Pero, como creen algunos, ¿terminará esta nueva escritura por reemplazar a todas las que le precedieron, que fatalmente se tornarán obsoletas?

El interés que reviste el tema de este mes es que, sin siquiera haber formulado esa pregunta, le da una respuesta negativa. Esa respuesta consiste simplemente en ilustrar la inmensa diversidad de formas y de técnicas utilizadas, de una lengua a otra, para pasar de la fase oral a la escrita. Y pone asi de manifiesto que entre una lengua y su protocolo de escritura existen sutiles afinidades, una especie de soplo interior. El árabe no sería árabe', escrito en caracteres chinos. El turco ya no es el mismo al escribirse en caracteres latinos. La desaparición de una escritura es el principio del fin de una lengua. Porque una lengua, su escritura, su música reflejan una misma perspectiva estética de las cosas.

Llegamos aquí a uno de los repliegues más recónditos del alma de una sociedad. De las antiguas entidades políticas feudales o despóticas a las sociedades modernas, ¿cómo no ver que el aprendizaje de una lengua escrita ha constituido, para cada individuo, el momento crucial de su inserción en la comunidad nacional, el acto fundamental gracias al cual ha accedido a las claves secretas de su memoria y se ha inscrito en las redes de pertenencia, de complicidad y, ciertamente, de relaciones conflictivas?

El hombre de este fin de siglo, cada vez más acosado por las amplias perspectivas de encuentros, de intercambios, de desplazamientos, de experiencias siempre más distantes que le abre, en todas direcciones, la mundialización del planeta, ¿seguirá sintiendo esa necesidad de raíces, esa sed de rostros, de paisajes, de ritmos familiares? Justamente, nos parece que sí; que cuanto más lejos vaya, mayor será su deseo de proximidad; que cuanto más se abra a una comunicación extensiva, con abundante información y poco significado, tendrá que recuperarse en los lugares de las alquimias profundas, de las mañanas de su propia cultura sólo su lengua escrita, alimentada con la sabia vital de todas las obras en las que se enraiza, salvaguarda y perpetúa para él, frente a las amenazas crecientes del anonimato y del olvido.

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Abril de 1995

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