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Reletando la historia: pensar el pasado

Pensar el pasado y, más específicamente, las identidades históricas, tal es el tema de este segundo número de El Correo consagrado a una reflexión de la historia sobre sí misma. Ya sea que considere el presente inmediato o el pasado lejano, el historiador se halla inevitablemente enfrentado a la cuestión de la identidad. A tal punto que cabría preguntarse si el lugar y la función del historiador no se han definido en gran medida en relación con esta cuestión.

Cuando Heródoto, a raíz de las guerras médicas, inicia sus Historias, en realidad esboza paulatinamente una identidad "griega" o más bien una doble "identidad" que constituye una dualidad: los bárbaros, por un lado, y los griegos, por otro, ya que no hay identidad sin alteridad.

Más cerca de nosotros, el juego de ambos términos adquirió una forma más compleja y en cierto sentido reforzada en los ex mundos coloniales: ¿cómo apropiarse nuevamente de un pasado que a menudo el colonizador en un mismo movimiento ha exhumado y destruido, encontrado y evaluado juzgado de acuerdo con los valores de su propia historia?

En la Europa del siglo XIX ¿no se vieron acaso los historiadores acuciados por la cuestión de la unidad nacional? Esta formidable voluntad de descubrir y de persuadir podía seguir diversas vías. Ya sea directa, como en el caso de Michelet que literalmente veía surgir ante él a Francia como una "persona", ya sea indirecta, como para Mommsen, fascinado por las analogías entre la antigua República romana realizando la unidad de Italia y Prusia llevando a cabo la misma tarea en el siglo XIX en Alemania.

En la urgencia, el fervor y la confusión de un mundo que recomienza, la tarea principal de los historiadores sería tal vez contribuir, en el ámbito que es el suyo y con las técnicas y las exigencias que les son propias, a una reflexión sobre la identidad y a la definición de nuevas identidades. En el mundo entero la identidad está hoy día en tela de juicio; en todas partes las fronteras entre esas identidades, reales o simbólicas, se fisuran, se entremezclan o se inflaman. Por un lado se habla de meta-identidades identidad árabe, la identidad europea por otro, de mini-identidades regionales, étnicas, religiosas. Se diría que la identidad es una creación incesante que siempre es necesario reanudar...

No hay una definición de la identidad que pueda dejar de lado la dimensión del pasado, pero cualquier definición basada exclusivamente en el pasado, cualquier retorno puro y simple a una identidad "perdida" no son más que ilusiones que fácilmente se vuelven sangrientas. Es tal vez en este punto, en el que se busca sin cesar la articulación entre pasado y presente, donde se sitúa la intervención específica del historiador: aquél que no sólo trabaja sobre o con el tiempo, sino que se esfuerza en pensarlo.

"Nuestra herencia no está precedida de ningún testamento", afirmó René Char.

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Abril de 1990