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El correo nadador

Cuando en 1799, a los treinta años dé edad, Alexander von Humboldt se embarca rumbo a América del Surjunto con su amigo Bonpland, sus conocimientos son ya extensísimos: botánica, química, mineralogía, galvanismo... Naturalista, viajero, geógrafo y geólogo, historiador y hombre político, este barón prusiano (1769-1859) es el prototipo del sabio completo. De él se puede decir que es, después de Cristóbal Colón, el segundo descubridor de América. Entre otras cosas, va a fundar la antropología, la etnología y la arqueología americanas gracias a la descripción objetiva que hace de los indios. En 1802 llega al Perú. Después de trazar el plano completo de los volcanes de la región de Quito, de realizar la ascensión del Chimborazo casi hasta la cima (6.272 metros), de describir los vestigios del imperio incaico por el que atravesó y de llevar a cabo un breve viaje por la región amazónica -durante la cual debió de conocer al correo nadador-, Humboldt alcanza la costa del Pacífico, donde descubre la célebre corriente marina fría que lleva su nombre.

By Alexander von Humboldt

Los habitantes utilizan de manera muy singular el curso inferior del río Guancabamba, en el lugar donde presenta gran número de saltos de agua, para poner en comunicación la comarca con las costas del mar del Sur. Para transportar las pocas cartas que desde Trujillo pueden enviarse a la provincia de laén de Bracamoros se recurre a un mensajero nadador. En dos días tan singular correo, generalmente un indio joven, va nadando desde Pomahuaca hasta Tomependa, descendiendo primero el río Chamaya, nombre que se da al río Guancabamba en su parte inferior, y a continuación el río de las Amazonas. Para ello envuelve con sumo cuidado las cartas que lleva en un gran paño de algodón que enrolla como un turbante en torno a su cabeza. Cuando llega a los saltos de agua se sale del río para volver a entrar en él más abajo, atravesando los bosques que sombrean la orilla. Para poder nadar tan largo tiempo sin agotar sus fuerzas el correo suele rodear con uno de sus brazos un trozo de madera ligera (ceiba, palo de balsa), de la familia de las bombáceas. También nada en ocasiones en compa¬ ñía de uno de sus amigos. Ni uno ni otro tienen que preocuparse por su sustento, pues están seguros de que se les dispensará una hospitalaria acogida en las cabanas dispersas por las hermosas huertas de Pucará o de Cavico, rodeadas de árboles frutales en profusión

Por fortuna, el río Chamaya no está infestado de cocodrilos. Ni siquiera en el Marañón remontan el río esos terribles animales más allá de la catarata de Mayasi ; debido a su indolencia suelen preferir aguas más tranquilas. He podido constatar que el río Chamaya, a partir del vado o paso de Pucará hasta su desembocadura en el río de las Amazonas, por debajo de la aldea de Choros, es decir en una longitud que no supera las 22 leguas, tiene una pendiente de 542 metros. El gobernador de la provincia de Jaén de Bracamoros me ha asegurado que las cartas que de tan singular manera se transportan rara vez se mojan o se pierden. Yo mismo, poco después de mi vuelta de México, recibí una carta de Tomependa que había seguido esa ruta. Entre muchas de las razas indias que habitan en las orillas del Marañón es usual viajar de idéntica manera, descendiendo el río en grupo. Y tuve ocasión de ver en el río treinta o cuarenta cabezas reunidas de hombres, mujeres y niños, de la tribu de los Jíbaros, en el momento en que llegaban a Tomependa. El correo nadador vuelve a pie por el difícil camino del páramo del Paredón.