Arte y arqueología de Albania, Ecuador, China, Bulgaria
En 1948 unos trabajadores que se dedicaban al drenaje de los pantanos de Maliq, en el sudeste de Albania, descubrieron tiestos, herramientas de cuerno y pequeños cuchillos de pedernal incrustados en el barro de un canal de avenamiento. Por pura casualidad habían dado con un importante solar prehistórico. Para poder apreciar la importancia de su descubrimiento es preciso tener en cuenta el estado en que se encontraba en aquella época la arqueología de Albania así como las teorías actuales sobre la historia y la civilización de los lirios y de sus descendientes directos, los albaneses.
En Ecuador, basándose en el descubrimiento de figurillas de oro y de cerámica hecho por James S. Wilson en un sitio arqueológico del litoral ecuatoriano, Sir Roderick Impey Murchison afirmaba ante la Royal Geological Society de Londres, en 1862: "En el Ecuador hubo una civilización cuando Europa se encontraba todavía en la Edad de Piedra." El sitio al que se refería Murchison era el de la primera tragedia geológica del país: estaba constituido por una capa de limo vegetal recubierta por otra, muy espesa, de depósitos marinos, lo que indica que, después de haber estado habitada, la costa ecuatoriana se habría hundido en el mar para volver a surgir del fondo millares de años después.
En China, en abril de 1972 se desenterró en Ma-Wang-tuei, en los suburbios orientales de Chang-cha (provincia de Hunán) un antiquísimo sepulcro de la época de la dinastía de los Han del Oeste (206 antes de J.C.). Ma-Wangtuei es un túmulo de más de veinte metros de alto y con una base circular de unos 50 o 60 metros de diámetro. Bajo tan enorme masa de tierra se hallaba la tumba a la que nos referimos. En ella aparecieron, en un estado de conservación sorprendente, los restos de una mujer, rodeados por unas veinte capas de vestidos y de tejidos de seda y sumergidos a medias en un líquido de color ligeramente rojo.
En Bulgaria, en una ciudad, situada en medio de los Balcanes, porta en su escudo de armas la inscripción "Crece, pero no envejece". Esa ciudad tiene siete mil años. Se trata de Sofía, dinámica y joven, con la mirada puesta en el porvenir. Pero el corazón de la ciudad no ha adquirido aun su aspecto definitivo: está construido sobre capas superpuestas de restos de civilizaciones anteriores, que alcanzan más de diez metros. Esos son los peldaños de una escalera de siglos que comienza con los vestigios apenas perceptibles de la cultura tracia y que atraviesa diversas épocas en las que la destrucción acarreada por las invasiones y los asaltos interrumpió el curso normal de la vida.
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