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En el corazón late la salud

"En el corazón late la salud". Tal es el lema del Día Mundial de la Salud de 1972. Nadie pone ya en duda la necesidad de proteger la salud pública contra las enfermedades infecciosas, pero no hay que olvidar que también urge combatir las enfermedades cardiovasculares, que son la causa principal de mortalidad en numerosos países del mundo entero. En todos los países son frecuentes, por ejemplo, la hipertensión arterial, las lesiones vasculares del sistema nervioso central y las malformaciones congénitas del aparato circulatorio y, si la cardiopatía isquémica aparece preferentemente en las sociedades prósperas, las cardiopatías reumáticas e infecciosas abundan, en cambio, en los grupos menos favorecidos. Algunas enfermedades causantes de cardiopatías, la enfermedad de Chagas por ejemplo, son casi desconocidas fuera de ciertas zonas.

Es verdad que la frecuencia cada vez mayor de las enfermedades cardiovasculares de origen arteriosclerótico puede atribuirse hasta cierto punto al envejecimiento de la población, pero también van en aumento los casos de personas jóvenes con cardiopatía isquémica.

La ciencia y la técnica progresan a pasos agigantados y la humanidad ha conseguido ya adelantos importantes en el orden social y económico, pero los indicadores del estado de salud nos advierten que nuestra civilización tiene aspectos negativos y que su armoniosa continuidad está supeditada, hasta extremos que a muchos parecerían asombrosos, a la solución de los grandes problemas de salud y, entre ellos, los que plantean las enfermedades cardiovasculares. Para prevenir éstas será menester que cambiemos radicalmente nuestra manera de vivir y, para conseguirlo, tendremos que valemos de todos los medios que la ciencia y la técnica ponen a nuestro alcance.

En medida mucho mayor de lo que pueda parecemos, la salud de nuestro corazón está en nuestras manos. Ha llegado la hora de que la sociedad tome cartas en la lucha contra la hipertensión arterial, en la prevención de las cardiopatias reumáticas, en la organización de una asistencia adecuada para los casos de infarto del miocardio o de accidentes cerebrovasculares, en el tratamiento de las afecciones respiratorias, que tantas veces acarrean cardiopatias crónicas, y en la adopción de medidas eficaces para que puedan diagnosticarse lo antes posible las malformaciones del aparato circulatorio de los niños.

Tenemos que mejorar nuestra nutrición y tenemos que llevar una vida más sana. Hay que investigar mucho más a fondo los problemas de la aterosclerosis y de la cardiopatia isquémica y, como algunos factores predisponentes de esas afecciones, se dan ya en la juventud, hay que centrar las actividades preventivas en la protección de los adultos jóvenes, e incluso de los niños y los adolescentes, favoreciendo el desarrollo óptimo de su organismo.

También hay que mejorar la asistencia a todas las personas aquejadas de enfermedades del corazón. En todos los países, hasta en los que disponen de hospitales excelentes, dotados de material moderno y de personal preparado, resulta difícil dispensar con rapidez una asistencia adecuada a todos los que la necesitan.

Todas esas medidas suponen un acrecentamiento de la acción internacional, un apoyo mayor de los gobiernos y una intervención más asidua del personal de salud y de la población entera. Si todos esos esfuerzos se conciertan en escala verdaderamente mundial, es posible que tengamos pronto una vida mejor, más sana y de actividad más prolongada. Ojalá sirva este Día Mundial de la Salud de 1972, este "día del corazón", para impulsar la cooperación mundial en una lucha victoriosa contra las enfermedades cardiovasculares. No olvidemos, en efecto, que «en el corazón late la salud».

Dr. M. G. Candau, Director General de la Organización Mundial da la Salud.

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Abril 1972