Nuestro pan de cada día
Nadie puede gozar de buena salud sin una alimentación suficiente en cantidad y en calidad. Quien es débil trabaja mal y no extrae de la tierra sino pobres cosechas. La escasez de productos determina una alimentación insuficiente, y ésta, a su vez, causa un recrudecimiento de las enfermedades. Nuevas dolencias: nuevo descenso de la producción. Tal es el círculo vicioso al que se deben, en gran parte, la miseria y los sufrimientos humanos.
La salud no consiste simplemente en la ausencia de la enfermedad, así como una alimentación suficiente no es sólo aquella que permite subsistir. La falta de ciertos elementos esenciales se manifiesta por una debilidad general, una reducción de la vitalidad y una menor resistencia a las afecciones de toda clase.
En el presente, los rápidos progresos de las ciencias de la alimentación permiten conocer las cantidades de diferentes elementos nutritivos que se necesitan para el mantenimiento de la salud. Asimismo, hemos aprendido a conocer mejor aquello que falta en la alimentación cotidiana del hombre para llenar sus necesidades, en varias regiones del mundo. Sin embargo, esa clase de estudios se encuentran en su etapa inicial y quedan aún muchos problemas que resolver antes de que la alimentación responda realmente a las necesidades de salud del género humano, en toda la superficie del globo.
El suministro de los alimentos que necesitan las poblaciones mal nutridas de varios países exige un gran esfuerzo, tanto en el aumento de la producción como en la mejor repartición de los productos, y esto origina considerables problemas económicos. Aún en ciertos lugares en donde no escasean los alimentos fundamentales existe un estado de mala alimentación, debido a que los factores esenciales como las proteínas, las vitaminas, etc., no se encuentran disponibles. Más difícil es remediar esta carencia que resolver el problema de la falta de alimentos básicos, ya que no se trata únicamente de un mejor aprovisionamiento sino de una educación colectiva para hacer aceptar un cambio en los hábitos de alimentación del pueblo.
No es fácil convencer a la gente de abandonar sus costumbres y sus convicciones, arraigadas profundamente en su patrimonio cultural y en sus creencias religiosas, y hacerle admitir que su alimentación tradicional está fundada sobre un concepto erróneo de aquello que se debe o no ingerir como alimento.
Mas, no sólo existen problemas de penuria y de carencia sino también de superabundancia, que son igualmente graves. La superproducción que se manifiesta en varias partes del mundo no puede siempre utilizarse para compensar las deficiencias de otras regiones. Desde el punto de vista de la higiene, la superabundancia trae consigo una consumación excesiva de ciertos alimentos que predisponen a determinadas afecciones, como el exceso de grasas facilita el desarrollo de las dolencias cardio-vasculares.
Las relaciones entre la alimentación y la salud se vuelven cada día más estrechas y complejas. No existen un país, una región o una civilización determinadas que puedan descuidar sin peligro la aplicación de las lecciones de la ciencia en lo que se refiere a la alimentación y a la dietética a la producción y a la industria de los alimentos. El Día Mundial de la Salud, que se va a celebrar este año, dará a los gobiernos y a las naciones la ocasión de meditar en estos grandes problemas.
M. G. Candau Director General de la Organización Mundial de la Salud
