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Gran angular

Crecer en la era de las fake news

Haciendo malabarismos de una red social a otra, los jóvenes del Norte de África y Oriente Medio se informan ahora en YouTube, Instagram y Facebook. Pero para distinguir entre la información fiable y las noticias falsas, es urgente generar una capacidad de reflexión crítica sobre este flujo de contenidos.

Hadil Abuhmaid
Estudiante de doctorado en la Escuela de Periodismo y Comunicación de la Universidad de Oregón, Estados Unidos, y coautora del informe anual How the Middle East used Social Media in 2020 [Como se usaron las Redes sociales en Oriente Medio en 2020].

Mi sobrino me preguntó hace poco quién era mi YouTuber favorito. Sin dudarlo, le respondí que ninguno. “Pero entonces”, me dijo con aire asombrado, “¿qué haces todo el día en el ordenador?” 

La realidad es que soy una estudiante de doctorado de 34 años, no un chico de 11 años. Pero su reacción es sintomática de la influencia de plataformas como YouTube en muchos jóvenes de todo el mundo, incluso en Oriente Medio, la región de la que procedo y que sigo estudiando.

En una región en la que los jóvenes de 15 a 29 años representan más del 28% de la población, haciendo de ella una de las más jóvenes del mundo, no es de extrañar que nueve de cada diez adultos jóvenes utilicen al menos una plataforma de redes sociales para conversar, acceder a la información y compartir contenidos, según se desprende de la Arab Youth Survey (Encuesta de la Juventud Árabe) de 2019.

Omnipresencia en las redes

“Consulto mis páginas de Facebook e Instagram unas 50 veces al día”, dice Tabarek Raad, de 28 años, traductor en Basora, Iraq. “Utilizo ambas cuentas para conectar con mis amigos y estar al día de lo que ocurre en el mundo”.

El uso de las plataformas digitales para conocer las últimas noticias, mirar y reaccionar a las “historias” de los amigos, compartir contenidos o simplemente navegar por el flujo de información es algo que se ha impuesto en todo el mundo. Pero, según GWI, una empresa global de investigación de mercados, lo que hace únicos a los usuarios de Internet de Oriente Medio es que tienen una media de 8,4 cuentas en redes sociales.

Empleado de una gran empresa petrolera en Al-Ahsa, Arabia Saudita, Mohammed Haraba, de 28 años, tiene nueve cuentas de redes sociales, entre ellas WhatsApp, Snapchat, Instagram y Facebook. “Consulto WhatsApp cada hora, excepto cuando tengo demasiado trabajo”, señala. “Es la única plataforma donde puedes encontrar a tu familia y amigos. No conozco a nadie que no tenga una cuenta”.

Facebook, la principal plataforma que Mohammed Haraba usaba hace cuatro años para hacer contactos, está ahora al final de su lista. Con más de siete de cada diez habitantes usuarios de Facebook y WhatsApp, la plataforma sigue manteniendo una fuerte presencia en la región, con 45 millones de personas sólo en Egipto, según Statista.

Las redes sociales son ahora la principal fuente de noticias para los jóvenes de la región. Las estadísticas de la Arab Youth Survey  muestran que en 2020, el 79% de ellos recibía las noticias a través de las redes sociales, frente al 25% en 2015. “Facebook es una de mis principales fuentes de información y comunicación con mis amigos. Lo consulto más de diez veces al día”, admite la internauta palestina Pamella Hadawar, de 24 años. “Pero, en función de la procedencia de la noticia, la verifico con otras fuentes y agencias de noticias para asegurarme de que es exacta”. 

Estas nuevas prácticas se han traducido en una indiferencia por los periódicos y la televisión. Entre los jóvenes saudíes, por ejemplo, el consumo de noticias por televisión ha descendido casi un 30% en los últimos cuatro años.

“Infodemia”

El uso generalizado de las redes sociales en la región tiene un inconveniente: el constante bombardeo de información hace más difícil filtrar los contenidos. Lo hemos visto, las noticias falsas y la desinformación se han multiplicado durante la pandemia. Las noticias falsas se difundieron muy rápidamente en las redes sociales, desencadenando una verdadera “infodemia”. 

Algunos se sintieron abrumados por este diluvio de información. “Antes, recibía la mayoría de las noticias por Twitter, pero desactivé mi cuenta cuando empezó la pandemia”, dice Tala Zabalawi, de 31 años, especialista en publicidad digital en Amán, Jordania. “Fue tan estresante leer esos artículos sobre el virus, que decidí centrarme en pensamientos positivos.”

La sed de información y el bajo coste de las nuevas tecnologías auguran un uso aún mayor de las redes sociales en la región. Las grandes empresas tecnológicas se han apresurado a aprovechar este mercado emergente. Esto también ha suscitado un sano debate sobre la educación mediática. 

Varias organizaciones de la región ya ofrecen talleres de formación y sensibilización. Otras iniciativas, como la plataforma jordana en árabe Fatabayyano, brinda servicios de verificación de noticias. Es un comienzo. Para que se lleve a cabo un pensamiento crítico que permita distinguir lo verdadero de lo falso y los hechos de las opiniones, hay que generalizar la educación sobre los medios de comunicación, especialmente en las escuelas. 

 

Lecturas complementarias:

La crisis sanitaria, un terreno abonado para la desinformación, El Correo de la UNESCO, julio-septiembre de 2020 

Contra la información falsa, espíritu crítico El Correo de la UNESCO, julio-septiembre de 2017

Zoomers, en sus propias palabrasEl Correo de la UNESCO, abril-junio de 2021

 

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