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Gran angular

Traficantes de arte, traficantes de almas

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Antigüedad presentada durante la exposición Protección del patrimonio cultural: Un imperativo para la humanidad, que tuvo lugar en la sede de las Naciones Unidas, en diciembre de 2015.

Cincuenta años después de su aprobación, la Convención de la UNESCO sobre el tráfico ilícito de bienes culturales sigue siendo un instrumento importante para frenar esa lacra. En el medio siglo transcurrido, se ha redoblado la lucha contra el comercio ilegal y ha progresado la toma de conciencia sobre el daño moral que causa el pillaje, al menoscabar la identidad de las poblaciones afectadas. Pero el entusiasmo por los objetos de arte, cuyos precios se han multiplicado en poco tiempo, lo moderado de las sanciones y la vulnerabilidad de los sitios arqueológicos que se encuentran en zonas de conflictos bélicos constituyen otros tantos retos que es preciso afrontar para frenar el tráfico de lo que algunos denominan “las antigüedades de sangre”.

Agnès Bardon
UNESCO

Otoño de 2019. Monedas de diversas épocas, armas antiguas, objetos de cerámica, fósiles y pinturas son confiscados durante una operación llevada a cabo en más de cien países. Tan solo en el aeropuerto de Kabul, agentes de aduana afganos decomisan 971 piezas sustraídas del patrimonio nacional. En Madrid, se intervienen artefactos precolombinos sumamente raros, como una máscara de oro de la cultura de Tumaco.

Las autoridades interceptan un total de 19.000 piezas antiguas y desmantelan varias redes internacionales de traficantes en el curso de dos operaciones simultáneas, una dirigida por la Organización Mundial de Aduanas y la INTERPOL, y otra coordinada por Europol y la Guardia Civil Española.

Este decomiso sin precedentes da una idea de las dimensiones que ha alcanzado el tráfico ilícito de bienes culturales en los últimos decenios, pero también revela la envergadura de la respuesta policial en el plano internacional. La Convención sobre las Medidas que deben Adoptarse para Prohibir e Impedir la Importación, Exportación y Trasferencia de Propiedad Ilícitas de Bienes Culturales sigue siendo un pilar de la lucha contra ese comercio clandestino.

Mediante ese documento, a lo largo de 50 años la UNESCO ha contribuido a sensibilizar a la opinión pública sobre lo que entraña el tráfico ilícito. La Organización también ha ayudado a los Estados signatarios, que en la actualidad ascienden a 140, a elaborar leyes y medidas de prevención, y ha estimulado la restitución de los bienes desplazados ilegalmente.

Pero si bien las legislaciones se han vuelto más estrictas, se ha fomentado la sensibilización de la opinión pública y han mejorado los dispositivos de vigilancia, rastreo y autentificación de las obras, los traficantes, cada vez más numerosos, también han progresado en eficacia y competencias.

Investigadores, aduaneros y expertos tropiezan hoy con numerosos obstáculos en la tarea de frenar ese tráfico, que se ha beneficiado de la mundialización, empezando por la popularidad alcanzada por los objetos de arte y las antigüedades. Porque si el comercio de bienes culturales dista mucho de ser un fenómeno novedoso, nunca antes había prosperado tanto. Impulsado por la avidez de coleccionistas, galerías y museos, el valor de las antigüedades y las piezas artísticas ha crecido rápidamente. En 2019, ese comercio generó a escala mundial un volumen de transacciones cifrado en casi 64.000 millones de dólares estadounidenses (Global Art Market Report).

Un comercio clandestino

Este comercio, especialmente lucrativo, atrae a personas que buscan en qué invertir su dinero, pero también a otras menos escrupulosas y, cada vez más, a organizaciones mafiosas y terroristas que encuentran en este mercado un mecanismo para blanquear fondos o financiar sus actividades. 

La amplitud del tráfico ilícito, clandestino por antonomasia, resulta muy difícil de evaluar, habida cuenta de las lagunas que presentan las pocas estadísticas existentes. Menos de la mitad de los Estados Miembros de INTERPOL proporcionan datos acerca de los robos de bienes culturales perpetrados en su territorio. Pese a la carencia de cifras exactas, se calcula que, por lo general, el comercio ilícito de bienes culturales ocupa el tercer puesto en el rango de actividades delictivas internacionales, solo superado por el tráfico de narcóticos y el de armamentos. 

Algunas operaciones espectaculares que han recibido gran publicidad, en particular el robo de cuadros célebres como El grito de Edvard Munch, sustraído en Noruega en 2004, o, en fecha más reciente, el de El jardín del presbiterio de Nuenen en primavera, de Vincent Van Gogh, ocurrido en los Países Bajos, apenas representan la parte visible del iceberg. Lo esencial del comercio ilícito transcurre en la sombra, sin ruidos, a lo largo de circuitos laberínticos que a menudo comienzan en edificios religiosos, museos y sitios arqueológicos situados en países que se enfrentan a dificultades.

Tras haber circulado por países de tránsito, los bienes robados u obtenidos mediante saqueo se incorporan a colecciones de particulares o de marchantes establecidos en capitales occidentales, amparados por un certificado de exportación obtenido en esos lugares de tránsito y no en el país de origen, documento raramente exigido por las leyes de los Estados destinatarios.

Saqueos salvajes

A diferencia de lo que ocurre con otras actividades delictivas, que están totalmente prohibidas, el comercio ilegal de bienes culturales se realiza en parte a la luz del día. Con frecuencia las estatuas, los frisos o las cerámicas antiguas, que han sido robados o adquiridos de manera ilícita, se incorporan directamente en el mercado legal de obras de arte. Además, la mayoría de las piezas obtenidas mediante excavaciones salvajes no figuran en ningún inventario. Por ese motivo no están amparadas por la Convención de 1970 y los países de origen no pueden establecer su procedencia. 

Con el fin de abordar esta preocupación y ante las dimensiones del saqueo perpetrado por el Daech y otros grupos en Siria e Iraq, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó en 2015 la Resolución 2199 para impedir el tráfico ilícito de antigüedades procedentes de esos dos Estados, mediante la imposición de sanciones económicas y diplomáticas a los países y particulares que especulen con el comercio ilegal de antigüedades.

El endurecimiento de leyes y sanciones se volvió aún más necesario con el auge del comercio electrónico, que desde hace unos 15 años viene facilitando la labor de los traficantes: un comprador solo tiene que pulsar una tecla en cualquier lugar del mundo para adquirir en total anonimato estatuillas precolombinas o cerámicas antiguas. Los ladrillos del templo de Larsa, que datan de la época de Nabucodonosor, fueron saqueados en Iraq en 2003 y puestos a la venta en eBay dos años después. Durante la vasta operación del otoño de 2019 citada anteriormente, casi el 30% de los objetos incautados ya estaban propuestos a la venta en Internet.

La crisis sanitaria como factor agravante

La crisis sanitaria provocada por la epidemia de COVID-19 ha agravado este fenómeno. Durante el confinamiento, el proyecto ATHAR (Investigación sobre el tráfico de antigüedades y bienes del patrimonio antropológico), coordinado por un grupo de especialistas en redes informáticas de tráfico de obras de arte, detectó un aumento de actividad en línea en lo relativo a las ventas de objetos robados, en particular procedentes del Oriente Medio y África del Norte. Las investigaciones realizadas por esta entidad asociada a la UNESCO hicieron que Facebook prohibiera el comercio de bienes culturales históricos en sus plataformas informáticas.

Este ha sido un primer paso. En junio pasado, en el marco del 50° aniversario de la Convención de 1970, la UNESCO celebró una reunión virtual de expertos del mundo entero especializados en la lucha contra el tráfico ilícito de bienes culturales, con el fin de examinar la repercusión de la COVID-19 sobre esta lacra y elaborar respuestas para hacer frente al recrudecimiento de esa actividad. Los expertos recomendaron la creación de unidades de policía especializadas en la vigilancia de las redes digitales para lograr una cooperación más activa en el desmantelamiento de la venta ilegal. Asimismo, propusieron una aplicación más sistemática de los instrumentos creados por la UNESCO y sus asociados, entre otros la Base de datos de la UNESCO sobre las leyes nacionales del patrimonio cultural, las Listas rojas de bienes culturales en peligro del ICOM y la base de datos sobre obras de arte robadas de la INTERPOL.

El desafío es enorme. No basta con hallar la pista de una obra de arte o una antigüedad robada, seguirla hasta dar con los traficantes y arrestarlos. Más allá del aspecto represivo de esta labor, es preciso lograr la restitución de los objetos incautados a su país de origen. Por ejemplo, en fecha reciente Argentina devolvió a sus países vecinos un gran número de bienes culturales confiscados en su territorio.  

Pero hay algo más delicado aún: La restitución de bienes culturales saqueados durante el periodo colonial sigue siendo una fuente de tensión entre los países que poseen museos dotados de grandes colecciones y los que reclaman la devolución de objetos que forman parte de su identidad.

Esta reivindicación, apoyada por un número creciente de países, encuentra cada vez más eco en la opinión pública. En la película Black Panther, una producción de los Estudios Marvel que logró un éxito mundial en 2018, el hijo del príncipe N’Jobu, enemigo jurado de Black Panther, trata de recuperar un arma legendaria de Wakanda, que se encuentra en un museo de Londres. Si Wakanda es un país imaginario de África, en cambio el debate sobre la restitución de los bienes culturales sigue siendo un asunto muy real.  

Más información:

Una convención pionera

Tráfico de antigüedades: acabemos con la hemorragia, El Correo de la UNESCO, octubre-diciembre de 2017
Saqueo del patrimonio: la toma de conciencia, El Correo de la UNESCO, abril de 2001

 

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