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Gran angular

El mercado del arte, víctima de su éxito

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Dos esculturas excepcionales –una cabeza de toro y una cabeza de caballo (siglos IV – II antes de nuestra era – presentadas entre los objetos confiscados por los carabineros.

El lucrativo mercado negro de obras de arte y antigüedades ha prosperado principalmente por factores como el frenesí adquisitivo de los coleccionistas, las carencias de las legislaciones pertinentes, la complicidad delictiva de algunos protagonistas del mercado del arte, la multiplicación de los saqueos en países en situación de conflicto y el auge de las plataformas de venta por Internet.

Marc-André Renold
Profesor de la Universidad de Ginebra (Suiza), director del Centro de Derecho del Arte y titular de la Cátedra UNESCO de Derecho Internacional sobre Protección de Bienes Culturales.

En 2019, según el Global Art Market Report, el valor generado por el mercado internacional de arte y bienes culturales se cifró en unos 64.000 millones de dólares como mínimo. Esta suma astronómica refleja un verdadero frenesí por la compraventa de objetos de arte y antigüedades, que no ha cesado de aumentar en los últimos años.

Por paradójico que parezca, ese interés desmesurado por los bienes culturales constituye a la vez un peligro para su integridad. En efecto, el crecimiento de la demanda no solo impulsa el desarrollo del mercado legal del arte, sino que también fomenta los robos en museos, colecciones privadas y lugares de culto religioso, e incluso la destrucción irremediable de sitios arqueológicos o el pillaje de edificios y monumentos históricos.

A falta de estadísticas sobre el mercado del arte ilícito, resulta difícil calibrar exactamente su amplitud. No obstante, podemos vislumbrarla teniendo en cuenta algunos decomisos de excepcional importancia efectuados recientemente por las autoridades policiales en Europa. En octubre de 2019, por ejemplo, la operación “Medicus”, llevada a cabo por Europol en Bulgaria, culminó con la confiscación de 4.600 objetos artísticos robados y la detención de ocho personas. Un mes después, esta vez en Italia, en el transcurso de otra operación dirigida por ese mismo organismo se decomisaron 10.000 objetos sustraídos y fueron arrestadas 23 personas.

Blanqueo de objetos robados

En el comercio de bienes culturales robados desempeñan un papel esencial los marchantes, tasadores, subastadores, conservadores de museos y coleccionistas privados, esto es, el conjunto de los protagonistas del mercado del arte, tanto los que actúan de buena fe como los que delinquen. La ausencia de reglamentaciones legales específicas para este tipo de mercado, la carencia de medios suficientes para aplicarlas cuando existen y, obviamente, la complicidad delictiva de quienes falsifican documentos y certificados de procedencia de las obras de arte son factores esenciales, directos o indirectos, que se tienen en cuenta para elaborar las estrategias de blanqueo de bienes robados.

En efecto, una vez que esos bienes se introducen en el circuito del mercado legal por intermedio de galerías y empresas de subastas, resulta muy difícil identificar los que han sido sustraídos o saqueados. La notoriedad y, por ende, el valor de los objetos de procedencia sospechosa, pueden aumentar cuando se venden en galerías de arte o se exponen en museos.

La proliferación de conflictos armados en los últimos años intensificó los robos de obras de arte y el fenómeno del blanqueo. Los conflictos generados por la Primavera Árabe de 2011 y las subsiguientes guerras civiles fomentaron los robos sistemáticos de antigüedades, perpetrados por poblaciones hundidas en la miseria o por bandas de delincuentes organizados.

Los museos, sitios arqueológicos y monumentos del extraordinario patrimonio cultural de Iraq y Siria fueron devastados por saqueadores de todo tipo. Esto dio lugar a que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en su Resolución 2347 de marzo de 2017, manifestara su profunda preocupación por semejante estado de cosas y señalara que el tráfico ilícito de las antigüedades sustraídas en esos dos países constituía una de las fuentes de financiación del autoproclamado Estado Islámico en el Iraq y el Levante (EIIL). En la Resolución también se señaló el recurso constante a Internet por parte de quienes comercian ilícitamente con bienes culturales.

Efectivamente, la venta de obras de arte y objetos arqueológicos sustraídos se ha visto considerablemente facilitada por el auge que han cobrado en Internet las plataformas de comercio electrónico y las redes sociales. Asimismo, algunas innovaciones tecnológicas, como la detección de sitios y bienes culturales mediante sonares y robots submarinos, han allanado la labor de los saqueadores e intensificado las excavaciones y prospecciones ilícitas, incluso en lugares apartados de difícil acceso.

Sanciones poco disuasorias

Los Estados han reaccionado contra el incremento del tráfico ilícito de bienes culturales adoptando reglamentaciones a menudo basadas en las Convenciones Internacionales de la UNESCO. Sin embargo, su acción tropieza con varios obstáculos. Uno de los primeros lo constituyen los reglamentos de exportación que, por ser excesivamente estrictos, suelen ser de difícil aplicación.

Otro problema estriba en el hecho de que no se suele recompensar adecuadamente el respeto de las normativas vigentes en la materia. Un número considerable de objetos artísticos y vestigios arqueológicos se descubren en muchos casos por puro azar, cuando se realizan faenas agrarias u obras de construcción. Ahora bien, a falta de recompensas apropiadas para los hallazgos y ante las perturbaciones de la actividad económica que pueden acarrear las excavaciones de vestigios arqueológicos, las personas que los descubren optan a menudo por destruir los objetos encontrados, o venderlos en el mercado negro. Por último, es menester señalar que las medidas jurídicas y administrativas adoptadas por los Estados resultan con frecuencia ineficaces a la hora de regular y controlar las actividades de los principales protagonistas del mercado del arte.

Si los Estados no se esfuerzan por colmar las lagunas jurídicas existentes y si la movilización internacional no se intensifica, es de temer que el tráfico de bienes culturales siga prosperando en el futuro.

Más información:

La UNESCO y la Unión Europea aúnan fuerzas para combatir el tráfico de bienes culturales

Una resolución histórica, El Correo de la UNESCO, octubre-diciembre de 2017
Tráfico de antigüedades: acabemos con la hemorragia, El Correo de la UNESCO, octubre-diciembre de 2017
Saqueo del patrimonio: la toma de conciencia, El Correo de la UNESCO, abril de 2001
En busca del arte perdido, El Correo de la UNESCO, marzo de 1999

 

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