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Gran angular

Itinerario de una antigüedad robada

Esta es la historia de una estela funeraria griega del siglo IV antes de nuestra era, vendida en 2017 por una conocida casa de subastas. A pesar de las advertencias de un experto en lo tocante a su procedencia dudosa y de las pruebas que se presentaron, el objeto no fue retirado del catálogo. Después de múltiples gestiones que duraron más de un año, la estela fue devuelta finalmente a las autoridades griegas. Así ocurrió todo.

Christos Tsirogiannis
Arqueólogo y experto judicial, Christos Tsirogiannis es profesor asociado del Instituto de Estudios Superiores de la Universidad de Aarhus (Dinamarca). Es coautor del volumen Trafficking Culture: New Directions in Researching the Global Market in Illicit Antiquities, [El tráfico de bienes culturales: Nuevas orientaciones en la investigación del mercado mundial de antigüedades ilícitas], publicado en 2019.

En mayo de 2017, la empresa de subastas internacionales Sotheby’s publicó en Internet un catálogo de antigüedades que saldrían a la venta en Londres un mes después. En uno de los lotes figuraba la parte superior de una estela funeraria griega de mármol, adornada con una palma y el fragmento de una inscripción en la que podía leerse el inicio del nombre masculino ΕΣΤΙ [ΑΙΟΣ].

La pieza, tallada a mediados del siglo IV antes de nuestra era, estaba valorada en el rango de 60.000 a 90.000 libras esterlinas y no iba acompañada del nombre del vendedor. En el catálogo de Sotheby’s figuraba como “procedencia” de la estela “John Hewett, Bog Farm, Kent, decenio de 1960” y una nota en la que se mencionaba su origen griego, citando en particular que provenía de cerca de Atenas, en la región del Ática.

La policía allana una oficina de marchantes

Entre 1995 y 2006, la lucha contra el comercio ilícito de obras de arte logró algunos éxitos gracias a varios allanamientos que la policía realizó en las oficinas de los traficantes de antigüedades Giacomo Medici, Gianfranco Becchina, Robin Symes y Christos Michaelides.

Como participé, en calidad de arqueólogo, en la última de esas operaciones policiales, efectuada en 2006 por las autoridades griegas, pude reconocer la estela, que aparecía en varias fotos e imágenes profesionales procedentes de los archivos confiscados en las instalaciones de Becchina, el célebre negociante italiano condenado por su participación en el comercio ilícito de antigüedades.

Ese momento marcó para mí el inicio de extensos esfuerzos para identificar la pieza, acopiar pruebas para reconstituir su auténtica procedencia, informar a las autoridades y, por último, hacer posible que la antigüedad robada fuera devuelta a su país de origen. A fin de identificar los objetos, posibilitar su repatriación e incoar nuevos procesos judiciales contra todos los agentes implicados en el tráfico, recibí autorización oficial para examinar, entre otros, esos tres archivos.

El expediente de Becchina que contenía las instantáneas de la estela estaba dedicado a sus transacciones con el fallecido Antonio Savoca, un conocido traficante de antigüedades de doble nacionalidad, griega e italiana. En las fotos compiladas por Savoca se ve la estela sin limpiar, todavía con restos de tierra y fracturas recientes, visibles en la superficie del mármol. En otras imágenes aparece como si se la hubiera tratado descuidadamente, en un almacén repleto de otras antigüedades sucias, parcialmente recostada contra una ventana, en medio de tuberías metálicas.

Disfrazar la verdadera procedencia

Pero los archivos de Becchina contienen también documentos que permiten comprender mejor la auténtica procedencia de la estela. La pieza estuvo en su poder al menos desde 1978 hasta 1990, fecha en que su propiedad parece estar compartida entre Becchina y el marchante y coleccionista suizo George Ortiz. Pero en la sección de “procedencia” del catálogo de Sotheby’s de 2017 no figuraba ninguna mención de Becchina, Savoca u Ortiz. Tampoco había prueba alguna de que hubiera sido propiedad del tal “John Hewett, Bog Farm” especialmente en “el decenio de 1960”, o que Savoca tuviese contacto alguno con este último en relación con ninguna antigüedad.

El 8 de junio de 2017, tras identificar la estela, me puse en contacto con la Interpol, la unidad especializada de Scotland Yard y la brigada de obras de arte de la policía griega y les proporcioné todas las pruebas gráficas y documentales necesarias. La policía británica me respondió que no había motivos suficientes para confiscar el objeto con miras a una investigación penal y que Sotheby’s había rechazado firmemente la denuncia. En cuanto al servicio competente de la policía griega, me informó de que había transferido el asunto al Ministerio de Cultura, organismo que jamás se puso en contacto conmigo.

En los días que precedieron a la subasta, el caso, con todas sus pruebas, se publicó en el sitio web de la Asociación Europea de Arqueólogos gracias a la gestión de Marianne Mödlinger, del Comité sobre el tráfico ilícito de bienes culturales. Los arqueólogos David Gill (editor del blog Looting Matters) y Neil Brodie (editor del blog Market of Mass Destruction) también trataron el tema en sus páginas respectivas.

El día de la subasta, 12 de junio, supe por el periodista independiente Howard Swains, que estaba presente, que la estela ya había sido “vendida” por 48.000 libras esterlinas a un comprador anónimo. Pero cuando Sotheby’s anunció los resultados, la estela no figuraba entre los objetos subastados.

El 6 de julio, la revista en línea VICE publicó en su edición en lengua griega los detalles de la operación y la siguiente declaración de Sotheby’s, con fecha 23 de junio de 2017: “Habida cuenta de que demostramos la diligencia debida antes de la subasta y que la procedencia conocida era anterior a la época en la que estuvo en posesión de Becchina, decidimos que no procedía retirar de la venta la estela funeraria […] De hecho, las fotos que el Sr. Tsirogiannis [o sea, yo] publicó muestran que la estela estaba montada sobre una peana. Por consiguiente, teniendo en cuenta el hecho de que nuestra procedencia era anterior a la fecha de dichas fotografías, no creemos que esas imágenes justifiquen que se haya puesto en tela de juicio los derechos incontestables de nuestro proveedor”.

Un “gesto espontáneo de buena voluntad”

La respuesta de Sotheby’s hacía caso omiso a la vez del mal estado de la pieza, que mostraban las fotos, y de la implicación de Savoca, Becchina y Ortiz en su procedencia, incluso tras la publicación de las pruebas.

El 7 de mayo de 2018, once meses después de la subasta, el diario The Times publicó un artículo sobre mis investigaciones. En el texto se mencionaba el caso de la estela y se añadía: “Sotheby’s declaró que en fecha reciente había sabido que la procedencia que le comunicaron en 2008 era falsa. La empresa señaló que, en colaboración con la Unidad de obras de arte y objetos antiguos [sic] de la Policía Metropolitana de Londres, en un gesto espontáneo de buena voluntad, todas las partes interesadas aceptaron entregar la estela a las autoridades griegas”.

No se ha filtrado ninguna información adicional acerca del descubrimiento de la falsa procedencia realizado por los responsables de Sotheby’s ni de la razón por la que dicho hallazgo solo se produjo “en fechas recientes”, a pesar de que las “investigaciones exhaustivas” previas les habían “convencido” de que “no había obstáculo alguno” para la subasta. Por supuesto, el “gesto espontáneo de buena voluntad” servía para disimular el hecho de que se habían visto obligados a restituir una antigüedad, tras haberse demostrado su origen ilícito.

El 27 de junio de 2018, a petición de un fiscal griego, presté testimonio sobre el caso en el consulado de Grecia en Londres, con miras a facilitar el procedimiento judicial en curso. Al día siguiente, la Unidad de obras de arte y antigüedades de Scotland Yard me comunicó por teléfono que la estela seguía en Londres, en espera de ser devuelta a Grecia. El Ministerio de Cultura de Grecia anunció finalmente la repatriación de la pieza el 8 de septiembre de 2018. En la actualidad, la estela se encuentra en el Museo Epigráfico de Atenas.

A fin de cuentas, el caso tuvo una solución satisfactoria, pero su desarrollo pone de relieve la implicación de algunos de los miembros más “respetables” del mercado de antigüedades y subraya la necesidad de actualizar la legislación pertinente en los países donde existe una demanda final. En el futuro, será preciso que las diversas autoridades competentes puedan actuar con más coordinación y celeridad para evitar que la próxima estela robada no tarde tanto en regresar a su país de origen.

Más información:

Profesión: recuperar objetos robados, El Correo de la UNESCO, abril de 2001
Europa en la escuela de carabineros, El Correo de la UNESCO, abril de 2001
La lucha contra el tráfico ilegal de bienes culturales, el éxito de los carabineros

 

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