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La India se enfrenta al saqueo de sus bienes culturales

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Vestigios de Khana Mihirer Dhipi, que forma parte del sitio de Chandraketugarh.

Ante la enorme demanda de obras de arte indias en el mercado mundial de antigüedades, este país ha aprobado leyes muy estrictas para yugular la exportación ilícita de su patrimonio arqueológico y artístico. No obstante, la aplicación de esa legislación tropieza continuamente con el grave problema de que la pobreza de las poblaciones de los sitios culturales y la escasez del personal encargado de protegerlos estimulan los pillajes.

Samayita Banerjee
Investigadora de la Universidad de Ashoka (India) especializada en arqueología y conservación del patrimonio cultural. Premiada en 2018 con la Beca Sahapedia – UNESCO.

En las cercanías de la aldea de Berachampa, situada a unos 35 kilómetros de Calcuta, capital del Estado de Bengala Occidental, se encuentran los vestigios de la antigua Chandraketugarh, una de las antiguas ciudades costeras más importantes de la historia de la India Oriental.

Hoy en día, apenas quedan rastros del pasado esplendor de este sitio cultural, cuya antigüedad se remonta al siglo II antes de nuestra era. Ejemplo por antonomasia de los graves males que aquejan al patrimonio arqueológico indio, Chandraketugarh patentiza la negligencia de las instituciones culturales, la insuficiencia de los trabajos de investigación y la quiebra de las medidas de conservación del patrimonio cultural del país. Son muy numerosas las obras de arte y objetos culturales saqueados en este sitio y dispersos actualmente por diversos rincones del mundo, donde se exhiben en museos y colecciones de arte privadas del mayor prestigio.

Sin embargo, la India posee instrumentos pertinentes para proteger su rico patrimonio cultural. Por ejemplo, en el plano jurídico cuenta con la Antiquities and Art Treasures Act [Ley sobre Antigüedades y Tesoros Artísticos], aprobada en 1972 y modificada en 1976, que prohíbe terminantemente la exportación de cualquier objeto arqueológico y establece una vigilancia muy estricta en lo que atañe a los obras de arte en posesión de particulares. Hoy en día, todos los objetos y sitios arqueológicos son ya de propiedad estatal. Además, las autoridades redoblan sus esfuerzos para recuperar u obtener la restitución de las antigüedades robadas.

Pocos años después de la entrada en vigor de esta ley se registraron numerosas desapariciones de bienes culturales, por ejemplo, en el periodo 1977-1979 se denunciaron hasta unos 3.000 robos de antigüedades. Según cálculos de la UNESCO, hasta 1989 se exportaron ilegalmente desde la India más de 50.000 obras de arte y objetos culturales. Las autoridades competentes del país consideran, por su parte, que es imposible dar cifras exactas del expolio sufrido.

Un pillaje que viene de lejos

De hecho, el saqueo de antigüedades en el subcontinente indio es un fenómeno que viene de mucho tiempo atrás. Si hoy en día es una consecuencia del desmedido afán de lucro reinante, antaño las potencias colonialistas lo consideraban un legítimo botín de guerra cada vez que vencían militarmente a las poblaciones locales de los sitios culturales.

En 1861, cuando el país se hallaba aún bajo la dominación británica, ya fue necesario crear el organismo denominado Archaelogical Survey of India (ASI) [Inspección Arqueológica de la India – ASI] que hoy en día depende del Ministerio de Cultura. Su misión era, y sigue siendo, proteger el patrimonio cultural nacional, velar por la conservación de los monumentos antiguos, vigilar los yacimientos arqueológicos y fomentar las excavaciones científicas en esos lugares.

La ASI tiene encomendadas hoy la salvaguardia y conservación de 3.650 monumentos y sitios de muy distintos periodos históricos, que abarcan desde la prehistoria hasta la época colonial. La carencia de personal suficiente para salvaguardarlos sigue siendo en la India uno de los principales problemas que dificultan la aplicación efectiva de las leyes de protección del patrimonio cultural.

Los templos y sitios arqueológicos que encierran inestimables tesoros artísticos son víctimas de robos perpetrados con una audacia asombrosa. Entre 1965 y 1970 se sustrajeron más de cien esculturas eróticas talladas en piedra pertenecientes al Conjunto monumental de Khajuraho, situado en el Estado de Madhya Pradesh, que fue construido por la dinastía Chandella en el periodo 950-1050 y figura en la Lista del Patrimonio Mundial desde 1986. Tampoco los museos pueden evitar los robos, a pesar de que deben estar sometidos a una estricta vigilancia. En 1968, por ejemplo, el Museo Nacional de Nueva Delhi constató la desaparición de 125 joyas antiguas y 32 piezas artísticas labradas en oro de una gran rareza.

Hallazgos arqueológicos fortuitos

La mayoría de las obras de arte sustraídas en la India pasan de contrabando a países de Occidente, donde una gran parte de ellas acaba siendo adquirida por museos. Provistas de documentación falsa, esas piezas se suelen exportar por vía marítima para soslayar los controles más rigurosos que se practican en los aeropuertos.

Muchos yacimientos arqueológicos del país se hallan a merced de anticuarios y coleccionistas locales que se autotoproclaman "arqueólogos". Por ejemplo, en los alrededores y en la zona central del sitio natural de Los Sundarbans, situado al sudeste del Estado de Bengala Occidental y ocupado por el mayor bosque de manglares del mundo, hay decenas de esos yacimientos que han sido explorados en gran parte por el Departamento Bengalí de Arqueología y la Sección Oriental de la ASI, aunque muchos de ellos han sido destruidos por los incesantes vaivenes erráticos de la intrincada red fluvial de esta región. Sin embargo, son pescadores y aldeanos de la zona central de ese sitio los que descubren por azar el mayor número de piezas arqueológicas.

Esos hallazgos fortuitos de la población local van a parar luego a manos de marchantes de objetos de arte importantes o, en el mejor de los casos acaban en comercios de antigüedades o museos locales. Esto ocurre porque las subastas públicas son escasas, los inventarios de los museos son demasiado defectuosos y los descubridores de objetos culturales ignoran su valor comercial.

Educación sobre el valor del patrimonio cultural

En la India es ilegal toda transacción de antigüedades efectuada con un comerciante carente de la autorización reglamentaria, pero como son humildes agricultores o albañiles quienes encuentran la mayoría de los objetos culturales, los ceden por sumas irrisorias a intermediarios, organizados en redes clandestinas, que luego los venden al mejor postor. En estas condiciones, la severidad de la legislación resulta contraproducente.

En efecto, mucho más importante que la adopción de leyes y reglamentos draconianos es la tarea de transmitir conocimientos históricos a las poblaciones locales, principalmente en las escuelas. Porque, ¿cómo se puede exigir a la gente sencilla la salvaguardia de los sitios culturales, si desconoce por completo el valor de los tesoros artísticos que albergan? Es imprescindible sensibilizar a los descubridores de obras de arte al valor económico e histórico que estas tienen, así como informarles de que los poderes públicos pueden remunerarles mucho mejor. De hecho, la pobreza es el gran problema subyacente al fenómeno del pillaje del patrimonio cultural.

Además de incorporar a los planes de enseñanza nociones de arqueología y salvaguardia del patrimonio cultural, también puede ser fructífero involucrar a los políticos de los concejos comunales (“panchayats”) y consejos de distrito en la tarea de intensificar la vigilancia de los sitios históricos y controlar más a los traficantes que actualmente pueden acceder a ellos sin restricción alguna. En lo que respecta a los departamentos culturales estatales y los museos, su tarea más apremiante es verificar y registrar los inventarios de sus colecciones y hallazgos.

El auge del mercado de objetos de arte de la India y otros países de Asia se debe a la relación dicotómica existente entre los países ricos, fuentes de la demanda, y los países menos prósperos, fuentes de la oferta. La demanda de obras de arte no va a cesar, pero la oferta de los llamados países “pobres” se puede frenar con la adopción inmediata de iniciativas relativamente simples, porque de no ser así, es posible que muy pronto el rico patrimonio en obras de arte de naciones como la India es posible que muy pronto deje de estar al alcance de sus propios nacionales.

Más información:

La “Ciudad de los muertos”: enigmas de Mohenjo Daro, El Correo de la UNESCO, junio de 1965

 

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