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Argentina, a la vanguardia en las restituciones

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Vasija antropomorfa de cerámica de la cultura ciénaga, época precolombina.

Desde 2004, Argentina ha restituido a sus países de origen unos 5.000 bienes culturales confiscados en su territorio. Las razones de esta nueva política son un mayor reconocimiento del arte de las civilizaciones precolombinas y la promulgación de una ley que protege el patrimonio arqueológico y paleontológico.

Irene Hartmann
Periodista del diario Clarín (Argentina).

La prensa lo llamó “el robo del siglo”. Y no cabe duda de que fue un robo espectacular. En julio de 2002 unos sujetos cavan un túnel de 30 metros para penetrar clandestinamente en el sótano del Museo Nacional de Bellas Artes de Asunción (Paraguay). Sustraen cinco cuadros, entre los que figura el San Jerónimo, cuyo valor se estima en 200.000 dólares estadounidenses. Los ladrones se dan a la fuga y cruzan la frontera con Argentina. Poco después, ponen al San Jerónimo a la venta en Posadas, en el noreste del país. Pero, las fuerzas de seguridad logran desmantelar la operación en 2008 y Argentina devolverá la obra a Paraguay ese mismo año.

La historia de la restitución del San Jerónimo no es un caso aislado. Desde 2004, Argentina ha devuelto a sus países de origen no menos de 4.825 piezas patrimoniales que han sido robadas y fueron confiscadas en su territorio, ya sea obras de arte, vestigios arqueológicos o documentos históricos. El país se ha convertido, durante el último decenio, en un ejemplo a escala regional en materia de devolución de bienes robados.

María Florencia Galesio, directora de la sección de investigaciones del Museo Nacional de Bellas Artes de Argentina, explica que esta política es el resultado de una toma de conciencia del valor patrimonial de los objetos provenientes de las culturas prehispánicas. “El arte precolombino, al que se le restó valor estético durante mucho tiempo, se ha beneficiado de un mayor reconocimiento en los últimos 15 años”, afirma.

La inauguración en 2004 de una sala de arte precolombino en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, fue un paso decisivo hacia el reconocimiento de estos vestigios de civilizaciones pasadas. “Constituye una prueba del valor estético que ya se concede a las piezas expuestas, más allá de su dimensión etnológica o arqueológica”, añade.

“El caso Janeir”

“Esta valoración debe mucho a las instituciones museológicas, pero el fenómeno no surgió de la nada, sino que ocurrió en sintonía con la ley de 2003 sobre la protección del patrimonio arqueológico y paleontológico”, señala la investigadora, promulgada el mismo año en que Argentina ratificó la Convención de la UNESCO sobre las Medidas que Deben Adoptarse para Prohibir e Impedir la Importación, la Exportación y la Transferencia de Propiedad Ilícitas de Bienes Culturales de 1970.

La nueva normativa encarga al Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL) la aplicación de la ley a escala nacional y obliga a los propietarios de los bienes provenientes de sitios arqueológicos o paleontológicos a inscribirlos en un registro oficial.

La aprobación de esta ley tiene relación con el “caso Janeir” que provocó consternación y contribuyó a que las mentalidades y la legislación evolucionaran. A principios del decenio de 2000, agentes de la Policía Aeronáutica Nacional, convertida hoy en Policía de Seguridad Aeroportuaria, se asombraban al ver transitar por el aeropuerto internacional de Ezeiza numerosos objetos arqueológicos. Recurrieron entonces al INAPL para que les impartiera una formación que les permitiese identificar los vestigios relacionados con la arqueología y la paleontología. Entre 2000 y 2001, no menos de 10.000 objetos fueron decomisados en diferentes tiendas de la capital argentina, pertenecientes en su mayoría al anticuario Néstor Eduardo Janeir.

Es difícil evaluar el valor mercantil de los bienes devueltos desde hace unos 15 años. “Como la compra y venta de esos objetos están prohibidas, los arqueólogos se resisten a evaluarlos. De muchas piezas no tenemos precio alguno; de otras hacemos estimaciones en base a las publicaciones de venta de los infractores. Pueden ser unos cientos, miles o millones de dólares”, afirma Marcelo El Haibe, comisario inspector a cargo del Departamento de Protección del Patrimonio Cultural (INTERPOL-Policía Federal Argentina).

En realidad, poco más del 3% de los casi 5.000 objetos repatriados a sus países de origen tiene puesto un “precio”. En total, unos 860.000 dólares, si esas piezas se hubieran comercializado en el mercado negro. ¿Es poco? La cifra está lejos de reflejar la importancia de esas devoluciones, lo que requeriría calcular el valor de venta del restante 97%, número que, de todos modos, dejaría fuera el mucho más trascendental valor simbólico de los objetos en cuestión.

Perú es uno de los grandes beneficiarios de las restituciones

Con un 88% de objetos recuperados, el Perú, uno de los países más afectados por este tráfico ilegal, encabeza la lista de los Estados a los que Argentina restituye objetos patrimoniales, seguido por Ecuador, que recibe el 9% de las devoluciones. En 2016, unos 439 objetos robados del patrimonio ecuatoriano y 4.150 del peruano fueron devueltos a sus países de origen. Las demás restituciones estuvieron relacionadas con Bolivia, Paraguay y España. En este último caso, se trató de la restitución de los mapas confeccionados por Claudio Ptolomeo, astrónomo, matemático y geógrafo griego, sustraídos en 2007 de la Biblioteca Nacional de España por un hombre que dijo ser “investigador”. Dos de los mapas robados fueron hallados en Argentina, país donde residía. Ambos mapas fueron devueltos a España en 2007.

Como en este último caso, es frecuente que el tráfico ilícito de bienes culturales utilice circuitos laberínticos más allá de las fronteras y los océanos. “Por eso, las víctimas denuncian estos hechos en sus países, mientras los objetos robados se comercializan en general en otros, algo que no facilita el trabajo de los investigadores”, comenta el agente que calcula que este tráfico representa cerca de 6.500 millones de dólares anuales.

Para que logren buenos resultados, estas operaciones requieren a menudo de la colaboración entre los servicios policiales de los diferentes países, aunque también de estimaciones exteriores para identificar los objetos. “No trabajamos solos, sino codo a codo con otros organismos, como el Instituto de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL) o el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, si se trata de piezas paleontológicas. El éxito es fruto del compromiso de un trabajo interdisciplinario”, afirma Marcelo El Haibe.

La última operación exitosa data de 2019. Se trataba de 115 documentos redactados entre 1824 y 1900, valorados en 10.000 dólares estadounidenses, que estaban a la venta en un comercio de Buenos Aires. Al cierre de este artículo ya estaban próximos a ser devueltos al Perú, país del que fueron sustraídos.

Más información:

La vuelta a casa del arte indígena, El Correo de la UNESCO, abril de 2001
Argentina: un estilo de vida, El Correo de la UNESCO, agosto de 1990
Casos recientes de restitución de bienes culturales bajo Convención de 1970

 

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