Construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres

Gran angular

“Las mujeres siguen siendo las heroínas ignoradas de esta crisis”

La crisis sanitaria y el confinamiento casi generalizado causados por la pandemia han agravado la violencia que se ejerce contra las mujeres. La directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, advierte de que los derechos de la mujer podrían quedar menoscabados.

Entrevista realizada por Laetitia Kaci, UNESCO

En marzo pasado, usted denunció el agravamiento de las desigualdades entre hombres y mujeres. ¿Por qué esta epidemia es particularmente perjudicial para las mujeres?

Por lo general, hombres y mujeres no son iguales ante las crisis. Y esta de ahora no constituye la excepción. A menudo, las crisis contribuyen a agravar las desigualdades existentes.

Las mujeres han sido severamente afectadas. Muchas de ellas trabajan en primera línea y han estado directamente expuestas al virus. Asimismo, han padecido de lleno las consecuencias sociales de la epidemia. La interrupción de la actividad laboral ha agravado su precariedad económica, ya que, por lo general, las mujeres desempeñan empleos más precarios y peor remunerados que los hombres. Son numerosas las mujeres que han perdido su trabajo.

Además, muchas mujeres han tenido que recurrir a los servicios sociales. Durante esta fase de la epidemia, dichos servicios han sido menos accesibles, de modo que las mujeres que no pudieron percibirlos se han visto en peligro.

Esta crisis ha otorgado notoriedad a oficios esenciales (personal sanitario, cajeras, docentes…) que las mujeres ejercen de manera más que proporcional. ¿Podría esta crisis cambiar nuestra perspectiva sobre esas trabajadoras?

Las mujeres son las auténticas heroínas de esta crisis, incluso si no se les reconoce esa condición. Porque, curiosamente, no parece haber una toma de conciencia acerca de su responsabilidad en la gestión de la crisis. Aunque salven vidas, siguen siendo heroínas ignoradas.

Espero que este enfoque cambie. Por eso es importante hablar de ellas, darles notoriedad para que todo el mundo comprenda la función que desempeñan.

¿Qué pueden aportar las mujeres a la gestión de la crisis?

Tradicionalmente, la sociedad ha considerado que los cuidados sanitarios corresponden a las mujeres. Es cierto que se trata de un sector con una alta representación femenina. Pero su participación no se limita estrictamente al aspecto sanitario de la gestión. Las mujeres son polivalentes y quizá por eso son más capaces de comprender que en una situación de pandemia es preciso afrontar toda una gama de problemas económicos, sociales, sanitarios o relativos a la seguridad alimentaria. Las mujeres comprenden mejor la transversalidad, porque forma parte de su experiencia cotidiana.

En una declaración de abril de 2020, usted mencionó la existencia de una "pandemia en la sombra", en relación con el recrudecimiento de la violencia que se ejerce contra las mujeres. ¿Cómo ha incidido el confinamiento sobre la situación de la mujer?

En esa declaración yo señalaba que, en efecto, en el mundo entero los teléfonos de asistencia y los centros de acogida de víctimas de la violencia doméstica han registrado un aumento de peticiones de ayuda. El confinamiento ha agravado las tensiones y ha reforzado el aislamiento de las mujeres que conviven con una pareja violenta, al separarlas de quienes podrían prestarles ayuda. Además, este contexto singular ha complicado la posibilidad de denunciar esos hechos, especialmente porque limita el acceso de las mujeres a los números de urgencia y porque los servicios públicos, como la policía, se encuentran muy congestionados.

En determinados países, no se consideran esenciales los servicios de protección que amparan a las mujeres víctimas de la violencia. Algunas de ellas se han visto privadas de ayuda y han permanecido encerradas con sus agresores. Para esas mujeres, ha sido una situación muy difícil de afrontar.

¿Hay que temer que ocurra un retroceso en materia de derechos de las mujeres?

Sin duda e incluso hay que temer que algunos de esos derechos puedan desaparecer. Debemos luchar por impedirlo.

Este año se conmemora el vigésimo aniversario de la aprobación de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, relativa al derecho de las mujeres a la paz y la seguridad. Debemos poner en marcha planes de acción y prepararnos para avanzar en cuanto sea posible. Los derechos de la mujer han de seguir siendo una prioridad y no deben sacrificarse en modo alguno. Tan importante es para las mujeres sobrevivir al COVID-19 como hacer valer sus derechos. Es preciso que libremos ambos combates a la par.

¿Qué hacer para que los derechos de la mujer no se deterioren a causa de esta crisis?

En el plano económico, debemos velar por que el plan de recuperación de los gobiernos incluya de modo específico a las mujeres y que además se adapte a las trabajadoras del sector informal, por las que seguiremos luchando.

También es preciso aportar soluciones en lo tocante a la violencia contra la mujer. Esa violencia no va a desaparecer cuando acabe la crisis. Hay que permanecer alerta.

De igual modo debemos fomentar la consolidación del liderazgo femenino, especialmente en los países donde las mujeres están subrepresentadas en la lucha contra el virus, y reclamar una representación más equitativa en determinados sectores. Nuestros esfuerzos han de ir encaminados en ese sentido.

Además, hay que fomentar el desarrollo de la educación a distancia, sin bajar la guardia ante la posibilidad de que su evolución agrave la brecha digital. Algunas comunidades todavía carecen de acceso a los medios tecnológicos. Y aun cuando ese acceso está disponible, la conectividad no es la misma para ambos sexos. Debemos proseguir ese combate, con especial atención a que la enseñanza impartida a través de las plataformas digitales no incremente la discriminación social.

Espero que la UNESCO, ONU-Mujeres, la Comisión sobre la Banda Ancha, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y los Ministerios de Educación logren aunar esfuerzos para instalar infraestructuras de banda ancha en las escuelas rurales y los asentamientos informales, a fin de que cada persona, dondequiera que esté, pueda acceder a la educación.

Más información:

Helen Pankhurst: “Llevo el feminismo en las venas”, El Correo de la UNESCO, enero-marzo de 2020

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