Construir la paz en la mente de los hombres y de las mujeres

Editorial

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Este dosier se publica con motivo del Día Mundial de la Radio, que se celebra cada año el 13 de febrero

¿Está anticuada la radio? ¿Se debe dar por enterrado este medio informativo que hace algo más de un siglo entró en nuestros hogares? Ni mucho menos. Es evidente que la época del transistor ya pasó. Los radioyentes con el oído pegado a un aparato son una imagen del pasado. Sin embargo, la radio ha comenzado hoy en día su transformación digital y se sigue escuchando tanto como antes, o incluso más, por conducto de los teléfonos móviles y ordenadores. Las emisoras producen ahora programas a demanda de la audiencia –los llamados podcasts– que tanto están contribuyendo a la reinvención de la radio. Esta también se ha hecho visible porque sus emisiones se filman con frecuencia y se pueden ver en línea. Además, los oyentes, ayer escuchando pasivos sus radios, pueden intervenir hoy en las emisiones y hacer aportaciones a su configuración a través de las redes sociales. Y es que la audiencia también ha evolucionado.

Por eso, al conmemorar cada 13 de febrero el Día Mundial de la Radio, exaltamos la gran importancia de este medio de comunicación rejuvenecido y lleno de vitalidad. Proclamada en 2011 por las Naciones Unidas, esta jornada nos recuerda la función esencial que desempeña este medio de comunicación de masas, que no solo capta cada vez más público en el mundo entero, sino que también es capaz de llegar a las regiones más apartadas o afectadas por situaciones de emergencia. Desde su fundación, la UNESCO se ha apoyado en la radio para hacer de ella un potente instrumento al servicio de su mandato de promover la libertad de expresión y la libre circulación de ideas en todo el planeta. 

La Organización produjo programas radiofónicos para todos los continentes, y luego ha venido prestando apoyo a campañas de radio informativas como la difundida en 2016 para la prevención del zika en América Latina y el Caribe. Además, la UNESCO sigue organizando actualmente cursos para formar locutores y reporteros radiofónicos, como los impartidos desde 2014 a jóvenes sirios refugiados en el Líbano. También proporciona ayuda a la creación de emisoras comunitarias o de radios dispuestas a difundir información en casos de desastres naturales. 

El tema del Día Mundial de la Radio del presente año es la diversidad. Es una cuestión de la más candente actualidad, ya que es muy insatisfactorio el grado de representación conseguido por las mujeres, las minorías y las personas discapacitadas en el mundo de la radio. Aunque quedaron muy atrás los tiempos en que las periodistas radiofónicas debían ceder el micrófono a los hombres, a fin de que fueran voces masculinas –consideradas más dignas de crédito– las que leyesen sus boletines informativos, no cabe duda de que sigue siendo todo un reto lograr la diversidad en la radio. Por falta de estadísticas en muchos países no es posible trazar una panorámica mundial completa de la situación existente al respecto, pero los datos disponibles son elocuentes. En 2018, el porcentaje de mujeres presentes en los programas radiofónicos en Francia se cifraba en un 37%, el de políticas invitadas a entrevistas o debates radiales, en un 23% y el de expertas, en un 37% (CSA 2019). En el Reino Unido, las mujeres empleadas en empresas radiodifusoras representaban ese año el 51% del personal, pero solamente un 36% desempeñaba puestos directivos (Ofcom 2019). Otro ejemplo de carencia de diversidad: en Estados Unidos, las redacciones de las emisoras de radio solamente contaban en 2018 con un 11% de personas oriundas de minorías (RTDNA y Universidad Hofstra 2018). 

Es importante que la radio sea un reflejo más justo y adecuado de sus audiencias porque la diversidad es un elemento clave de toda información imparcial e independiente, así como un medio para hacer oír las voces de diferentes culturas y opiniones con las que se forja el espíritu crítico de las personas. 

A pesar de los cambios que ha experimentado en los últimos años, la radio es la voz insustituible que llena nuestros momentos de soledad y que parece hablarnos exclusivamente a cada uno de nosotros, cuando en realidad se está dirigiendo a vastas muchedumbres. En el editorial de El Correo de la UNESCO de febrero de 1997, al referirse al porvenir de la radio en un mundo cada vez más invadido por las pantallas, se decía con clarividencia: “La ventaja de la radio reside, paradójicamente, en lo que no posee: la imagen. La principal virtud de la imagen televisiva –aparecer como una copia de la realidad– constituye también su principal defecto: hechizarnos hasta el punto de inhibir nuestra imaginación y nuestra capacidad crítica. Por ese motivo el sonido sin imagen seguirá siendo indispensable para tener todas las mañanas, al escuchar las noticias, el derecho a interpretar por nosotros mismos los acontecimientos del mundo”. Este mensaje no ha perdido ni un ápice de actualidad.

Agnès Bardon