De actualidad

El milagro rwandés

cou_02_19_rwanda_web_bis.jpg

El ojo celeste, broche de la creadora francesa Céleste Mogador, fabricado en una zona rural de Rwanda, en el taller de bordado de Ibaba Rwanda donde las mujeres han vuelto a trabajar, tras una interrupción de 19 años.

Un cuarto de siglo después del terrible genocidio de 1994, Rwanda está pasando una nueva página en su historia. Tras un largo periodo de unificación y reconciliación nacional, el país invierte en el crecimiento económico y se centra en las nuevas tecnologías, con la esperanza de convertirse en un polo africano de la información y la comunicación.

Alphonse Nkusi

Hace 25 años, en Rwanda se escribió el capítulo más cruento de la historia contemporánea africana. En el espacio de cien días, un millón de personas perdió la vida y dejó tras de sí un millón de huérfanos y un número incalculable de viudas y viudos.

Cuando este drama ocurría en mi país, yo me encontraba en Uganda. El vecino del norte me había acogido como refugiado en 1962, cuando tenía 17 años. Allí estudié en la Universidad de Makerere, fundé una familia y viví hasta 2008. Pero desde 1994, he compartido mi vida entre Uganda y Rwanda, a fin de cuidar a los huérfanos de mi familia y también para contribuir a la reconstrucción de mi patria.

En ese país tan herido había que rehacerlo todo. La primera preocupación del Frente Patriótico Rwandés, un partido político dirigido entonces por el actual presidente Paul Kagame, era detener el genocidio y restaurar la paz y la seguridad. “Hemos aprendido lecciones que deberían enseñarnos a construir nuestro futuro”, dijo recientemente en una reunión de líderes empresariales en Charlotte, Estados Unidos.

Para construir el futuro, comenzamos por volver a aprender la conjugación del verbo ser en plural y a decirnos a nosotros mismos que todos somos banyarwanda. Olvidar quién es tutsi, quién es hutu, quién es twa. Superar el odio.

La tradición al rescate

Por lo tanto, se dio prioridad a la unidad y la reconciliación. Con este fin, se reinstauraron los gacaca, lo que permitió a la comunidad juzgar a los autores y aceptar su petición de perdón. A través de estos tribunales tradicionales, los supervivientes recibieron información adicional sobre las muertes de sus seres queridos, pero también sobre los criminales que confesaron sus acciones y admitieron su culpabilidad. En función de la gravedad de los delitos perpetrados se dictaron diferentes sentencias. Algunos fueron condenados a trabajos comunitarios, otros a penas de prisión. En diez años, los gacaca juzgaron 1,9 millones de casos antes de su clausura oficial, en mayo de 2012.

Al mismo tiempo, se rehabilitaron las instituciones judiciales públicas para juzgar los casos más graves. En el ámbito internacional, el Tribunal Penal Internacional para Rwanda (TPIR), creado el 8 de noviembre de 1994, reconoció que “el genocidio, los crímenes contra la humanidad y los crímenes de guerra se han cometido a una escala espantosa”, alcanzando “un índice de ejecución cuatro veces superior al registrado en el apogeo del Holocausto nazi”. Hasta la fecha, el Tribunal Penal Internacional para Rwanda ha acusado a 93 personas, consideradas planificadoras y autoras del genocidio: 80 han sido juzgadas y 23 de ellas han cumplido sus condenas.

Tras el genocidio, se utilizó otro método tradicional para que los ciudadanos pudieran participar en los asuntos públicos. Se trata de un sistema local de gestión del rendimiento, en el que las personas se comprometen a realizar una serie de tareas a lo largo de un año, al final de las cuales sus resultados son evaluados por la comunidad. Estos contratos, llamados imihigo, antes eran orales y se ratificaban mediante una ceremonia. Hoy en día, se redactan y se firman, pero su función continúa siendo la misma.

Este método ha contribuido significativamente a la mejora de los servicios públicos en la actual Rwanda, que ha optado por la democracia consensuada y el reparto del poder.

Prioridades

Con una tasa media de crecimiento superior al 7% anual desde el año 2000, Rwanda se ha convertido en uno de los principales países africanos en términos de desarrollo económico. Según cifras oficiales, sus inversiones en agricultura, energía, infraestructura, minería y turismo han sacado de la pobreza a más de un millón de personas.

Esta evolución va acompañada de una mayor integración del país en las estructuras económicas regionales y también también de una mayor participación en la comunidad internacional: con una fuerza de 6.550 efectivos, Rwanda es actualmente el cuarto país que más contribuye a las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas.

Pero para lograr un desarrollo participativo el país quiere sobre todo invertir en las personas. Por eso, sitúa a las mujeres en la vanguardia de la vida pública. Durante la primavera negra rwandesa ellas pagaron un precio sumamente elevado: entre 100.000 y 250.000 mujeres fueron víctimas de violaciones y agresiones sexuales, esos atroces métodos de guerra reconocidos por el Tribunal Penal Internacional para Rwanda como actos de genocidio. Desde entonces, muchas de ellas han muerto a causa del SIDA contraído en aquellos momentos.

A fin de garantizar su protección, en 2008 se aprobó la Ley de prevención y sanción de la violencia de género. Otras leyes garantizan la plena participación de las mujeres en la vida política y social: al menos el 30% de los puestos está reservado para ellas en todos los órganos del Estado y a todos los niveles. Esta estrategia ha permitido cerrar más rápidamente la brecha de género: en la actualidad, el 62% de los parlamentarios, el 50% de los ministros y el 44% del personal judicial son mujeres.

La educación y la salud son otros dos sectores prioritarios, que han absorbido el 30% del presupuesto nacional anual durante varios años. La tasa de matriculación en los 12 años de educación obligatoria es del 90% y la cobertura del seguro de salud alcanza el 87%.

Los servicios de salud han mejorado considerablemente en las zonas remotas desde la llegada de los aviones teledirigidos Zipline que, según el director general de esa empresa estadounidense, realizaron más de 4.000 entregas de sangre y medicamentos entre octubre de 2016 y abril de 2018.

La educación también está cambiando de manera lenta pero constante, como resultado de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), en particular desde el lanzamiento del programa “Un ordenador portátil para cada niño”, en junio de 2008. Se han distribuido más de 600.000 computadoras y algunos alumnos decidieron compartirlos. Sin embargo, este programa se enfrenta a graves dificultades, como la escasa electrificación del campo y la magnitud de los recursos necesarios para distribuirlas entre más de 2,3 millones de escolares. Sin embargo, las TIC se están desarrollando a toda velocidad: ya se han desplegado 4.000 km de cables de fibra óptica en todo el país, cuya superficie es de poco más de 26.000 km2. Se espera que durante el año en curso, la Internet inalámbrica y la fibra óptica lleguen a cubrir finalmente el 95% del territorio.

La gran mayoría de la población ya tiene acceso al teléfono móvil y, de los aproximadamente 13 millones de habitantes, más de cuatro millones pueden ahora comprar y pagar facturas, impuestos e incluso multas utilizando aplicaciones móviles. Otro tanto se aplica a los procedimientos administrativos. Basta con ingresar en el portal de Irembo (que significa acceso en kinyarwanda) para acceder a la mayoría de los servicios gubernamentales en línea.

País que mira el porvenir

Rwanda se está centrando en el desarrollo tecnológico para garantizarse un futuro mejor. Las transacciones bancarias se facilitan a través de servicios móviles. Los líderes empresariales tienen acceso al comercio en línea a través de la Plataforma Electrónica Mundial de Comercio (eWRP), lanzada en octubre de 2018 por el gigante chino de comercio electrónico Alibaba. El transporte urbano se ve facilitado por los servicios de automóviles y motocicletas controlados a través de aplicaciones móviles.

Entre estas últimas, figura SafeMotos, apodada “la Uber de las mototaxis”, que nació en la preincubadora de empresas kLab, considerada la más dinámica del país. Desde 2012, kLab ha formado gratuitamente a miles de jóvenes, ayudando a poner en marcha 60 empresas, cuatro de las cuales se han convertido en líderes en su campo de actividad y dos se ampliado a escala internacional. Esta iniciativa forma parte de una larga serie de polos de innovación que se han desarrollado, especialmente en Kigali, la capital, con el fin de ofrecer nuevas oportunidades profesionales a los jóvenes rwandeses.

La Ciudad de la Innovación, que se construirá en el marco de África50, la plataforma de desarrollo de infraestructuras del Banco Africano de Desarrollo (BAD), también promete un brillante futuro tecnológico para el país, que ahora está bien posicionado para convertirse en una plataforma regional de TIC. Especialmente desde que en septiembre de 2018, la inteligencia artificial (IA) entró oficialmente en planes de estudios universitarios, gracias a una maestría lanzada por el experto senegalés Moustapha Cissé, director del centro de investigación de IA de Google en Ghana, y por el Instituto Africano de Ciencias Matemáticas (AIMS), de Kigali.

Un cuarto de siglo después del genocidio de los tutsis en Rwanda, este país dividido, devastado, arruinado, necesitado de reconstrucción y rehabilitación, mira decididamente al futuro, preparando el terreno para lo que un día podría llamarse el milagro rwandés.

Vea también nuestros videos extraَídos de la película 7 días en Kagali de Mehdi Ba y Jérémy Frey, 2014.

Con este artículo, El Correo observa el Día Internacional de reflexión sobre el genocidio tutsi de 1994 en Rwanda (7 de abril).

Foto: Marie Moroni – fotógrafa

Alphonse Nkusi

Analista principal de medios de comunicación en el Consejo de Gobernanza de Rwanda en el pasado, Alphonse Nkusi (Rwanda) es redactor de New Vision, uno de los dos principales periódicos de Uganda, y profesor de Comunicación Social en la Universidad de Makerere (Uganda).