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Entrevista

Las Áfricas móviles de Alain Mabanckou

Adentrándose en un “vivero tricontinental”, Alain Mabanckou examina el pasado para esclarecer el presente. ¿Cómo leer la historia colonial? ¿Qué sentido debe darse a la restitución del patrimonio cultural africano? ¿Dónde queda el novelista en todas estas cuestiones? El escritor franco-congolés se refiere a estos temas con toda simplicidad.

Entrevista realizada por Ariane Poissonnier, periodista francesa

Usted reparte su tiempo entre tres países: el Congo, Francia y Estados Unidos. ¿Cómo vive esta situación?

¡Como una ventaja! Esta cultura tricontinental me ha permitido enfrentarme a la variedad del mundo y descubrir lo que yo llamo las “Áfricas móviles”. Para empezar, un África móvil dentro del continente: cuando vivía en el Congo conocí a africanos occidentales, lo que me hizo tomar conciencia de la diversidad de África. Cuando llegué a Francia, descubrí el mundo occidental, pero también a los africanos que se habían establecido allí mediante los viajes, la colonización y las migraciones: un África móvil en Europa. Y cuando estoy en Estados Unidos, veo mi continente a través de un prisma que me permite discernir las sombras ondulantes de otra África móvil, deportada por la esclavitud y la Trata. Conocí este mundo afroamericano en la ciudad de Nueva York de la mano de Richard Wright, Chester Himes y James Baldwin, los escritores del Renacimiento de Harlem, un movimiento que ellos lanzaron en la primera mitad del siglo XX y que revolucionó el llamado pensamiento negro.

Así pues, me deslizo en esta suerte de vivero tricontinental para extraer lo que pueda explicar el mundo de mañana... El mundo de mañana es la suma de las diferentes culturas.

Algunos dicen que hoy el sistema neoliberal es tan hegemónico que ni siquiera tenemos las palabras necesarias para criticarlo....

Francamente, no me identifico con tales afirmaciones. Esto significaría que todas las herramientas de la crítica habrían sido corrompidas por el sistema neoliberal... No soy tan pesimista. Siempre hay maneras de contrarrestar un sistema y, a veces, es entrando en el vocabulario de dicho sistema, deconstruyéndolo, demostrando su vacío como puede surgir una nueva forma de pensar. Que el maní tenga cáscara no significa que yo no vaya a romperla para ver qué tiene dentro y luego comérmelo.

Tomemos el ejemplo de las civilizaciones africanas: han utilizado el pensamiento occidental para instalar un pensamiento africano. El movimiento de la negritud nació en Europa, en la mente de estudiantes negros y antillanos que habían venido a estudiar en Francia. Uno de ellos, el senegalés Léopold Sédar Senghor, ingresó en la Academia Francesa. ¿Y quién puede cuestionar la universalidad del Cahier d’un retour au pays natal (Cuaderno de un retorno al país natal) del antillano Aimé Césaire o la fuerza de los análisis del martiniqués Frantz Fanon, en Peaux noires, masques blancs (Piel negra, máscaras blancas)? Ambos combatieron el sistema colonial y sus corolarios desde dentro, y lo hicieron con las herramientas que les había proporcionado el colonialismo.

Recientemente, usted escribió en Instagram “Los belgas están tratando de relatar su historia colonial”, luego de visitar el AfricaMuseum de Bélgica. ¿Por qué?

Un museo es como un individuo: al elegir su vestimenta, envía un mensaje que puede ser sincero o tendencioso. Algunas personas usan peluca. Uno puede enamorarse de una hermosa cabellera y sentir una profunda decepción al comprobar que es falsa. De igual manera, cuando entras en este museo, piensas que es muy bello y finalmente... nada. Por más que di vueltas y más vueltas, no vi los brazos cortados de la época de Leopoldo II.

Es cierto que el museo dio la palabra a algunos descendientes de africanos para que tuvieran oportunidad de relatar sus vivencias: es un detalle positivo. No ocurre lo mismo en Francia, donde, en cuanto se menciona la historia colonial, todo el mundo se altera y se refugia tras Jules Ferry, que sipuestamente nos aportó el alfabeto.

Pero si se les hubiera encargado a los africanos la realización de este mismo museo... bueno, desde la puerta de entrada hasta la de la salida, habrían mostrado al hombre blanco azotando al hombre negro, metiéndolo en las bodegas de los navíos, saqueando el continente, construyendo un ferrocarril donde la gente muere. Y, en mi caso, también habría escrito en Instagram que “están tratando de escribir su historia colonial”.

El colonizado presentará la versión apocalíptica de la colonización, el occidental su versión supuestamente civilizadora. De todo esto hay que hacer una síntesis. Por el momento, contamos con interpretaciones subjetivas.

¿Son importantes las medidas para devolver el patrimonio cultural a los países africanos que se adoptan actualmente en Francia?

Aprecio el informe de Felwine Sarr y Bénédicte Savoy sobre la restitución del patrimonio cultural africano [entregado a la presidencia de la República el 23 de noviembre de 2018], pero hay que ver qué ocurre en la práctica.

La restitución plantea la misma pregunta: ¿cómo releer nuestra historia colonial? ¿Por qué, en los libros de historia de Francia y de Europa, nunca hace referencia a estos objetos saqueados? El colonizador cometió un gran error al pensar que nuestras creaciones artísticas carecían de valor. Hoy día, se nota la carencia de esos elementos de formulación de una cosmovisión universal.

Los africanos simplemente quieren que se les reconozca que el imaginario del mundo también incluye los elementos de la cultura africana que fueron saqueados, y que no existiría, por ejemplo, un movimiento surrealista si sus pintores no hubieran entrado en contacto con el arte africano. Más allá de la restitución, se plantea la cuestión del reconocimiento de África como potencia artística.

¿La literatura africana ocupa el lugar que le corresponde en la literatura mundial?

La literatura africana en francés es joven, ni siquiera tiene cien años, necesita tiempo para afirmarse. Lo interesante es que ha sido capaz de seguir el camino de la globalización: tiene en cuenta la dimensión fragmentada del mundo y se incorpora al gran diálogo que se está produciendo, aquí y allá, en torno a los desafíos sociales de nuestro tiempo.

¿Se siente a veces portavoz de África?

Eso sería pretencioso. Es cierto que siempre me halaga ver que cada vez más africanos, incluidos los anglófonos, me leen, se entusiasman y se identifican con lo que escribo. Les agradezco a través de relatos que hablan de su mundo. Querría que la gente no me viera como un portavoz –sería un destino demasiado mesiánico–, sino que pensara que los libros que escribo los estamos realizando juntos.

Podría haberse convertido en abogado. En 1989, obtuvo una beca y dejó a su modesta familia en Pointe-Noire para estudiar derecho en Francia.

Mis padres querían que fuera juez o abogado. La Universidad de Nantes aceptó mi solicitud de inscripción: estudié Derecho privado durante un año y luego me trasladé a París para concluir una tesis de postgrado en derecho económico y social en la Universidad Dauphine.

Pero la escritura se impuso al derecho. Es una tarea celosa que soporta mal la competencia. Entonces, cuando mis padres fallecieron, tuve la sensación de que ya no tenía a nadie ya a quien hacer sentir orgulloso...

¿Hubo un día en que se dijo: “Quiero escribir”?

Comencé a escribir poemas en la escuela secundaria, y básicamente sólo quería hacer poesía. Al mismo tiempo, no sabía que la escritura pudiera ser una actividad principal. Para mí, servía para calmar mi angustia, para controlar la soledad. Para el hijo único que fui se convirtió en confesión y en una forma de rechazar el mundo como estaba escrito en el presente, para inventar mi propia versión...

Tal vez ahí es donde comenzó la escritura, aunque soy incapaz de precisar el momento en que tomé conciencia de que era eso lo que debía hacer. Seguí escribiendo, pensando que trabajaría, y que al mismo tiempo, de vez en cuando, escribiría... Al hacerlo de forma regular, estaba preparándome para una actividad que se convertiría en primordial y obsesiva.

Antes de publicar su primera novela Bleu blanc rouge (Azul blanco rojo), en 1998, publicó cuatro colecciones de poemas... ¿Cómo se articulan las novelas y la poesía?

La poesía corresponde al alma romántica de los adolescentes, es el asiento de los primeros amores, el momento en que cuentas tus decepciones, cuando te enamoras de Lamartine, Hugo, Vigny o cualquier otro poeta romántico. Además, la poesía era una materia popular en mi país, con grandes autores nacionales, como Tchicaya U Tam’si. Descubrimos realmente la novela sólo con la publicación, en 1979, de La Vie et demi (La vida y media) de Sony Labou Tansi, a quien considero el mejor escritor del Congo. Con ella supimos que también podíamos decir algo que no formara necesariamente parte del dolor personal. En la novela, el estado de ánimo ya no pertenece al novelista: pertenece al personaje.

Su amigo, el escritor haitiano Dany Laferrière, dice que cuando se trata de creación, “el talento es importante, pero lo más importante es el valor”. ¿Hay que osar para crear?

El valor es todo lo que no se ve en una obra literaria... Una novela o un poemario son productos terminados. No vemos en ellos las tribulaciones del autor, su angustia, sus condiciones de vida, sus grietas interiores.... Si no tienes valor, si no tienes obstinación ni obsesión, entonces ¡el talento no vale nada!

Escribir una novela significa pulir cada frase y volver a ella tantas veces como sea necesario para expresar realmente lo que uno siente. El coraje al que se refiere Dany Laferrière es sinónimo de obsesión y fuerza. El escritor está obsesionado con el proyecto estético que lleva adelante y utiliza todas sus fuerzas para defenderlo dentro de su universo imaginario.

Cuando se escribe, ¿uno se desnuda?

Sí, pero también está el coraje político, la temeridad de exponerse. La escritura no es un paseo ameno, sino un camino escarpado, con baches, barro, agua de lluvia y guijarros. Los que no tienen el coraje suficiente calzan botas. El escritor camina descalzo y llega al final del sendero, aunque esté cubierto de heridas. Cumplió el proyecto que llevaba dentro, la fuerza del mundo a la que quería dar a luz, ¡lo hizo!

 

Con esta entrevista, El Correo se adhiere a la celebración del Día Mundial de África (25 de mayo).

Más información:

Descubra el Correo Poético

Historia General de África

La Ruta del Esclavo

 

Alain Mabanckou

Nacido en 1966 en Pointe-Noire, capital económica del Congo, Alain Mabanckou se ha convertido en una figura prominente del mundo literario francófono. Profesor de literatura en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), ocupó la cátedra de creación artística en el Collège de France en 2015 y 2016. Ha recibido numerosos premios en todo el mundo y su obra está traducida en una treintena de idiomas. En 2018 publicó en Francia su duodécima novela, Les cigognes sont immortelles (Las cigüeñas son inmortales).