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Norouz, las semillas del Año Nuevo

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Celebración de Norouz al pie de la fortaleza de Hisor, Tayikistán, en 2018.

Desde el culto de Osiris en el antiguo Egipto hasta las ceremonias del solsticio de verano en Cerdeña, pasando por la de Santa Bárbara en el Líbano maronita y las de Piramalai Kallar en Tamil Nadu, provincia de Madrás, en el sur de la India, muchos ritos se basan en el simbolismo de la semilla germinada. Los brotes de trigo, cebada o lenteja también están en el centro de Norouz, el Año Nuevo de los pueblos que formaban parte del Imperio Persa, celebrado cada primavera por unos 300 millones de personas en todo el mundo. Pero, ¿por qué las semillas se arrojan al agua?

Salvatore D’Onofrio

En las creencias de todos los pueblos del mundo, cada año, cuando se cierra el ciclo temporal, existe el gran riesgo de que la humanidad perezca. Por lo tanto, es necesario realizar ritos que nos permitan trascender en ese momento. Ahí radica el origen de las celebraciones de Año Nuevo, a menudo festejadas con la llegada de la primavera, que anuncia el renacimiento de la naturaleza. Norouz, que literalmente significa el nuevo día, es una de ellas.

Sus orígenes, que se remontan al menos a dos milenios, continúan siendo poco claros, pero la tradición pervive y está muy arraigada en todos los países que formaban parte del Imperio Persa.

En Irán, corazón de la antigua Persia, los preparativos comienzan dos o tres semanas antes del Año Nuevo: las mujeres empiezan a "sacudir" las casas, es decir, a hacer una limpieza muy concienzuda. El martes previo a la celebración, los hombres organizan juegos que consisten en saltar por encima de hogueras. En cuanto a los niños, reunidos en pequeños grupos, se colocan máscaras y llaman a todas las puertas, tras las cuales les esperan pasteles y algunas monedas. Esta tradición recuerda a Halloween, una fiesta que ahora se asocia con el día de Todos los Santos en el mundo anglosajón y celta, así como a Koleda, fiesta eslava que, con el paso del tiempo, se ha convertido en parte de la celebración de la Navidad.

Pero volvamos a Irán. Llegado el día del equinoccio de primavera, el inicio de las celebraciones se anuncia al son del tambor de Haji Firouz, una suerte de bufón del rey con rostro ennegrecido. La tabla de los "siete elementos" (haft sin) se prepara en todas las casas, incluso en las de la diáspora. Los nombres de estos siete elementos comienzan con la letra 's' (sin): sabzeh (brotes de trigo, cebada, lentejas y otros cereales), sir (ajo), sib (manzana), summak (zumaque), senjed (ziziphus), serkeh (vinagre) y samanu (crema obtenida por la cocción prolongada de brotes de trigo previamente molidos).

A veces se añade un espejo (ainé), tortas o monedas. El Corán puede tener su lugar en la mesa (ha reemplazado al Avesta, el libro sagrado de los zoroastrianos), pero también la poesía. El Diván de Hafez, por ejemplo, el poeta místico persa célebre por haber memorizado el Corán, se utiliza a menudo para la adivinación.

La comida familiar se prepara con pescado y arroz, pero la parte central de la mesa sigue siendo el lugar del sabzeh. Las mujeres sembraron las semillas en platos dentro de las casas al comienzo de las celebraciones y luego las regaron constantemente para que germinaran el Día de Norouz.

¿Por qué estos brotes?

Los orígenes de los brotes rituales son difíciles de precisar. Los indicios más antiguos se remontan a los "lechos de Osiris" (u Osiris vegetativo) del Egipto ptolemaico, una tradición consistente en depositar figurillas en las tumbas que representaban, en posición reclinada, al dios de los muertos y de la resurrección a la vida eterna. Las estatuillas estaban hechas de tierra amasada con agua y granos de cebada.

En la antigua Grecia, en el siglo V, las semillas se plantaban en macetas de barro o cestería, llamadas ‘jardines de Adonis’, que luego brotaban bajo el sol abrasador del verano. El amante mortal de Afrodita, la diosa del amor, era así honrado cada año a mediados de julio, durante el ritual de las adonías.

Por otro lado, no existe indicio alguno sobre brotes rituales en el Avesta. Ni en los escritos persas relacionados con Norouz. Ni siquiera entre los parsis, iraníes de la religión mazdeista que huyeron por oleadas sucesivas a la India debido a la conquista árabomusulmana de Persia, en los siglos VII y VIII.

Sin embargo, las semillas germinadas siguen allí, ocupando el lugar central de la mesa de los "siete elementos", alrededor de la que se reúnen cada primavera unos 300 millones de personas de todo el mundo.

Es concebible que la tradición de los brotes se haya difundido desde el sur de la India, donde aún se utilizan en diversos rituales. Según el etnólogo francés Louis Dumont, entre los Pramalai Kallar de la provincia de Madrás, las mujeres que quieren ver cumplidos sus votos, desfilan llevando sobre la cabeza ollas que contienen diversas cosas, entre ellas brotes obtenidos tras hacer "germinar en la oscuridad durante una semana siete o nueve semillas en algún recipiente".

Tradición judeo-cristiana

Los brotes también ocupan un lugar central en varias festividades europeas. En la Provenza francesa, el 4 de diciembre, día de Santa Bárbara, es tradicional plantar granos de trigo de la cosecha anterior en tres cuencos, para hacerlos germinar y colocarlos en la mesa de la "gran cena" el 24 y luego dejarlos en el pesebre. La misma tradición existe en Líbano, entre los católicos maronitas de etnia árabe, y en Sicilia, entre los habitantes de Castelbuono, en la provincia de Palermo.

El 19 de marzo, los sicilianos adornan también con brotes las "mesas de San José", en las que se colocan hasta 101 platos, para celebrar tanto las virtudes de la pobreza, representada por el santo, como las de la riqueza, representada por el trigo, en particular por el pan que se hace en esta ocasión según recetas muy elaboradas.

En el sur de Italia, el Jueves Santo antes de Pascua, se colocan brotes en el altar del repositorio donde, según la liturgia católica, se celebra la Eucaristía. La comunidad judía de Roma perpetúa una costumbre ritual de los brotes que se remonta a la Edad Media, durante las fiestas de Rosh Hashanah y de Yom Kippur.

Nuestra gira europea termina el 21 de junio, el día del solsticio de verano, en Cerdeña, en la pequeña ciudad de Bari Sardo. Vemos alli una columna de mujeres que llevan en la cabeza brotes, llamados nenniri, en cuencos coronados por una imponente estructura de caña, decorada con panes finamente moldeados y frutas de temporada. Las mujeres marchan por las calles hacia el mar, donde arrojan sus nenniri.

El día decimotercero

También en el sur de la India, las mujeres, en procesión, llevan brotes en la cabeza y, al final del recorrido ceremonial, bailan a su alrededor antes de sumergirlos en el agua.

En la antigua Grecia, los jardines de Adonis se arrojaban en las fuentes o en el mar después de haberlos llevado por las terrazas de los tejados, al igual que los iraníes mazdeístas siguen haciéndolo hoy en día en Yazd, y en otros lugares de Irán.

El decimotercer día después de Norouz, en Irán, todo el mundo sale a pasar una jornada al aire libre: comen, juegan, cantan, y cumplen el último acto ritual de arrojar los brotes al agua corriente... no sin que antes las jóvenes hayan trenzado algunas hebras y formulen el deseo de encontrar marido en el año que comienza.

Noruz es uno de esos ritos que reúnen a sociedades distantes entre sí, tanto en el espacio como en el tiempo, pero que ven en el retorno cíclico de la vegetación un símbolo de la reproducción de la vida. Pero si la germinación simboliza la renovación, la semilla lleva en sí todos los males del año que llega a su fin. Debemos deshacernos de ellas, dejando que las aguas las arrastren lejos de nosotros.

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Nauryz, Navruz, Nawrouz, Nevruz, Nooruz, Novruz, Nowrouz, Nowruz! Transcripciones todas ellas de una misma palabra, que designa el día de Año Nuevo celebrado en partes de Afganistán, Azerbaiyán, India, Irán, Irak, Kazajstán, Kirguistán, Pakistán, Tayikistán, Turkmenistán, Turquía y Uzbekistán. En 2009, el festival fue inscrito como parte del patrimonio cultural inmaterial protegido, antes de ser extendido a nuevos países en 2016. Desde 2010 se le dedica un Día Internacional, el 21 de marzo.

 

Salvatore D’Onofrio

Profesor de la Universidad de Palermo, Salvatore D'Onofrio (Italia) es miembro del Laboratoire d'anthropologie sociale (Laboratorio de antropología social) del Collège de France, donde coordina los Cahiers d'anthropologie sociale (Cuadernos de antropología social) y el grupo de trabajo Archives du Nouvel an (Archivos del Nuevo Año) en París. Es autor del libro Le matin des dieux: du Nouruz persan aux Pâques chrétiennes (La mañana de los dioses. Del Norouz persa a la Pascua cristiana), 2018.