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Lenguas indígenas, conocimientos y esperanza

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Festejos para celebrar el final de la cosecha en los arrozales de las cordilleras de Filipinas, sitio del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Para los pueblos indígenas, las lenguas no son únicamente símbolos de identidad y pertenencia a un grupo, sino también vehículos de valores éticos. Constituyen la trama de los sistemas de conocimientos mediante los cuales estos pueblos forman un todo con la tierra y son cruciales para su supervivencia. El futuro de sus jóvenes depende de ellas.

Minnie Degawan

La situación de las lenguas indígenas es el reflejo de la de sus hablantes. En muchas regiones del mundo están al borde de la extinción. El principal factor es la política de los Estados. Algunos gobiernos han procurado deliberadamente borrarlas del mapa, penalizando su uso, como en América, por ejemplo, en las primeras épocas del colonialismo. Otros países siguen negando hoy la existencia de poblaciones indígenas en su territorio: sus lenguas se ven relegadas a la condición de dialectos y están desvalorizadas en relación con los idiomas nacionales, lo cual las condena a una muerte segura.

Pero el principal motivo de la dramática situación en la que se encuentran las lenguas indígenas es la amenaza que pende sobre la existencia misma de sus hablantes.

¿Qué amenazas?

La principal amenaza para la supervivencia de los pueblos indígenas proviene del cambio climático, que afecta gravemente a sus economías de subsistencia. Además, los proyectos denominados “de desarrollo” ‒ represas, plantaciones, minas y otras actividades extractivas ‒ causan estragos, al igual que las políticas que combaten la diversidad y fomentan la homogeneidad. Los Estados tienen una mayor tendencia a penalizar las opiniones discordantes, y la violación de derechos aumenta: somos testigos de un alza sin precedentes del número de indígenas acosados, detenidos, encarcelados e incluso ejecutados sumariamente por haber osado defender sus territorios.  

Pero lo que a menudo se olvida, cuando se evocan estas amenazas, es su repercusión en las culturas y los valores autóctonos. Los pueblos indígenas derivan sus identidades, valores y sistemas de conocimientos de la interacción con el medio, los mares o los bosques. Sus lenguas son el producto de ese entorno, ya que las formas de describir lo que les rodea constituyen la base de su especificidad lingüística. Cuando ese medio se modifica, la cultura y la lengua se ven afectadas.

Los inuits, por ejemplo, tienen unos cincuenta términos para describir la nieve en sus diferentes estados. Al ser esta su principal elemento natural, los nativos han adquirido un conocimiento profundo de ella. Lo mismo ocurre con los igorotes de la cordillera en Filipinas cuando hablan del arroz, desde que es solo una semilla hasta que las espigas están maduras para la cosecha, pasando por el aspecto de los granos recién cocidos y listos para el consumo, y el alcohol que se obtiene de ellos.

Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación podrían contribuir a mejorar el proceso de aprendizaje y convertirse en un instrumento de preservación de las lenguas vernáculas. Lamentablemente, no es así. Habida cuenta de que los pueblos indígenas son considerados minoritarios, las políticas estatales de preservación lingüística suelen hacer caso omiso de sus idiomas. En Filipinas, por ejemplo, el gobierno permite el uso de las lenguas maternas en la escuela, pero no financia ni los docentes ni los materiales que permitirían que los niños indígenas aprendiesen en su idioma. Resultado: los alumnos terminan por dominar otra lengua y pierden la suya propia.

Valores perdidos

Tras largos años de discriminación, muchos padres indígenas han acabado por fomentar la comunicación y la educación de sus hijos en las lenguas dominantes, a fin de crearles condiciones óptimas para el éxito social. Como su lengua materna es utilizada solo en las conversaciones entre personas mayores, los nietos ya no pueden comunicarse con sus abuelos.

Entre los igorotes, por ejemplo, el concepto de inayan establece fundamentalmente qué comportamiento adoptar en diversas circunstancias. Resume la relación del individuo con la comunidad y los ancestros. La palabra no se limita a exhortar que se haga lo correcto: establece que “los espíritus o los ancestros no aprobarán” un comportamiento censurable. Como muchos jóvenes desconocen ahora su lengua materna, este valor tradicional se pierde. La falta de diálogo entre los jóvenes y sus mayores tiene consecuencias nefastas, no solo para la lengua, sino también para los principios éticos ancestrales.

Mantener vivos los idiomas

Sin embargo, el reconocimiento cada vez mayor, a escala mundial, de los sistemas de conocimientos de los pueblos indígenas reaviva la esperanza de que nuestras lenguas se revitalicen y difundan, tanto de forma oral como escrita. Muchas comunidades indígenas ya han instaurado sus propios mecanismos para hacerlas renacer. Los ainus, en Japón, crearon un sistema de aprendizaje en el que los ancianos enseñan su lengua a los más jóvenes. Las escuelas de la tradición viva, abiertas en diferentes comunidades indígenas de Filipinas, mantienen vivos también los idiomas y otros vectores culturales que permiten la transmisión de valores tradicionales a las generaciones futuras.

Este número de El Correo contribuye de forma sustancial a los esfuerzos realizados a escala mundial para que se preste mayor atención a las lenguas de los pueblos indígenas. Es un valioso complemento del trabajo publicado en 2018, por la UNESCO y Cambridge University Press, con el título Indigenous Knowledge for Climate Change Assessment and Adaptation (Conocimientos indígenas para la evaluación y adaptación al cambio climático), que resalta el carácter crucial de los conocimientos indígenas para afrontar los nuevos desafíos mundiales.

Imagen: Jacob Maentz

Minnie Degawan

Perteneciente al pueblo igorote, del grupo kakanaey, en la cordillera filipina, Minnie Degawan dirige el programa Pueblos indígenas y tradicionales de Conservation International en Virginia (Estados Unidos). Desde hace muchos años, aboga por el reconocimiento y el respeto de los derechos de los pueblos indígenas, y participó en diversos procesos de toma de decisiones, entre ellos la redacción de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (DNUDPI).