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Se alquila patrimonio: ¿una buena idea?

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Velada de jazz en Villa Ocampo en 2016

Actualmente existe una gran cantidad de sitios de reconocido prestigio, inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial, que pueden ser alquilados por ricos particulares para una boda o una fiesta privada. ¿No se corre el peligro de dañar a estos lugares de alto valor cultural? No, explica Alfredo Conti. Para este arquitecto argentino, especializado en la conservación del patrimonio, es incluso una manera de atraer un nuevo público hacia la cultura.

Entrevista a Alfredo Conti realizada por Frédéric Vacheron (UNESCO)

¿Es aceptable que hoy en día algunos monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO se alquilen para eventos privados?

La cuestión del uso de los sitios patrimoniales, en la que su función de origen se ha perdido o ha cambiado con el tiempo, merece una reflexión. Es así como encontramos, por ejemplo, estaciones de ferrocarril convertidas en museos o conventos y edificios históricos que funcionan como hoteles.

En un edificio patrimonial hay valores históricos y culturales. Los atributos que transmiten esos valores pueden ser materiales, como el diseño del edificio, su forma o sus componentes constructivos; o inmateriales, como los usos que ha tenido a lo largo del tiempo, o las tradiciones vinculadas a él. Un principio básico para el uso actual de edificios patrimoniales es que las nuevas funciones resulten compatibles con la preservación de esos atributos y valores.

Hubo una época en que al patrimonio se le daba un cierto carácter sacro, sobre todo a los sitios más significativos desde el punto de vista histórico o artístico artístico: debían permanecer prácticamente inmóviles en un momento de su historia, siendo un museo el único uso posible.

Pero no todos los edificios patrimoniales pueden ser destinados a museo, sobretodo porque conservar el patrimonio cuesta dinero. En muchos casos es el Estado el que financia el mantenimiento, las reparaciones y la conservación. El cobro del ingreso, la venta de souvenirs o de libros o el servicio de cafetería pueden ser una fuente de financiación, pero lo cierto es que, en general, los fondos obtenidos no son suficientes. A menudo los organismos gubernamentales no disponen de presupuestos muy altos. De ahí aparece esta nueva tendencia, en todo el mundo, a dedicar los sitios y monumentos a eventos privados. Por supuesto, siempre con restricciones al tipo de uso, sectores habilitados, número de asistentes y horarios de apertura. Existen numerosos ejemplos en el mundo: el Palacio real de Caserta, en el norte de Nápoles, monumento italiano inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial; o el palacio de Schönbrunn, también protegido por la UNESCO. Asimismo, el palacio de Belvedere en Viena (Austria); el museo Rodin o la casa de Victor Hugo en París (Francia), donde se organizan bodas. El palacio de Versalles, sitio emblemático del patrimonio mundial, se puede alquilar para un tipo determinado de eventos.

En América, podemos citar el caso de Bogotá, en Colombia. El barrio de la Manzana Cultural, en el centro histórico, contiene varios museos importantes instalados en edificios coloniales:  Una vez concluido el horario de apertura, se pueden alquilar las instalaciones. Cerca de Washington D.C., en Estados Unidos, se encuentra la casa de George Washington, Mount Vernon, muy importante para la historia del país y, sin embargo, de fácil acceso: se puede reservar una noche a través de internet.

¿El alquiler de estos espacios aporta alguna otra ventaja que la recaudación de fondos?

Considero que la actividad puede ser también beneficiosa a nivel cultural, cuando este tipo de eventos atrae a un público que habitualmente no visita estos lugares y le permite descubrir un lugar, lo que puede generar el deseo de volver y descubrirlo más en profundidad.

Varios documentos internacionales mencionan que el patrimonio debe cumplir una función útil a la sociedad. Las Normas de Quito, formuladas en 1967 por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS), hacen hincapié en el valor económico del patrimonio, sugiriendo que los monumentos históricos pueden ser vistos como atracciones turísticas y, de la misma forma que los recursos naturales, contribuyen al desarrollo económico de una nación. Desde hace más de cincuenta años sabemos que el patrimonio no es solamente un recurso cultural sino también económico. Debe servir para generar un ingreso que contribuya a la conservación del mismo

El Observatorio UNESCO Villa Ocampo permite el alquiler de parte de sus instalaciones para eventos privados. ¿Cuál es su apreciación sobre el manejo que realizamos de esta actividad?

Villa Ocampo presenta un protocolo de utilización muy eficaz: una zonificación del lugar establece qué sectores se pueden usar y bajo qué condiciones; asimismo, no está permitido el uso de las salas patrimoniales para eventos privados.

La escritora argentina Victoria Ocampo no consideraba su casa como un museo sino como un lugar lleno de vida, donde recibía invitados y organizaba encuentros y recepciones. Hoy, cuando se alquila su casa, es como si su historia se perpetuara.  

 

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Foto: Villa Ocampo

Alfredo Conti

Arquitecto y experto en patrimonio cultural, Alfredo Conti (Argentina) ha sido de 2010 a 2017 vicepresidente del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS). Director académico del posgrado “Patrimonio y Turismo Sostenible” de la Cátedra UNESCO de Turismo Cultural en Buenos Aires (Argentina) e investigador de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires. Dirige igualmente el Centro de Investigaciones Turísticas de la Universidad Nacional de La Plata.