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Sandy Koffler, un hombre de talento y convicción

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Sandy Koffler en su oficina de la UNESCO, en los años 1970.

Este año se cumplen 70 años de la publicación del primer número de El Correo de la UNESCO. Para conmemorar la ocasión, la revista rinde homenaje a su fundador, Sandy Koffler (1916-2002), invitando a su nieta, Aurélia Dausse, a evocar sus recuerdos y compartir algunas páginas de sus cuadernos de notas.

Aurélia Dausse

De mi abuelo conservo la imagen de un hombre rodeado de libros. Siempre tenía un diccionario a mano. Cabe mencionar que era políglota. Dominaba el inglés, el francés, el español, el portugués, el italiano, el hebreo y el mandarín. Con frecuencia lo veía hacer anotaciones en un gran diccionario negro, su diccionario de chino, el idioma que más apreciaba y del cual terminó conociendo siete dialectos. Señalo un hecho singular en su casa: podíamos escribir en los diccionarios. Con él, el libro cobraba vida. Mucho más que una herramienta, era un miembro más de la familia que se invitaba a nuestra mesa en cualquier momento de la comida.

Brillante, entusiasta, imaginativo y curioso, Sandy siempre aprendía y disfrutaba del placer de estudiar con su familia y con cualquiera. Esto es lo que hizo a lo largo de su vida de periodista, y especialmente en el seno de El Correo de la UNESCO.

Sandy falleció en 2002. Nos dejó un tesoro, que descubrí hace poco cuando quise investigar mi historia familiar: su diario de guerra, sus cartas, cuadernos, fotografías, la colección completa encuadernada de El Correo... tantos fragmentos de vida que cuentan el increíble viaje de este hombre de excepción. Me emociona muchísimo poder rendirle homenaje aquí, en estas páginas de la revista que fundó y dirigió durante 30 años, desde febrero de 1948 hasta enero de 1977.

Nueva York - París: ida y vuelta

Sandy Koffler nació en Nueva York, hijo de una pareja de inmigrantes provenientes de la ciudad de Chernovitz, en la región de Bucovina, en Rumania (hoy Ucrania). Llegaron a Estados Unidos, como muchos, pasando por Ellis Island, la pequeña isla que albergaba los servicios federales de inmigración. Su padre, Berl Koffler, tras unos comienzos modestos (vendió agua de Seltz en la calle), se convirtió en un reconocido rabino de la ciudad. Se mudó al distrito de Williamsburg, donde nació Sandy el 24 de octubre de 1916.

Después de educarse en el City College de Nueva York, Sandy obtuvo una beca para continuar sus estudios en la Sorbona de París. En 1940, siendo estudiante en Burdeos, el consulado estadounidense le aconsejó que dejara Francia debido a su condición de judío. Apasionado por la cultura francesa y el idioma francés, dudó en hacerlo, especialmente porque tenía una relación amorosa en Burdeos. Además, estaba convencido de que su nacionalidad estadounidense lo protegería. Pero cuando los alemanes invadieron Francia, finalmente se marchó a Marsella y pudo tomar uno de los últimos barcos con rumbo a Estados Unidos. Como éste se detuvo un tiempo en Portugal, Sandy aprovechó la oportunidad para aprender portugués.

La experiencia neoyorquina

De regreso a Nueva York, se convirtió en editorialista a tiempo parcial del semanario America y aprendió técnicas de impresión. Al mismo tiempo, asistió a los seminarios del antropólogo francés Claude Lévi-Strauss en la New School for Social Research. Este último también había abandonado Francia antes del comienzo de la Ocupación, así que se hicieron amigos.

Ambos se reencontrarán años más tarde en París, uno como jefe de redacción de El Correo, el otro como uno de los artífices de la primera Declaración de la UNESCO sobre la raza (1950), y autor del libro Raza e historia (1952), un gran clásico de la literatura antirracista. Sandy Koffler invitó regularmente a Claude Lévi-Strauss a colaborar en la revista durante la década de 1950, por lo que muchos de los artículos fundamentales del antropólogo se publicarían primero en El Correo antes de ser incluidos en sus obras de referencia.  [Ndlr: en 2008 se publicó un número especial de El Correo que reúne la mayoría de sus artículos bajo el título de “Claude Lévi-Strauss: Miradas distantes”].

El clima de guerra alentó a Sandy a enrolarse y trabajar para el ejército estadounidense en la División de la Guerra Psicológica (DGP). Se formó también en la Oficina de Información de Guerra (OWI), una agencia de noticias del gobierno de Estados Unidos deseosa de aplicar los métodos modernos de propaganda masiva para difundir ideas pacifistas. Enviado a Rabat (Marruecos) embarcó en uno de los “buques de la libertad” del Ejército de Estados Unidos destinados a reabastecer a las fuerzas aliadas durante la batalla del Atlántico. Allí trabajó como periodista radial y director de información de la radio La voz de América, donde elaboró un programa de difusión las veinticuatro horas del día con informaciones provenientes del mundo entero. En 1944, anotó en su cuaderno: “No puedo decir hasta qué punto amo este trabajo, me parece útil y siento que vale la pena”.

A continuación fue enviado a Italia, donde dirigió un periódico cuya meta era informar al público sobre el avance de los aliados y promover la paz. Su nombre es Corriere di Roma, Corriere di Venezia, Corriere di Veneto, o Corriere dell’Emilia (Bolonia), según la ciudad o la región liberada en la que se publicaba.

Nacimiento de El Correo

Al final de la Segunda Guerra Mundial, Sandy Koffler volvió a Francia y se interesó en una nueva organización internacional cuyo objetivo era difundir la paz a través de la ciencia y la cultura en un mundo traumatizado y que apasionaba a los círculos intelectuales de todas las latitudes: la UNESCO. Su sede se encuentra en París, en el hotel Majestic, concretamente en el número 19 de la avenida de Kléber. La Organización publica El Monitor, un cuadernillo mensual en blanco y negro, de dos páginas, en inglés, francés y español. El joven periodista y editorialista propone sus servicios y es contratado el 26 de octubre de 1947.

Apenas un par de semanas después, más precisamente el 19 de noviembre, presenta a Harold Kaplan, primer director de la Oficina de Información Pública de la UNESCO, un proyecto de revista, con línea editorial, periodicidad, perfil de las secciones, número de columnas, extensión de los artículos, tipografía... En resumen, un esquema completo de lo que se convertiría en otro corriere, el de la UNESCO.

“El trabajo de la UNESCO es muy variado, su programa contiene tantos temas vitales e importantes en los campos de la educación, la ciencia y la cultura que no existirá dificultad alguna en reunir artículos vivos e interesantes”, escribió. Ambicioso, no quiso limitar el contenido de la revista únicamente a las acciones de la UNESCO, sino ofrecer a sus lectores una síntesis de la prensa internacional, entrevistas a personalidades de la Organización y el mundo de la cultura y las ciencias, presentar artículos de fondo escritos por expertos de todo el mundo. Propuso contratar redactores cualificados para las ediciones francesa y española, para que no fueran meras réplicas y parientes pobres de la inglesa. Además, se comprometió a “poner la revista dentro de los estándares que permitieran su venta al público en general”.

En un tiempo récord Sandy logró éxito en todos los frentes. El primer número de El Correo de la UNESCO, un periódico ilustrado de ocho páginas repletas de material, fue publicado por la imprenta del New York Herald Tribune en París, en febrero de 1948. Se propuso a los lectores internacionales una suscripción de seis meses por medio de agentes repartidos en 15 países de Europa, Asia y América. Así nació uno de los primeros periódicos internacionales del mundo.


Sandy Koffler (segundo desde la izquierda) con el equipo de El Correo en su primera sede en el hotel Majestic en París (1946-1958)

El auge de El Correo

La vocación internacional de la publicación se afirmó en 1957 con la primera edición hecha fuera de la sede parisina, publicada en Moscú. Quedó así abierto un camino que emprendieron otros países. En 1960, aparece en Berna (Suiza) la edición alemana. En 1961, fue el turno de la edición árabe en El Cairo (Egipto) y de la edición japonesa en Tokio. Luego, en 1963, el de la edición italiana en Roma. En 1967, se lanzaron dos ediciones en hindi y tamil, en India. De 1968 a 1973, se publicaron ediciones en hebreo, persa, holandés, portugués y turco. Cuando Sandy se retiró en febrero de 1977, El Correo se publicaba en 15 idiomas. Y en 1988 llegó a un máximo de 35.

Para Sandy, multiplicar el número de versiones lingüísticas de El Correo constituía una forma de construir puentes. He aquí lo que declaró en Madrás (hoy, India) en la presentación de la edición tamil: “En el pasado, las naciones estuvieron centradas sobre sí mismas, desde hace veinte años, los países, dondequiera estén situados en el mundo, miran más allá de sus fronteras para trabajar juntos por la paz. Tal es el mensaje que la UNESCO y el que toda la familia de las Naciones Unidas desea difundir. Esta tarde tuve el privilegio de reunirme con el jefe de ministros [de Tamil Nadu]. Me informó que Madrás está listo para tomar la delantera y nos dio luz verde para la producción de una edición de El Correo en tamil. Como jefe de redacción, este anuncio me embarga de felicidad”.

La lealtad de Sandy

Sandy Koffler fue indiscutiblemente un gran profesional con un sólido sentido de las relaciones interpersonales. Amigo cercano de personalidades que marcaron el siglo XX como el antropólogo suizo Alfred Métraux o el ingeniero y pintor estadounidense Frank Malina, ambos colegas suyos de la UNESCO, fue apreciado por los primeros siete Directores Generales de la Organización. Uno de ellos, René Maheu (1961-1974) dijo de Koffler: “su talento nunca se separa de sus convicciones”.

Voluntarioso y carismático, trabajador infatigable al servicio de los ideales de paz de la UNESCO, teniendo siempre cuidado de permanecer políticamente neutral, incluso ante el aumento de las tensiones internacionales durante la Guerra Fría, Sandy Koffler fue una personalidad inflexible: “Nunca aceptó ninguna orden, ni siquiera de los más altos diplomáticos y políticos estadounidenses; era intransigente, inquebrantable… y ello también le causó problemas”, recuerda su segunda esposa, Pauline Koffler.

En un documento administrativo de la UNESCO de 1959, pude leer estas palabras sobre mi abuelo: “Su competencia profesional, sus cualidades técnicas, su talento creativo, su iniciativa y su imaginación lo convierten en un periodista y jefe de redacción de una clase superior. Tiene un agudo sentido de la responsabilidad, una profunda conciencia profesional, cualidades innegables de organizador; en suma, la capacidad de liderazgo necesaria”.

Otro documento mucho menos formal, que no está fechado ni firmado, revela otro aspecto de su personalidad: “Es cierto que la lealtad de Sandy a la UNESCO, las Naciones Unidas y sus ideales eran evidentes y sin fisuras. Recuerdo que cada año tres colegas –Émile Delavenay Thor Gjesdal y Sandy Koffler– a los que rara vez se veía juntos en la ciudad, se reunían los 24 de octubre a mediodía en un restaurante de París para celebrar juntos sus respectivos cumpleaños y hacer un brindis especial por el aniversario de la entrada en vigor de la Carta de las Naciones Unidas”.

Por mi parte, siempre he admirado a mi abuelo, su inteligencia y su personalidad. Le estoy agradecida por haberme transmitido su apego a los valores humanistas, su amor por los libros y su curiosidad por las culturas de todo el mundo.

Indagar en sus archivos personales y profesionales me despertó el deseo de relatar en un documental, que estoy preparando, la apasionante historia de este estadounidense enamorado de Francia, que dijo siempre: “Por encima de todo soy ciudadano del mundo”.

 

Lea más:

 

Artículos de Sandy Koffler publicados en El Correo de la UNESCO:

Hace un año las Naciones Unidas decidieron la defensa de la seguridad colectiva (1951)

Biblioteca infantil: paraíso de los chiquillos de Sao Paulo (1953)

Rabindranath Tagore: “Sucumbí al encanto de las líneas” (1957)

Kenzo Tange y la futura megalópolis (1968)

Aurélia Dausse

Cineasta, guionista y actriz franco-estadounidense, Aurélia Dausse es la nieta del fundador de El Correo de la UNESCO, Sandy Koffler.