Gran angular

Libertades humanas y pensamiento hindú

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Foto de la serie Homenaje a la India del fotógrafo griego Giannis Papanikos.Giannis Papanikos.

Criticando el acento puesto por los occidentales sobre la razón y la ciencia, que han acompañado al surgimiento de la doctrina europea de los derechos humanos, el politólogo indio S. V. Puntambekar considera que “nos hará falta renunciar a ciertas supersticiones de la ciencia y de la razón, que, por lo que ellas tienen de material y de limitadas, hacen al hombre demasiado apegado a este mundo, y proponer al hombre valores y fines espirituales más altos. Algunos extractos de su texto “El concepto hindú de los derechos del hombre”, su respuesta a la encuesta de la UNESCO sobre los fundamentos filosóficos de los derechos humanos, enviada en mayo de 1947.

Shrikrishna Venkatesh Puntambekar

 

El verdadero objeto de estudio de la humanidad es el hombre. Hay algo más en el hombre de lo que está a la vista en su conciencia y en su comportamiento comunes y dentro de determinado mundo circundante, algo que forja ideales y valores vitales. Hay en él una presencia espiritual más refinada que hace que no le satisfagan los afanes puramente terrenales. La condición ordinaria del hombre no es su ser verdadero. Posee un “yo” más profundo, llámese alma o espíritu. En cada ser existe una luz y una inspiración que ningún poder es capaz de extinguir, que es benigna y tolerante, que es el verdadero hombre. A nosotros nos incumbe descubrir ese ser interior, protegerlo y emplearlo en bien del hombre y de la humanidad. En la naturaleza de este ser esta el buscar lo verdadero, lo bueno y lo hermoso de la vida, el apreciarlos bien y el luchar por ellos incesantemente.

Pero debemos observar que hay también en la voluntad humana un elemento imprevisible y en la naturaleza del hombre una complejidad sin fin. Ningún sistema, ningún orden ni ley alguna pueden satisfacer las profundas y potenciales exigencias de una gran personalidad, sean ellas religiosas, políticas, sociales o intelectuales. Frecuentemente los hombres están dotados de gran energía potencial y de un poder creador que no puede encerrarse dentro de los límites de las viejas fórmulas y doctrinas. No hay disciplina fija que pueda acomodarse a las posibilidades que van surgiendo de las nuevas manifestaciones humanas, en el campo psicológico lo mismo que en el ético o en el espiritual. No hay sistema que pueda satisfacer las necesidades, cada vez mayores, de una personalidad dinámica. En todo sistema queda siempre algo en que no se ha pensado, algo que no se ha descubierto. De ahí que queramos libertad para el hombre, que queramos libertades humanas.

La libertad permite el pleno desarrollo de la personalidad

En la vida humana tienden siempre a surgir nuevos valores y nuevos ideales. No hay fórmulas fijas ni sistemas que alcancen a satisfacer las necesidades y las visiones de los grandes pensadores de todos los pueblos y de todos los tiempos. La libertad es indispensable porque la autoridad no es creadora. La libertad posibilita plenamente el desarrollo de la personalidad y crea las condiciones necesarias para su crecimiento. Ninguna uniformidad, ninguna conformidad o comprensión de todos los aspectos de la vida podrá ser suficiente. La actual centralización de la autoridad, su burocracia y dictadura de partido, su complejidad y estandarización dejan poco campo al pensamiento y a su desarrollo independientes a la iniciativa y a la libre elección. [...]

¿Seremos capaces de escuchar un llamado a la libertad nacional y a la libertad humana si somos tan rígidos, tan inflexibles, fanáticos e intolerantes en nuestra actitud política, religiosa, cultural y económico-social? Como no logramos imponer nuestras leyes y nuestros sistemas en todos los países y continentes, algunos de entre nosotros alimentamos todavía sentimientos de superioridad y odio, de coerción y dominio para con nuestros prójimos.

Por eso debemos, antes que nada, “ser hombres” para poder después establecer el contenido, las cualidades e interrelaciones de las libertades humanas. Debemos respetar la humanidad y la personalidad y tolerar nuestras diferencias y los modos de comportamiento interior y exterior de otros grupos humano; y ayudarnos mutuamente en las dificultades y en las grandes empresas.

No cabe duda de que es muy necesario y deseable hablar de los derechos del hombre en la India, pero, en vista de los complejos socio-culturales y religioso-políticos que tanto predominan hoy día, apenas si es posible tal cosa. No hay ya seres humanos en el mundo actual, sino solo hombres religiosos, hombres raciales, hombres de castas, hombres de grupos. Nuestra intelligentsia y nuestras masas corren ávidamente en pos de los privilegios raciales, del fanatismo religioso y de la intolerancia social. En una palabra, estamos viviendo una silenciosa guerra de exterminio entre grupos opuestos. Nuestras clases y nuestras comunidades piensan en conquista y dominio, no en unión mutua y cooperación civil. Hay ahora una guerra continua entre los grupos y comunidades, entre los gobernantes y los gobernados, en nuestro cuerpo político y en nuestro cuerpo social. Todo concepto de humanidad y tolerancia ha desaparecido de ellos. Toda noción de humildad y respeto; en su lugar, dominan el fanatismo y la intolerancia.

El mundo de hoy está loco. Persigue la destrucción y el despotismo, la conquista del orbe y el nuevo orden mundial, el despojo y el robo universales. El monstruoso odio que ha surgido en contra de la vida del hombre y de sus creaciones ha eliminado todo sentido de humanidad, de amor al hombre, en el mundo de la política de nuestros días. Pero ¿habremos de renunciar por eso a “ser hombres” ahora y siempre? Lo que queremos es liberarnos de la miseria y la guerra, del temor y del fracaso de la vida. Queremos, asimismo, liberarnos de ese concepto según el cual el Estado, la comunidad y la Iglesia lo absorben todo y fuerzan a los individuos a determinados y preestablecidos modos de vivir. Y al mismo tiempo deseamos también libertad de pensamiento y expresión, de movimiento y asociación, de educación y de progreso intelectual y moral. Dentro de cualquier plan definido y ordenado de vida, debemos tener el derecho a la resistencia pacífica y a la autonomía, para poder así desarrollar nuestro ideal del buen vivir humano.

La búsqueda de valores espirituales más altos

Para esto tendremos que renunciar a algunas de las supersticiones de la ciencia material y de la razón limitada que hacen al hombre demasiado terrenal, y deberemos introducir metas y valores espirituales más elevados para la humanidad. Sobre esta base deberemos entonces organizar nuestra vida social en todos sus aspectos. No aspiramos únicamente a las condiciones materiales de una vida feliz, sino también a las virtudes espirituales de una vida buena. Las exigencias de la tecnocracia económica, de la burocracia política y de la idiosincrasia religiosa están destruyendo la libertad del hombre.

Grandes pensadores como Manu y Buda insistieron en cuales deben ser las garantías necesarias al hombre y cuales las virtudes que debe tener. Propusieron un código de diez libertades o virtudes esenciales, que son necesarias para una vida recta. Estas libertades y virtudes no solo son básicas, sino que abarcan más que las establecidas por cualquier pensador moderno. Manu y Buda definen cinco libertades o garantías sociales y cinco cualidades o virtudes individuales.

Las cinco garantías sociales son: 1) vivir libres de violencia (Ahimsa); 2) protección contra la necesidad (Asteya); 3) protección contra la explotación (Aparigraha); 4) protección contra la violación o deshonra (Avyabhichara); y 5) libre de muerte prematura y enfermedad (Armitatva y Arogya).

Las cinco cualidades o virtudes individuales son: 1) ausencia de intolerancia (Akrodha); 2) compasión o sentimiento altruista (Bhutadaya, Adroha); 3) sabiduría (Jnana, Vidya); 4) libertad de pensamiento y de conciencia (Satya, Sunrta); y 5) libre de miedo, de insatisfacción o de desesperación (Pravrtti, Abhaya, Dhrti).

Una comprensión más completa de la libertad

Las libertades humanas requieren,  como contrapartida, virtudes o normas de convivencia. El pensar solo en las libertades y no en las virtudes correspondientes llevaría a un concepto cojo de la vida, a un estancamiento y hasta empeoramiento de la personalidad y también al caos y conflicto en la sociedad. Este dualismo de la vida humana - sus libertades y virtudes o controles, sus seguridades y posesiones - debe comprenderse y establecerse en cualquier esquema que se elabore para el bienestar del hombre, de la sociedad y de la humanidad. Por sí mismos, el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad, o sea la búsqueda de la felicidad, no son suficientes; ni lo es tampoco, por si misma, la seguridad de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Las libertades y virtudes humanas deben ser más precisas y deben abarcar más, si han de ayudar al desarrollo físico, psíquico y espiritual del hombre y de la humanidad.

A fin de evitar esta guerra abierta y latente de mutuo exterminio nacional e internacional, debemos crear y desarrollar un nuevo tipo de hombre o ciudadano, asegurado y provisto de estas diez libertades y virtudes, que son los valores fundamentales de la vida y la conducta humanas. De lo contrario, nuestras libertades fracasaran en su objeto y en su misión de liberar al hombre y a su cultura psíquica y moral del inminente desastre que amenaza a toda la civilización humana, desastre que pueden causar las armas mortíferas de la ciencia y las inhumanas máquinas, ideologías y credos de los poderes despóticos.

Los habitantes de la India queremos también liberación del dominio extranjero y de la guerra civil. El dominio extranjero es una cosa condenable. Nuestra patria ha sufrido bajo él por centenares de años. Pero, nuevo o viejo, debemos condenarlo. Debemos tener en nuestra patria un gobierno propio, bajo un sistema centralizado, representativo y responsable. Solo así podremos sobrevivir.

Sé que los hombres dominados por ideas rígidas acerca de las culturas y las religiones no pueden sentir el llamado a la libertad nacional o humana. Pero no por ellos ni por sus prejuicios podemos renunciar a metas y aspiraciones más elevadas.
 

Foto: Giannis Papanikos

Shrikrishna Venkatesh Puntambekar

Profesor de Historia y Ciencias Políticas de la universidad hindú de Varanasi (Benarés), el indio S.V. Puntambekar también fue presidente de la Asociación India de Ciencias Políticas.