Gran angular

Democratizar la IA en África

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Narcisurfing Netizenship (2015), escultura de Maurice Mbikayi, artista de la República Democrática del Congo que se interesa en particular por el impacto de la tecnología contemporánea en la sociedad, principalmente en África.

Tiene treinta y dos años. Nació y creció en Senegal, donde realizó estudios universitarios de matemáticas y física. Obtuvo su maestría en inteligencia artificial (IA) en Francia y en Canadá, antes de regresar a París para realizar su doctorado. Hace dos años ingresó en el Grupo de Investigación de Inteligencia Artificial de Facebook (FAIR, por sus siglas en inglés), organismo que establece desde 2013 sus laboratorios de investigación básica en todo el mundo: Nueva York, Menlo Park (California), Seattle, París, Montreal… Esta es, en resumen, la trayectoria de Moustapha Cissé, quien nos habla de sus investigaciones, motivaciones y esperanzas.

Entrevista a Moustapha Cissé realizada por Katerina Markelova

¿Cuáles son los proyectos en los que usted trabaja en el laboratorio parisino de FAIR?

Los temas que me interesan en especial son la fiabilidad, la equidad y la seguridad de la inteligencia artificial (IA). En 2017, con un grupo de colegas fuimos los primeros en elaborar algoritmos [Houdini] que permiten evaluar la solidez de los sistemas inteligentes, independientemente del medio de comunicación utilizado: sonido, vídeo u otro.

La solidez de los algoritmos es fundamental para la seguridad de los productos de IA. ¡Imagínese lo que sucedería si alguien malintencionado quisiera cambiar el algoritmo que conduce su vehículo autónomo! Cualquier sistema informático puede sufrir ataques del exterior (piratería, modificación maliciosa), por lo cual es fundamental asegurarse de su capacidad para resistir esos ataques.

Otros trabajos, que he publicado recientemente con un colega, consisten en dotar a los algoritmos inteligentes de la capacidad de tratar equitativamente a todos los seres humanos, es decir, que sus comportamientos no sean diferentes según se trate de un hombre o de una mujer, de un negro o de un blanco, etc.

En otras palabras, trato de hacer que los algoritmos sean no sólo lo más fiables posible, sino también que estén adaptados lo más posible a las necesidades y valores de la sociedad humana a la que deben servir.

Algunos estudios han demostrado que los sistemas de reconocimiento facial funcionan mejor con los rostros de europeos que con los de africanos, por ejemplo. Lo mismo ocurre con los sistemas de IA que permiten identificar cánceres de piel: dan mejores resultados con los pacientes blancos que con los pacientes negros. Se observó además que algunos sistemas funcionan mejor con hombres que con mujeres. Hay, por lo tanto, toda una dimensión axiológica que se pasó por alto durante el diseño de esos sistemas. Procuro, junto con otros colegas, incorporar esta dimensión desde el comienzo de la construcción de los modelos de IA en los que trabajamos. Éste es un aspecto muy importante del desarrollo de la IA, si queremos que sea capaz de ofrecer las mismas ventajas para todos.

Usted ha dicho que la comunidad de investigadores en el campo de la IA debería dejar de interesarse exclusivamente en los problemas del hombre blanco

Yo llamo “problemas del hombre blanco” a todos esos avances tecnológicos que son realidad en occidente y producto de la fantasía en otras partes, como los vehículos autónomos, por ejemplo. En África, pero también en varias regiones de Asia o de América del Sur, la gente tiene otros problemas que resolver diariamente, cuyas soluciones dependen de tecnologías mucho menos sofisticadas y por lo tanto inexistentes. Creo que, como comunidad científica, podríamos tener un impacto mucho mayor si nos ocupáramos de los problemas de esa gente para brindarles soluciones.  

Concretamente, ¿cómo piensa usted que puede mejorarse la vida de las personas a través de la IA?

Cuando usted ofrece a las personas la posibilidad de acceder a la información que necesitan para relacionarse con los demás, integrarse más rápidamente en un entorno, encontrar trabajo, etc., está mejorando su vida. Si utiliza la IA para diagnosticar sus enfermedades en una fase más temprana y proponer terapias, también está mejorando su vida.

La IA ya está cambiando muchas industrias y desearía que fuera puesta a disposición de todos los que la necesitan –y no sólo de una parte de la población mundial– para enfrentar los diferentes retos de este siglo. Por mi parte, trato de que se hagan avances en ese sentido, dentro de mis posibilidades. Y sigo convencido de que la comunidad de investigadores en el campo de la IA está dando pasos de gigante.

¿Cómo lograr que los más desfavorecidos accedan a esos avances tecnológicos?

Para que esta tecnología esté al alcance de todos, debe ser enseñada en todas partes. Es a través de la educación que se logrará ponerla a disposición de quienes la necesitan. Yo le garantizo que si se brindan los medios, la gente sabrá encontrar las soluciones adaptadas a sus propios problemas.

Desde hace tres años enseño IA, con un grupo de amigos, en los cursos de verano organizados en África por Data Science Africa, un grupo profesional de divulgación de conocimientos sin fines de lucro. Todos los veranos, durante una semana o dos, iniciamos en las diferentes técnicas de IA a estudiantes y docentes interesados en descubrir esta disciplina científica.

El año pasado pusimos en marcha, con otros amigos, la iniciativa Black in AI (Negro en IA), que nos permitió reunir a más de 200 investigadores negros (sin contar a los estadounidenses) en la trigésima edición de la mayor conferencia científica del mundo en materia de IA, Neural Information Processing Systems (NIPS 2017). En los años anteriores no llegábamos ni siquiera a diez, de un total de más de cinco mil participantes.

Así pues, a nuestro modesto nivel, tratamos de democratizar la IA y el acceso a la información sobre esta disciplina. Soy consciente de que no es suficiente y de que se necesitan acciones a mayor escala, pero sigo siendo optimista.

¿Se trata de iniciativas que usted emprende por cuenta propia o en el marco de su trabajo en FAIR?

Son iniciativas que emprendí personalmente con amigos, pero recibí apoyo logístico y financiero de parte de Facebook que, entre otras cosas, patrocinó en gran medida la participación de unos cincuenta jóvenes investigadores africanos en la conferencia mencionada anteriormente.
 

Foto: Maurice Mbikayi