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El archipiélago de Colón: los habitantes se movilizan

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Foto de la serie Génesis del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, tomada en las Galápagos (Ecuador) en 2005.

¿Qué nos imaginamos cuando pensamos en las Islas Galápagos? ¿Tortugas gigantes, iguanas marinas, pinzones, Darwin y su teoría de la evolución? Por supuesto. Pero las Galápagos son también una comunidad de 28.000 habitantes repartidos en sus cuatro islas: Santa Cruz, San Cristóbal, Isabela y Floreana. Gracias a una población implicada en la gestión participativa y sostenible de los recursos del Archipiélago de Colón – otro nombre con el que se conoce a las Galápagos- alrededor de 240.000 turistas pueden venir cada año a visitar este paraje ecuatoriano. Las Islas Galápagos son Patrimonio mundial desde 1978 y reserva de biosfera inscrita desde 1984 en la Red Mundial de Reservas de Biosfera de la UNESCO.

Situado a 1.000 km del continente, el archipiélago, que cobija uno de los ecosistemas marinos más ricos del mundo, se compone de trece grandes islas, además de 147 islotes y peñascos, que se formaron hace cuatro millones de años. De hecho, la mayoría son cumbres de volcanes submarinos, que se elevan más de 3.000 metros desde el fondo del océano Pacífico. De una superficie de 7.500 km2, la reserva de biosfera del archipiélago Colón-Galápagos cubre por completo la superficie terrestre del Parque Nacional de Galápagos.

Galápagos es uno de los casos más representativos en que el ser humano y su medio natural pueden interactuar de forma armoniosa, beneficiándose mutuamente. Ejemplo de esto es la estrategia de gestión de la reserva de la biosfera. La producción local de alimentos beneficia la economía local, respetando el ecosistema y evitando la introducción de especies invasoras que ponen en peligro la biodiversidad endémica.

En el centro de la reserva, el Parque Nacional de Galápagos es un ejemplo de éxito en la gestión participativa. Esta permite que las poblaciones locales vivan de manera sostenible de los recursos ofertados por actividades como la pesca, la ganadería, el turismo y el ocio, gracias a acertados planes de gestión que comprenden la producción local de alimentos y el reciclaje de desechos.


Escena del mercado de pescado de Santa Cruz, en las Galápagos (Ecuador), en marzo de 2018.

Tomemos el ejemplo del café. Una cooperativa creada en 2015 agrupa a agricultores, tostadores y comerciantes con el fin de mejorar la producción y la comercialización de las ocho variedades de café arábica cultivadas desde hace un siglo en las islas, a 250 metros sobre el nivel del mar. Famoso por su sabor, el café de Galápagos se vende siete veces más caro que el del continente. Los procesos de producción (sin pesticidas), cosecha y transformación respetan las normas para la protección ambiental. Esto hará que próximamente, reciba la certificación de denominación de origen.

En cuanto al reciclaje de desechos sólidos, hace diez años que el gobierno municipal de la isla de Santa Cruz multiplica y coordina varias iniciativas. Ha puesto en marcha programas de educación y sensibilización ambiental y ha prohibido el uso de materiales en polietileno o la importación de botellas de cerveza o de bebidas gaseosas en embalajes que no se puedan reciclar.

Pero todas estas iniciativas deben su éxito sobre todo a lugareños que se implican en estos proyectos de protección y conservación del medio ambiente. Los artesanos aprovechan los materiales reciclables para fabricar objetos. Los albañiles utilizan adoquines o bloques de vidrio reciclado en la construcción de casas. Los pescadores se movilizan para prohibir el uso de redes de plástico y recogen ellos mismos los desechos que contaminan el mar. Al mismo tiempo, todos los habitantes acuden a limpiar las playas de manera regular. Desde 2017, se ha logrado reciclar el 50% de los desechos sólidos a través de un programa de selección y reciclado de desechos en el que participa de forma activa la población local.

Gracias al proyecto BRESEP (Reservas de la Biosfera como una herramienta para la gestión de zonas costeras e islas en el Pacífico Sur Oriental), el Programa sobre el Hombre y la Biosfera de la UNESCO (MAB) trabaja con el gobierno de Ecuador, el Parque Nacional Galápagos y las comunidades locales para extender la reserva de biosfera en 138.000 km2, incluyendo la Reserva Marina de Galápagos, que es un verdadero santuario de vida marina. Lugar de confluencia de varias corrientes marinas, donde se mezclan aguas frías y cálidas, la Reserva Marina de Galápagos alberga una diversidad de especies endémicas, pero también especies que provienen de diferentes zonas del océano Pacífico.

El proyecto BRESEP, financiado por el Gobierno de Flandes del Reino de Bélgica, fortalece y promueve la creación de reservas de biosfera como herramientas de prácticas innovadoras y adecuadas desde el punto de vista social, cultural y ambiental. Además, impulsa la creación de una red de colaboración e intercambio de información y experiencias sobre la pérdida de biodiversidad, la gestión de las zonas costeras y el desarrollo sostenible. En particular, el proyecto se ocupa de las zonas costeras y las islas del Pacífico suroriental en Chile, Colombia, Ecuador, Panamá y Perú. Estos esfuerzos contribuyen a mejorar los medios de subsistencia de la población de la región.

Artículo publicado con motivo de la trigésima sesión del Consejo del MAB que tiene lugar en Palembang (Indonesia) del 23 al 28 de julio de 2018.

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Hombre y naturaleza reconciliados

Foto: Sebastião Salgado