Gran angular

Con el cambio climático, el riesgo de nuevos conflictos

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Anciana desplazada en 2008 por el conflicto de Sudán, esperando la ración de ayuda alimentaria de emergencia.

Los efectos del cambio climático en el paisaje físico del mundo modifican la situación geopolítica y desestabilizan a regiones vulnerables como la del Cuerno de África. También pueden mermar la capacidad de algunos países para autogobernarse y crear conflictos inesperados. A diferencia de otros factores internacionales de riesgo para la seguridad, el cambio climático puede ser modelado con un grado elevado de predictibilidad. Pero del dicho de predecir al hecho de estar preparado hay un largo trecho.

Caitlin E. Werrell and Francesco Femia

El ritmo de las alteraciones provocadas por el cambio climático –elevación del nivel del mar, retroceso del hielo ártico, deshielo de los glaciares, variabilidad extrema de las precipitaciones y aumento de la frecuencia e intensidad de las tempestades– hace que las sociedades humanas tengan que afrontar situaciones inéditas. Todas esas dinámicas van a tener repercusiones en los recursos básicos –hídricos y alimentarios, en particular– de los que dependen la subsistencia, la seguridad y la prosperidad de las poblaciones y naciones del planeta, así como en el orden mundial construido por ellas. Se observa ya una agravación del debilitamiento de los Estados y de los problemas de seguridad en varias regiones clave del mundo: conflictos en el Oriente Medio y África, tensiones en las zonas de pesca del sur del mar de China y apertura de un nuevo campo de batalla, político y económico, en un océano Ártico donde el hielo se está derritiendo.

El cambio climático modifica el paisaje físico y geopolítico del mundo. Si los gobiernos no son capaces de atenuar ese efecto, los riesgos de conflictos e inestabilidad van a aumentar y serán más difíciles de controlar. La península del Cuerno de África es particularmente vulnerable a este respecto, debido a sus carencias estructurales y los altos riesgos que el cambio climático supone para ella. Por eso es de temer que sea una de las regiones donde hay más probabilidades de que se produzcan conflictos y situaciones de inestabilidad.

Un epicentro frágil

Con el paso del tiempo y las presiones ejercidas por las condiciones demográficas, económicas y políticas existentes, las repercusiones del cambio climático en los recursos naturales pueden mermar considerablemente la capacidad de un país para autogobernarse. Esta capacidad estriba en su aptitud para satisfacer las necesidades de sus ciudadanos en recursos básicos: alimentos, agua, energía y empleo. De esta aptitud se deriva lo que se denomina “legitimidad generada” por el Estado. Cuando esta legitimidad se halla en peligro, puede contribuir al debilitamiento de las instituciones estatales y al desencadenamiento de conflictos internos, e incluso al desmoronamiento del propio Estado. Desde este punto de vista, el cambio climático puede representar un grave problema para la estabilidad y legitimidad de los estados del Cuerno de África, una región que ya afrontaba un sinnúmero de dificultades antes de que surgieran las provocadas ahora por el cambio climático.

El presidente de Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha confirmado recientemente la existencia de todos esos problemas en una Declaración hecha pública en enero de 2018, en la que se dice, entre otras cosas, lo siguiente: “El Consejo de Seguridad es consciente de los efectos nefastos que tienen los cambios climáticos y ecológicos, sumados a otros factores, en la estabilidad del África Occidental y de la región [del Sahel], y en particular de los efectos de factores como la sequía, la desertificación, el deterioro de los suelos y la inseguridad alimentaria, e insiste en que es preciso que los gobiernos y las Naciones Unidas adopten estrategias adecuadas de evaluación y gestión de riesgos para afrontar todos esos factores”.

Según el Índice de Fragilidad de los Estados del Fondo para la Paz, en la región del Cuerno de África se hallan algunos de los estados más vulnerables del planeta: Eritrea, Etiopía, Kenia, Somalia, Sudán y Sudán del Sur. También se observan en esta región algunos de los indicios más evidentes de una vinculación entre el cambio climático y la existencia de conflictos entre comunidades de agricultores y pastores, provocados por las condiciones climáticas actuales que agravan las sequías y agudizan la variabilidad de los recursos hídricos.

Una sequía tan extrema y prolongada como la que sufrió Somalia en 2011 a causa del cambio climático puede tensar aún más una situación ya un tanto explosiva por la escasez de recursos básicos. Esto puede acentuar las tiranteces y conflictos entre comunidades, así como provocar éxodos de poblaciones que tienen repercusiones negativas en los precios del ganado y otros bienes. También puede agravar la malnutrición, las epidemias y la inseguridad alimentaria (más información en la revista American Journal of Agricultural Economics, Volumen 96, N° 4, 1 de julio de 2014, págs. 1157-1182).

Las tensiones creadas en un país por la limitación del acceso a los recursos alimentarios e hídricos pueden extenderse inesperadamente a países limítrofes, ya que algunas poblaciones se desplazarán a ellos en búsqueda de los recursos y condiciones seguridad de que se ven privados. Esto tiene por consecuencia ejercer una presión suplementaria sobre los recursos de esos países y puede amplificar aún más las tensiones. En casos como éste, el cambio climático no es el causante directo de los conflictos ocasionados por la limitación del acceso a los recursos hídricos, por ejemplo, pero sí multiplica la presión ejercida sobre los recursos naturales y, por lo tanto, aumenta los riesgos de conflictos. Si no mejoran la buena administración y gestión de los recursos naturales, las situaciones de este tipo van a proliferar cada vez más en el futuro.

Modificación del panorama geopolítico

Estudios, modelos y previsiones recientes indican, con una precisión cada vez mayor, que las condiciones de seguridad se pueden deteriorar extremadamente y las posibilidades de estallidos de conflictos pueden aumentar, si no se hace nada para atenuar los efectos del cambio climático. Además, numerosos trabajos de investigación han puesto de relieve la correlación existente entre el cambio climático, la creciente variabilidad del régimen de precipitaciones lluviosas y el aumento de los riesgos de estallido de conflictos. Se dan diferentes situaciones en las que los efectos del clima y las cuestiones de seguridad confluyen, creando así las bases de un nuevo panorama geopolítico. Con respecto al Cuerno de África cabe mencionar:

‣ La elevación del nivel del mar y la vulnerabilidad de las ciudades costeras

La urbanización progresa rápidamente en el Cuerno de África, incluso en las zonas del litoral. Hay ciudades costeras en plena expansión que son vulnerables a la elevación del nivel del mar. Por ejemplo, en Yibuti, Mombasa (Kenia) y Mogadiscio (Somalia) el mar podría anegar infraestructuras urbanas esenciales, contaminar los recursos de agua dulce con agua salada y menguar los terrenos cultivables, lo que provocaría un desplazamiento masivo de poblaciones.

‣ La peligrosidad de las rutas marítimas

El golfo de Adén es un paso crucial de las rutas mercantiles marítimas que bordean las costas de los países del Cuerno de África. En la medida en que el cambio climático ha disminuido las ya de por sí escasas posibilidades económicas de la región, es previsible que los actos de piratería se intensifiquen a lo largo de esa ruta. Algunos trabajos de investigación han puesto de manifiesto que los países donde se registra una elevada incidencia de la piratería –Eritrea y Somalia, en particular– figuran también entre las naciones con mayor índice de vulnerabilidad climática del continente africano. Este inquietante panorama de superposición de varios tipos de riesgos puede hacer que se prolongue la situación de quiebra en que se hallan los estados del Cuerno de África.
 

‣ La disminución de los recursos pesqueros y la seguridad alimentaria

El calentamiento y la acidificación de los océanos contribuyen a la migración de las especies marinas y al agotamiento de las reservas pesqueras, incluso en las zonas costeras del Cuerno de África. No obstante, por falta de un seguimiento exhaustivo de estos fenómenos en la región no se tiene un conocimiento exacto de la amplitud de sus repercusiones. La alteración de la temperatura y de la composición química de los océanos puede incrementar la probabilidad de un brote de tensiones internacionales entre los Estados y entre las poblaciones del litoral. Hay una seria probabilidad de que se desencadenen conflictos por la pesca, habida cuenta de que las flotas de los respectivos países faenan en las aguas territoriales de sus vecinos o se disputan los mermados bancos de pesca de las aguas internacionales.

‣ Las migraciones

En África y otras partes del mundo, las sequías y otros factores conexos incitan a las poblaciones afectadas a emigrar. Los que no disponen de medios para hacerlo corren el riesgo de verse totalmente “atrapados” en sus territorios, o de hallarse en la imposibilidad de desplazarse a lugares más seguros. En el futuro, la disminución de las precipitaciones lluviosas y el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos pueden acelerar y amplificar los movimientos migratorios en el Cuerno de África. Según Robert McLeman, profesor de la Wilfrid Laurier University (Canadá), “es muy probable que en tiempos venideros los Estados políticamente frágiles sean epicentros de migraciones forzosas y acontecimientos violentos relacionados con el clima” (Epicenters of Climate and Security, junio de 2017). De hecho, doce de los veinte países más frágiles, pertenecen a regiones de África, Asia meridional y Oriente Medio, zonas en las se prevé un agravamiento considerable de la escasez de recursos hídricos a causa del cambio climático. Cinco de ellos se encuentran en la región del Cuerno de África: Eritrea, Kenia, Somalia, Sudán y Sudán del Sur.

‣ La militarización del agua

Las alteraciones provocadas por el cambio climático en la disponibilidad de recursos hídricos ‒escasez o problemas de acceso a ellos‒ han hecho que algunos Estados y entidades no estatales utilicen el agua como arma de guerra. Según un reciente estudio de Marcus King, profesor de la George Washington University (Estados Unidos), Somalia es un país especialmente vulnerable al peligroso conglomerado que forman el cambio climático, los conflictos armados y la conversión de los recursos hídricos en objetivos militares (Epicenters of Climate and Security, junio de 2017). King nos relata que en 2011, cuando varias regiones de Somalia fueron asoladas por sequías imputables al cambio climático, “el grupo yihadista Al-Shabab escogió ese momento para cambiar su táctica de guerra de guerrillas y cortar los abastecimientos de agua de las ciudades liberadas, mostrando así por lo menos que todavía era una fuerza presente en el conflicto armado. El cambio climático, la penuria de víveres y la prolongación del conflicto con la conversión de los recursos hídricos en blancos de ataques militares tuvieron graves consecuencias para las poblaciones. Las acciones de Al-Shabab hicieron todavía más difícil la ayuda de las entidades humanitarias a las poblaciones afectadas y todo acabó en un desastre: 250.000 muertos y centenares de miles de desplazados”.

Un atisbo de esperanza

Aunque las sequías y los fenómenos meteorológicos extremos no sean una novedad en el Cuerno de África, la velocidad de los cambios y el acortamiento del intervalo de recuperación entre dos desastres naturales van a intensificar las presiones que se ejercen sobre gobiernos que están ya al límite de sus posibilidades. Esta dinámica puede hacer que sean más probables y duraderos los desequilibrios de las estructuras estatales y los conflictos armados. Sin embargo, nos queda un pequeño resquicio para albergar esperanzas: a diferencia de otros riesgos para la seguridad internacional, el cambio climático puede ser modelizado con un grado de certidumbre relativamente alto.

Aunque todavía subsisten incertidumbres importantes en lo que respecta a la predictibilidad del clima a nivel local, las previsiones de los modelos climáticos nos proporcionan una idea bastante exacta de lo que nos depara el futuro. Sin embargo, esta mayor capacidad para predecir cómo serán los tiempos venideros no nos conduce de por sí a estar preparados para afrontarlos. El binomio “riesgo sin precedentes + previsibilidad sin precedentes” pone de relieve, por consiguiente, la conveniencia de reconocer la “Obligación de estar preparados” (informe presentado al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en diciembre de 2017). Corresponde a las instituciones subnacionales, nacionales e intergubernamentales pertinentes asumir la tarea de fortalecer la resiliencia climática en el Cuerno de África. De no ser así, se comprometería gravemente la estabilidad de esta región y la del resto del mundo.

 

Más información en:

Epicenters of Climate and Security

Caitlin E. Werrell y Francesco Femia

Fundadores y presidentes del Center for Climate and Security (Centro para el Clima y la Seguridad), un organismo independiente de estudios políticos con sede en Washington D.C. (Estados Unidos). Cuenta con un Consejo Consultivo y un equipo integrados por destacados especialistas en seguridad y cuestiones militares. Es el único organismo existente dedicado a estudiar los riesgos en materia de seguridad ocasionados por el cambio climático