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Tawakkol Karman: “Toda mi acción se guía por la no violencia”

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Retrato de Tawakkol Karman (2017) perteneciente a la exposición “Manos para la paz” de Séverine Desmarest.
La paz sin justicia sólo puede ser precaria, como un alto el fuego o una tregua provisional que preludian acontecimientos posteriores aún más horrorosos. Este es el parecer de Tawakkol Karman, militante feminista yemení y Premio Nobel de la Paz 2011, que participó en la conmemoración del Día Internacional de la No Violencia celebrada el 2 de octubre de 2017 en la sede de la UNESCO.
 

 Anissa Barrak y Chen Xiaorong

 
¿Qué entiende usted por no violencia? ¿Qué repercusiones tiene la resistencia civil pacífica en los países víctimas de conflictos complejos?
 
La violencia política consiste en recurrir a la fuerza para alcanzar objetivos políticos o religiosos, con vistas a imponer a la sociedad una modificación de sus creencias, opiniones o comportamientos. Otra violencia de ese tipo es el uso de la fuerza para resistir a una ocupación. Yo no preconizo en modo alguno esta segunda clase de violencia, aunque debo reconocer que es difícil condenarla.
 
Estoy convencida de que la no violencia es el medio más eficaz para luchar contra las tiranías y solucionar conflictos complejos. Se puede recurrir a ella en todo  momento, siempre y cuando nos armemos de fe y valor por una causa justa y nos entreguemos a ella con abnegación. Con la no violencia siempre será mucho menos cruento el precio a pagar por los cambios logrados y éstos serán más profundos y eficaces. Los que optan por la violencia para conseguir cambios no siempre consiguen lo que anhelan. En lo que a mí respecta, toda mi acción se guía por la no violencia. La he adoptado como discurso, enfoque estratégico y práctica a la vez. Jamás me aparto de ella y considero que no hay otra alternativa posible.
 
En su calidad de periodista y activista, ¿se centra usted ante todo en la defensa de los derechos humanos?
 
Mi meta es muy clara: contribuir al establecimiento de Estados democráticos que respeten las libertades y los derechos humanos. Esto solamente se puede conseguir luchando contra las tiranías que violan esos derechos y en favor de la construcción de Estados cuyos cimientos sean el civismo, el imperio de la ley y la integridad de las instituciones. Esa lucha la llevo a cabo de diferentes formas en el seno de la sociedad civil y para difundir mi mensaje aprovecho todas las tribunas a mi alcance: medios informativos, foros sobre derechos humanos, debates políticos, etc.
 
A dondequiera que voy trato de explicar que las tiranías privan de paz y desarrollo a las sociedades. Toda sociedad privada de libertades y derechos humanos sólo puede vivir una paz aparente y precaria fatalmente destinada a desmoronarse.
 
En 2005, fundó con otras colegas la agrupación Mujeres Periodistas sin Cadenas para defender la libertad de expresión y los derechos democráticos. En los doce años transcurridos desde entonces, ¿con qué obstáculos ha tropezado y qué éxitos ha cosechado?
 
Mujeres Periodistas sin Cadenas se creó para contrarrestar todas las formas de represión –detenciones, palizas y agresiones de diverso tipo– practicadas en el ámbito de los medios de información en Yemen, y también para defender el derecho de todo ciudadano a ser propietario de un medio informativo de cualquier índole, ya sea impreso, audiovisual o digital.
 
En todos estos años nos hemos esforzado mucho por defender los derechos políticos y cívicos de los ciudadanos yemeníes. Hemos participado en numerosas actividades encaminadas a luchar contra la corrupción y los abusos de poder. También hemos organizado manifestaciones y sentadas de protesta para ayudar a las poblaciones a enfrentarse con los jeques poderosos que tratan de imponer su propia ley.
 

Llevamos a cabo un combate diario, arduo y prolongado que desembocó en la liberación de muchos periodistas detenidos o secuestrados y puso término a la prohibición de la libertad de prensa, dando lugar a publicación de numerosos diarios independientes o de oposición. Antes de la revolución pacífica del 11 de febrero de 2011, contribuimos a mitigar las violaciones de derechos perpetradas por el régimen imperante creando en la sociedad civil una fuerza de presión capaz de preservar un mínimo de derechos cívicos, así como de intensificar las reivindicaciones. Después de esa revolución ciudadana, en Yemen se vivió un periodo de transición con disfrute pleno de libertades y derechos. No hubo entonces ninguna restricción de la libertad de opinar, reunirse, manifestarse o ejercer cualesquiera  otros derechos fundamentales. Toda la población yemení se benefició de esta situación y no se practicaron detenciones ni encarcelamientos hasta el golpe de estado de 2015 y el consiguiente estallido de la guerra.

Actualmente Yemen está asolado por una guerra que usted ha calificado de ‘total’, ¿qué acción piensa emprender ahora para deparar a su país un futuro mejor?
 
No cabe pensar en el futuro de un país hasta que no se restablezca la paz. Pero la paz no es sólo acabar con la guerra, sino también con la opresión y la injusticia. La paz sin justicia es precaria, como un alto el fuego o una tregua provisional que sólo son el preludio de acontecimientos posteriores aún más horrorosos. La peor de todas las guerras es la que han declarado las dictaduras tiránicas a sus propios pueblos. Por eso, sigo convencida de que es necesario luchar contra los regímenes políticos que son incapaces de garantizar los derechos fundamentales de las personas e instituciones y atentan contra ellos. Hay que reemplazarlos por sistemas democráticos justos.
 
Hoy como ayer, yo combato por la democracia. Esto, en el caso de Yemen, quiere decir acabar con la situación creada por el golpe de estado y organizar el  referéndum sobre el proyecto de Constitución que ya se consensuó en el diálogo nacional entablado en el periodo de transición. Luego, se podrán convocar  elecciones naturalmente. Cuando la vida política vuelva a su cauce normal, tengo previsto fundar un partido que agrupe esencialmente a las mujeres y los jóvenes para llevar adelante el proyecto cívico que preconizó la revolución de 2011. En el plano internacional, seguiré luchando para defender los derechos humanos, promover la paz y luchar contra las dictaduras.
 

Mural dibujado con motivo del día de “Puertas abiertas al Arte”, organizado en marzo de 2017 por Murad Subay en Saná (Yemen).
 
Usted fue recompensada en octubre de 2011 con el Premio Nobel de la Paz, junto con las liberianas Ellen Johnson Sirleaf y Leymah Gbowee, ¿qué centros de interés comparte con ellas?
 
Las tres aspiramos a construir Estados de derecho, a recurrir a la no violencia como único medio de acción y a defender el derecho de las mujeres a participar  efectivamente en la vida política. Con Ellen Johnson Sirleaf he llevado a cabo una serie de trabajos sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de las Naciones Unidas. Con Leymah Gbowee he colaborado en la tarea de promover la defensa de la paz y los derechos humanos, en el marco de la “Iniciativa de Mujeres Premio Nobel de la Paz” que agrupa a otras cuatro galardonadas. También he participado con ella en los trabajos del Foro Oslo de Premios Nobel de la Paz, cuyo objeto es coordinar a nivel internacional las acciones en pro de la paz y contra la tiranía y la violencia.
 

Al premiar a tres mujeres en 2011, el Comité Noruego del Nobel declaró que esperaba que el premio contribuyera “a acabar con la represión de que siguen siendo víctimas las mujeres en muchos países y a destacar el enorme potencial que éstas representan en la lucha por la paz y la democracia”. ¿Qué pueden aportar las mujeres árabes a la construcción de la paz?

Hemos combatido desde mucho tiempo atrás la represión ejercida contra las mujeres, la combatimos ahora y seguiremos combatiéndola en el futuro. No acabaremos con ella en cuestión de semanas o meses, pero estoy segura de que lo conseguiremos algún día.
 
Por desgracia, en los países de Oriente Medio las mujeres han sufrido más la represión que en otras partes del mundo. En los Estados Árabes –y más concretamente en los países donde floreció la Primavera Árabe– el codicioso afán de apoderarse de sus riquezas se ha sumado a la violación de los derechos de la mujer. Esto ha conducido a veces al apadrinamiento de golpes de estado y contrarrevoluciones, e incluso a la colaboración con países enemigos. Pese a todo, nuestra determinación es proseguir el combate contra la represión y por la paz. Las mujeres son la piedra angular de una paz duradera en los países árabes.
 
¿Puede decirnos sucintamente cuál es su filosofía de la vida?
 
Nací en una familia cuya filosofía de la vida se resume en dos palabras: rectitud y justicia. Mi padre es uno de los juristas especializados en derecho constitucional con más experiencia de Yemen. Es muy conocido por su lucha contra la corrupción y el nepotismo, y también por la honestidad con la que ha ejercido los cargos que ha desempeñado. Gracias a él adquirí los conocimientos jurídicos necesarios para hacer valer y conquistar libertades y derechos fundamentales. También me enseñó
a tener valor para decir la verdad y oponerme a la opresión y la injusticia, así como a mostrar espíritu de iniciativa y resolver problemas sin crearlos. Mi madre, por su parte, me enseñó a querer a las personas y comprender sus sufrimientos.
 
En resumidas cuentas, diría que mi filosofía estriba en la creencia de que es posible combatir la violencia y la represión sin recurrir a ellas.
 

Con esta entrevista, El Correo de la UNESCO se asocia a la celebración del Día Internacional de la Mujer (8 de marzo).

Números dedicados a la mujer en El Correo de la UNESCO

La Mujer a la conquista de más espacios de libertad, Abril - Junio de 2011
Mujeres entre dos orillas, Febrero de 2008
Ciudadanas al poder, Junio de 2000
Mujeres: la mitad del cielo, Septiembre 1995
La Mujer: entre la tradición y el cambio, Abril 1985
La Mujer invisible, Julio 1980
Hacia la liberación de la mujer, Agosto- Septiembre 1975
Año Internacional de la Mujer, Marzo 1975
La Mujer, es un ser inferior?, Noviembre 1955

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Tawakkol Karman

Militante feminista e importante figura de la Primavera Árabe en su país, Tawakkol Karman (Yemen) fue recompensada en 2011 con el Premio Nobel de la Paz, junto con las liberianas Ellen Johnson Sirleaf y Leymah Gbowee. Fue detenida en varias ocasiones por haber organizado manifestaciones y protestas pacíficas contra el régimen del que fue presidente yemení Alí Abdullah Saleh (1942-2017).