Gran angular

Una hoja de ruta para cambiar el mundo

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Obra creada en un taller de la ONG “Create Peace Project”, destinado a intercambiar mensajes de paz entre estudiantes del mundo entero.

Para vivir en paz unos con otros en un mundo lleno de riesgos, es imperativo brindar a las nuevas generaciones una educación que les permita comprenderlos y afrontarlos. F. M. Reimers, experto venezolano en Educación para la Ciudadanía Mundial, ha creado en la Universidad de Harvard dos programas educativos innovadores para conseguirlo.

 Fernando M. Reimers

La educación no es otra cosa que dar al individuo la posibilidad de adquirir las capacidades prácticas y cognitivas que necesita para realizar sus aspiraciones vitales.

Este concepto de la educación data por lo menos del siglo XVI, cuando el pedagogo checo Jan Comenius señaló en su obra “Didactica Magna” la necesidad de universalizar la educación para conseguir la paz en el mundo. Esta misma convicción presidió el reconocimiento del derecho de todas las personas a la educación en el Preámbulo de la Constitución de la UNESCO de 1945 y en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.

La inclusión de este derecho en la Declaración desencadenó una de las revoluciones silenciosas más notables de la historia de la humanidad. De 1948 hasta hoy, el acceso a la educación básica ha pasado de menos de 50% a más del 85%. En el mismo periodo, el porcentaje de población alfabetizada ha pasado del 36% al 85%, según datos del Global Rise of Education (2017). Estos avances son sumamente espectaculares, teniendo en cuenta además que en ese periodo la población mundial aumentó de 2.500 a 7.300 millones de personas.

En el último decenio he tratado de comprender cuál es el mejor modo de apoyar sistemas educativos que puedan hacer de los alumnos “ciudadanos del mundo”. Y mi conclusión es que el proceso de adquisición de esas competencias debe basarse en un currículo de alta calidad  impartido por docentes bien preparados.

Con algunos colaboradores he elaborado dos currículos completos, desde la educación preescolar hasta el final de enseñanza secundaria. Esos currículos se han publicado en dos obras: Empowering Global Citizens [Empoderar ciudadanos del mundo] (2016) y Empoderar alumnos para la mejora del mundo en 60 lecciones (2017). Actualmente, proseguimos nuestro trabajo con una red mundial de escuelas, elaborando recursos pedagógicos destinados a hacer progresar eficazmente la educación para la ciudadanía mundial.El mundo actual y sus retos

El primer currículo se concibió en 2011 y 2012 para impartir entre seis y ocho horas lectivas a la semana, desde preescolar hasta el último año de secundaria. En un principio, estaba destinado al grupo de escuelas independientes integrantes de la red internacional “Avenues: The World School”, que acababa de inaugurar su primer campus en Nueva York.

El marco de competencias de ese currículo abarcaba los siguientes ámbitos: ética, capacidades cognitivas y sociales, conocimiento de sí mismo y mentalidades. Su objetivo era ayudar a los alumnos a que cobraran conciencia del estado del mundo, cultivando sus motivaciones y aptitudes para afrontar los retos que éste plantea.

Un elemento central de la concepción de la capacidad para ser “ciudadano del mundo” fue la noción de empoderamiento del individuo, que implica cultivar la mentalidad de que toda persona puede desempeñar un papel determinante, tomar iniciativas y asumir funciones de liderazgo.

El enfoque pedagógico del currículo se basó en el aprendizaje mediante la realización de proyectos, que ofrece a los alumnos la posibilidad de cultivar sus centros de interés y aficiones personales. En este tipo de aprendizaje participan también los padres y los miembros de la comunidad.

El currículo no se limitó exclusivamente a la mera adquisición de conocimientos teóricos por parte de los alumnos, ya que éstos deben crear en la práctica un “producto” para demostrar que han asimilado lo aprendido. Ese producto puede ser muy diverso: un espectáculo de marionetas (alumnos de preescolar), un plan de actividad (alumnos de tercer grado) o una empresa social (alumnos de octavo). En tercer grado, por ejemplo, los alumnos estudiaron la interdependencia socioeconómica mundial elaborando un proyecto de creación de una fábrica de chocolate y una campaña de comercialización de sus productos, lo que les permitió abordar cuestiones como el funcionamiento de las cadenas de suministro alimentario a nivel mundial, los aspectos éticos del librecambio y el trabajo infantil.

Una vez que ese primer currículo se publicó y utilizó ampliamente, resultó evidente que era necesario elaborar una versión más simplificada para adoptarla a mayor escala. La información comunicada por los docentes que lo habían usado allanó el camino hacia un enfoque más eficaz y accesible.

El segundo currículo ofrece ahora tres instrumentos para lograr esa eficacia y accesibilidad: un protocolo para concebir y adaptar un programa de educación para la ciudadanía mundial; otro para concebir una estrategia de este tipo de educación a nivel de todo un centro docente; y un prototipo concreto de currículo elaborado con arreglo a un determinado procedimiento.

La adopción y la elaboración de este currículo simplificado están al alcance de una amplia gama de centros docentes, sean cuales sean los recursos y apoyos de que dispongan. El hecho de poder contar con un prototipo concreto facilita que los docentes comuniquen información sobre sus resultados. Aunque el currículo comprende solamente cinco lecciones por cada uno de los doce grados de enseñanza, su secuenciación rigurosa y sólida permite determinar un conjunto preciso de resultados del aprendizaje.

Este segundo currículo se ajusta a un esquema de las capacidades de un “ciudadano del mundo”, que normalmente debe adquirir todo titulado de secundaria que haya comprendido cabalmente dos cosas: qué es la mundialización y qué posibilidades ofrece a las personas para cooperar en la empresa de mejorar la vida de sus comunidades.

Promover la educación para la ciudadanía mundial

En el marco de la “Iniciativa Global de Innovación Educativa”, que dirijo en la Universidad de Harvard, un grupo internacional de investigadores colabora para realizar trabajos prácticos sobre políticas educativas. Actualmente, trabajamos con escuelas y redes escolares de todo el mundo para ver cómo se pueden aplicar currículos específicos para formar “ciudadanos del mundo”. Los dos currículos innovadores antes mencionados se han traducido y adaptado del inglés al chino, el español y el portugués.

Hemos comprendido también que crear una educación de calidad para la ciudadanía mundial a gran escala exige un liderazgo colectivo y una labor coordinada y a largo plazo de toda una serie de organismos públicos y privados, a fin de formar y apoyar a educadores hacer realidad ese aprendizaje.

Asimismo, es preciso que las autoridades educativas puedan intercambiar experiencias con vistas a acelerar el proceso de implantación de una cultura deliberada del liderazgo. Esto es esencial para que los sistemas educativos estén a la altura de los retos del siglo XXI, tal y como se expone en la publicación Educación para Todos - Un estudiante a la vez (2017).

Hay sólidas pruebas de que los currículos de alta calidad con objetivos específicos, acompañados por métodos pedagógicos eficaces, permiten empoderar a los escolares para que lleguen a ser “ciudadanos del mundo” dinámicos. La educación es, de hecho, la vía más decisiva para ayudarles a construir un mundo mejor. Ahora más que nunca urge educar para la ciudadanía mundial a los 1.200 millones de alumnos de nuestro planeta.

 

Journal of Social Science Education (Vol. 13, Nº 14, Invierno de 2014, págs. 41-55).

Empoderar a Todos los Estudiantes a Gran Escala, Reimers, F. (compilador), 2017.

“Educando a los hijos de los pobres. Un movimiento mundial paradójico”, Reimers, F., en Rethinking Education and Poverty, W. Tierney (compilador), Johns Hopkins University Press, 2015.

 

Fernando M. Reimers

Experto en programas de educación para la ciudadanía mundial, Fernando M. Reimers (Venezuela) dirige en la Universidad de Harvard el máster en política educativa internacional y el programa de investigación “Iniciativa Global de Innovación Educativa”. También es profesor de práctica de la educación internacional en la Fundación Ford.