Editorial

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Cartel de la campaña mundial “#UnidosXElPatrimonio”, iniciada por la UNESCO en las redes sociales para movilizar a los jóvenes en defensa del patrimonio cultural.
© UNESCO

Por Irina Bokova

Desde sus orígenes, la UNESCO actúa sin tregua para afianzar el papel fundamental que desempeña la cultura en favor de la paz en el mundo. La evolución de los conflictos actuales muestra cuánto necesitamos esta “fuerza tranquila”.

Los reiterados ataques contra sitios del Patrimonio Mundial en Iraq, Libia, Malí y Siria ponen de manifiesto hasta qué punto son indisociables la protección de la vida humana y la preservación del patrimonio cultural. Los extremistas violentos no solo se ensañan con las poblaciones, también con los docentes, los periodistas, las escuelas y los monumentos históricos, para fragilizar y desestructurar las sociedades a las que pretenden someter. Nuestra respuesta debe ser integrar más la cultura en las estrategias de seguridad y de paz para hacer de ella un vector de resiliencia, prevención y cohesión a largo plazo. Por eso, la UNESCO ha reforzado sus programas de emergencia y de lucha contra el extremismo violento, prosiguiendo al mismo tiempo sus actividades de sensibilización.

A este respecto, las Resoluciones 2199, 2354 y 2347 adoptadas recientemente por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, constituyen un reconocimiento histórico de la importancia de la protección del patrimonio cultural para la seguridad de los pueblos. La última de esas tres Resoluciones, aprobada por unanimidad el 24 de marzo de 2017, aborda por primera vez el conjunto de las amenazas que se ciernen sobre patrimonio cultural y afirma que su destrucción deliberada entra en el ámbito de las tácticas de guerra, lo que exige respuestas apropiadas. La severa condena impuesta por la Corte Penal Internacional al responsable de la destrucción de los mausoleos de Tombuctú (Malí), en el primer juicio internacional íntegramente dedicado a la destrucción del patrimonio cultural es otro avance decisivo para que cese la impunidad de esos crímenes de guerra.

Todo ello atestigua una evolución sin precedentes, resultado en buena parte de la acción de la UNESCO. La fuerza de las armas no basta para acabar con amenazas que crecen en terrenos abonados por la ignorancia y las falsas interpretaciones de la Historia. La batalla para vencer al extremismo violento hay que darla en el terreno educativo y cultural. Ya lo dijo el poeta Aimé Césaire, la paz solo se puede conquistar con “las armas milagrosas” de la educación, la cultura y la ciencia, que consolidan las defensas de la paz en la mente de cada uno de nosotros.

Fiel a esta línea de pensamiento, la UNESCO quiere sensibilizar al público a los valores de la tolerancia y del respeto por la creación. Edouard Glissant (1928-2011), ex jefe de redacción de El Correo de la UNESCO, decía que el arte es “un factor de liberación de la capacidad creadora individual y colectiva, así como el vivo espejo de la identidad cultural”. Efectivamente, toda creación artística nos induce a iniciar un diálogo intercultural y tiende puentes con la riqueza y la diversidad cultural del mundo.

Mucha gente, joven y no tanto, desea ser portadora de este discurso de paz, tolerancia y respeto de los derechos humanos. La campaña “#UnidosXElPatrimonio” que inauguré en 2015 encuentra un gran eco en muchos lugares, mostrando la vitalidad de las fuerzas de la paz, que crecen en silencio como árboles del bosque, aunque a veces no se vean por el estruendo de un solo árbol que se derrumba. Sigamos impulsando la “fuerza tranquila” de la UNESCO y confiando en el poder de las “armas milagrosas” que la humanidad está forjando pacientemente para lograr una paz duradera.