Educación inclusiva

La educación inclusiva no solo responde a las necesidades de cada alumno y se adapta a ellas, sino que es pertinente para la sociedad y respetuosa de su cultura, en un proceso digno de doble sentido.

La inclusión trata de hacer efectivo el derecho a la educación mediante la integración de todos los estudiantes, el respeto a sus diversas necesidades, capacidades y características, y la supresión de todas las formas de discriminación en el contexto del aprendizaje. La inclusión debe orientar las políticas y las prácticas educativas, a partir del hecho de que la educación es un derecho humano fundamental y constituye la base de una sociedad más justa y equitativa.

La inclusión es a la vez un principio y un proceso, derivados del reconocimiento explícito de que la marginación no es solo una consecuencia de la educación sino que también ocurre en el seno del sistema educativo; para combatirla es preciso adaptar y transformar los sistemas educativos en general y especialmente la manera en que las escuelas y otros contextos pedagógicos adaptan sus prácticas docentes, a fin de satisfacer a todos los estudiantes al tiempo que se respeta su diversidad. Esta labor exige que se preste atención a una amplia gama de medidas relativas, entre otras, a los planes de estudio, la índole de la enseñanza y la calidad del contexto de aprendizaje.  Significa además que las escuelas y otros contextos de aprendizaje no solo han de ser eficaces, sino también acogedores, seguros, limpios, saludables y sensibles a las diferencias de género.  

La inclusión exige la puesta en marcha de una estrategia educativa holística desde la primera infancia, a fin de incorporar las preocupaciones en materia de aprendizaje de los grupos marginados o excluidos y abordar los cuatro pilares del aprendizaje (aprender a conocer, a ser, a hacer y a convivir).

La Conferencia Mundial sobre Necesidades Educativas Especiales, que tuvo lugar en Salamanca (España) en 1994, confirió un gran impulso a la educación inclusiva. En la conferencia se proclamó que “las escuelas ordinarias con orientación integradora representan el medio más eficaz para combatir las actitudes discriminatorias, crear comunidades de acogida, construir una sociedad integradora y lograr la educación para todos…”

Esta visión quedó ratificada en el Foro Mundial sobre la Educación, celebrado en Dakar en 2000. En este foro se proclamó que la Educación para Todos debía tener en cuenta las necesidades de los más pobres y desfavorecidos, comprendidos los niños trabajadores, los nómadas y los habitantes de comarcas remotas, los miembros de minorías étnicas y lingüísticas, los niños, jóvenes y adultos afectados por el VIH y el SIDA, el hambre o la mala salud, así como las personas que padecen de discapacidad o tienen necesidades especiales.

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