La cultura en situaciones de emergencia

En un conflicto armado o en una situación de desastre, la cultura se encuentra especialmente en peligro, debido a su vulnerabilidad inherente y a su enorme valor simbólico. Al mismo tiempo, la cultura es un factor que impulsa la recuperación, fortaleciendo la resiliencia de la comunidad. Mediante la aplicación de sus convenciones sobre cultura, que se refuerzan mutuamente, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) trabaja con la comunidad internacional para proteger la cultura y promover el pluralismo cultural en situaciones de emergencia, llevando a cabo actividades en épocas de guerra civil y conflictos bélicos, así como en situaciones posteriores a desastres provocados por peligros naturales o causados por el hombre.

La labor de promoción de la UNESCO en este ámbito contribuyó a la aprobación de la resolución 2199 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 2015, que prohíbe el tráfico de bienes culturales procedentes del Iraq y de Siria, y de la resolución 2347 en 2017, que es la primera resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas centrada en la protección del patrimonio cultural en situaciones de conflicto armado.

Para ayudar mejor a sus Estados Miembros a prepararse para las situaciones de emergencia y hacer frente a ellas, la UNESCO creó en 2014 una Unidad de Preparación y Respuesta a Situaciones de Emergencia en el Sector de Cultura. En 2015 estableció el Fondo de Emergencia para el Patrimonio, un mecanismo de financiación común, flexible y sin destino específico concebido para permitir que la Organización responda rápida y eficazmente a las situaciones de crisis. En noviembre de 2015, la Conferencia General de la UNESCO aprobó una Estrategia para reforzar la labor de la UNESCO en materia de protección de la cultura y promoción del pluralismo cultural en caso de conflicto armado, que incluye un plan de acción que abarca tanto los conflictos como los desastres.

En lo que se refiere a los desastres, el Fondo de Emergencia para el Patrimonio refleja los principios del Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en marzo de 2015. Durante los conflictos recientes, el patrimonio cultural no solo ha sido con cada vez más frecuencia víctima de daños colaterales, saqueo a gran escala y tráfico ilícito, sino que también se ha convertido en el objetivo de ataques sistemáticos y deliberados, debido a su gran importancia para las comunidades a las que pertenece. La destrucción del sitio arqueológico de Palmira (Siria), el saqueo del Museo Nacional de Bagdad (Iraq) o la quema de manuscritos antiguos y la destrucción de mausoleos en Tombuctú (Malí) son ejemplos trágicos de una intención de destruir la propia identidad de las personas y los grupos, rompiendo sus vínculos con la tierra y los lazos que los mantienen cohesionados como comunidad.

Los desastres provocados por peligros naturales o de origen humano, con inclusión de los terremotos, incendios, inundaciones, desprendimientos de tierras y tifones, también han causado importantes daños e incluso la destrucción total de innumerables sitios de patrimonio cultural y natural, museos, instituciones culturales y prácticas inmateriales a lo largo de los años. Los devastadores terremotos que tuvieron lugar en Nepal y el Ecuador, las inundaciones en Myanmar, el ciclón Pam en el Pacífico Austral, el huracán Matthew en el Atlántico Occidental y las lluvias torrenciales que se produjeron tras El Niño en el Perú han provocado daños incalculables.

Sin embargo, la cultura no es solo una víctima de las situaciones de emergencia. Inmediatamente después de un desastre o de un conflicto armado, las comunidades suelen encontrar en el patrimonio un elemento esencial de apoyo material y psicológico. La capacidad de acceder al propio patrimonio (ya se trate de un edificio religioso, de una ciudad histórica, de un sitio arqueológico o de un paisaje) o de participar en prácticas culturales específicas puede proporcionar un sentimiento indispensable de identidad, dignidad y empoderamiento. Además, en situaciones posteriores a emergencias, la cultura puede ser un motor para reconstruir la economía y la sociedad y promover la tolerancia y la reconciliación, atenuando las tensiones y evitando escaladas que puedan generar un nuevo conflicto. Por ejemplo, la música, la danza, el teatro y el cine, se han empleado para fomentar el entendimiento mutuo entre diversas comunidades de refugiados.

Por estas razones, para alcanzar el desarrollo sostenible y fomentar la seguridad, es fundamental proteger la cultura en situaciones de emergencia y aprovechar las posibilidades que ofrece para promover la consolidación de la paz, la recuperación y la reconciliación y su capacidad de reducir la vulnerabilidad a los desastres.