La violencia homofóbica y transfóbica en el contexto educativo

La violencia por motivo de orientación sexual o expresión/identidad de género en el contexto educativo, que a menudo se denomina violencia homofóbica o transfóbica, no es un problema nebuloso o distante. Es un fenómeno que ocurre ahora mismo y que deniega a millones de niños y jóvenes el derecho humano fundamental a la educación. Esa violencia se ejerce contra los alumnos que presuntamente no se ajustan a las normas sexuales y de género predominantes, lo que abarca a los miembros del colectivo LGBTI, es decir, a personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales.

Esta violencia, -que incluye el acoso- tiene repercusiones negativas importantes y duraderas sobre la vida de los estudiantes. Las investigaciones muestran que los alumnos suelen sentirse inseguros en la escuela, evitan las actividades escolares, faltan a clase o incluso llegan a abandonar completamente los estudios. Las víctimas corren un riesgo elevado de padecer ansiedad y depresión, de autolesionarse o incluso de suicidarse.  

El sector educativo desempeña una función esencial en este problema. Cuando se pone en vigor un enfoque de amplio espectro, que incluye políticas eficaces, planes de estudio pertinentes y materiales de formación, capacitación y apoyo al personal, y respaldo a los alumnos, las familias y las comunidades, el sector educativo puede responder a la violencia y contribuir a prevenirla.

 

 

La violencia por motivo de orientación sexual o expresión/identidad de género se ejerce contra los/las estudiantes lesbianas, gays y bisexuales (homofobia), los transgénero (transfobia) y otros cuya expresión de género no encaja en las normas de género binarias, tal como los niños a los que se considera afeminados y las niñas a las que se considera masculinas. De ahí que se trate de una modalidad de violencia por motivo de género.

Estas reacciones abarcan la violencia y el acoso físico, sexual y psicológico. Un estudiante es objeto de acoso cuando se ve expuesto repetidamente durante cierto tiempo a conductas que tratan deliberadamente de infligirle lesiones o incomodidad, mediante contacto físico, injurias, agresiones o manipulación psicológica.

El sector de la educación en su conjunto también puede generar violencia “implícita” de tipo homófobo y transfóbico, que suele denominarse violencia “simbólica” o “institucional”. Este fenómeno consiste en políticas y directrices educativas que contienen los estereotipos negativos vinculados a la orientación sexual y la identidad de género, y que llegan a incorporarse incluso a los planes de estudio y los materiales pedagógicos.

Al igual que otras modalidades de violencia escolar por motivo de género, la violencia homófoba y transfóbica en el contexto educativo puede manifestarse en el aula, el terreno de juego, los baños y vestuarios, en el camino a la escuela o de regreso al hogar y por conducto de Internet.