Tendencias mundiales del gasto en I + D

¿Cómo ha afectado la crisis a la inversión en I + D?

En 2013, el gasto en I + D (GBID) mundial ascendió a 1.478.000 millones de dólares estadounidenses en paridad del poder adquisitivo (PPA), en comparación con sólo 1.132.000 millones de dólares estadounidenses en PPA en 2007. A pesar de situarse por debajo del incremento del  47% registrado durante el periodo anterior (2002–2007), se trata no obstante de un aumento significativo, que tuvo lugar en el marco de una crisis. Dado el avance mucho más rápido del GBID respecto del PIB mundial, la intensidad de I + D mundial escaló desde el  1,57% (2007) al 1,70% (2013) del PIB.

Asia en general, y China en particular, fueron los primeros en recuperarse de la crisis, y tardaron relativamente poco en llevar la inversión mundial en I + D a niveles superiores. La intensidad de I + D de China se duplicó con creces entre 2007 y 2013, hasta alcanzar el 2,08% del PIB. Esta cifra se sitúa por encima de la media de la Unión Europea y significa que China va por buen camino para alcanzar el objetivo de una relación GBID/PIB 2,5% en 2020.

En otras economías emergentes como Brasil y la India, hizo falta más tiempo para que la intensidad de I + D comenzara a aumentar. Desde 2008, China ha amortiguado la caída de la demanda norteamericana y europea para las economías exportadoras de recursos manteniendo una fuerte demanda de productos básicos para alimentar su rápido crecimiento. En última instancia, sin embargo, el auge cíclico de los productos básicos ha llegado a su fin, poniendo especialmente al descubierto las debilidades estructurales de Brasil y de la Federación de Rusia.

Al contrario que Canadá, los tres componentes de la Tríada (la Unión Europea, el Japón y los Estados Unidos) han experimentado un aumento del GBID en los últimos cinco años, hasta alcanzar niveles situados muy por encima de los de 2007.

Gráfico 1.1: GBID financiado por el Gobierno como proporción del PIB, 2005–2013 (%)

Gráfico 1.2: GBID ejecutado por empresas como proporción del PIB, 2005–2013 %)

Gráfico 1.5: Tendencias de las publicaciones científicas en el mundo, 2008 y 2014

Gráfico 1.6: Tendencias de las patentes triádicas en el mundo, 2002, 2007 y 2012

Gráfico 1.7: Distribución porcentual del PIB, el GBID y las publicaciones de los países del G20 en el mundo, 2009 y 2013

 

El fin de una década boyante en América Latina

El desarrollo socioeconómico en América Latina (Capítulo 7) se ha ralentizado tras una década boyante, sobre todo para los exportadores de productos básicos de la región, aunque la producción y las exportaciones de alta tecnología siguen siendo marginales en la mayor parte de los países latinoamericanos.

No obstante, las políticas gubernamentales están poniendo cada vez más la mira en la investigación y la innovación. En la actualidad, varios países tienen implantados instrumentos de política de CTI de carácter sofisticado. Además, la región está liderando iniciativas para comprender y promover el rol de los sistemas de conocimiento indígenas para el desarrollo. Sin embargo, aparte de Brasil (Capítulo 8), ningún país latinoamericano posee una intensidad de I + D comparable al de las economías de mercado emergentes dinámicas.

Para reducir esta brecha, los países deben empezar por aumentar el número de investigadores. Por tanto, resulta esperanzador que la inversión en enseñanza superior vaya en aumento, como también ocurre con la producción científica y la colaboración científica internacional.

El modesto nivel de patentes registradas en América Latina pone de manifiesto una falta de vocación por la competitividad basada en la tecnología. No obstante, puede apreciarse una tendencia hacia un mayor registro de patentes en sectores relacionados con los recursos naturales como la minería y la agricultura, en gran medida a través de instituciones públicas de investigación.

A fin de posibilitar un aprovechamiento más eficaz de la CTI para el desarrollo, algunos países latinoamericanos han adoptado medidas destinadas a respaldar sectores estratégicos como la agricultura, la energía y las TIC, incluida una concentración estratégica en biotecnologías y nanotecnologías. Algunos ejemplos son Argentina, Brasil, Chile, México y Uruguay. Otros países están tratando de captar financiación para ciencia e investigación con el objetivo de expandir la innovación endógena, como por ejemplo Panamá, Paraguay y Perú, o promoviendo estrategias de mayor amplitud para fomentar la competitividad, como por ejemplo en la República Dominicana, El Salvador.

Las tecnologías que promueven el desarrollo sostenible constituyen una prioridad emergente en toda América Latina, sobre todo en el ámbito de las energías renovables, aunque la región deberá hacer mucho más si quiere cerrar la brecha que existe con los mercados emergentes dinámicos en el ámbito de las industrias tecnológicas. Un primer paso en esta dirección será infundir una mayor estabilidad en la elaboración de políticas de CTI a largo plazo y evitar la proliferación de estrategias e iniciativas.

Brasil (Capítulo 8) se enfrenta a una desaceleración económica desde 2011 que ha afectado a su capacidad de seguir impulsando un crecimiento socialmente inclusivo. La desaceleración fue provocada por la debilitación de los mercados internacionales de productos básicos, unida a los efectos negativos de políticas económicas encaminadas a impulsar el consumo. En agosto de 2015, Brasil entró en recesión por primera vez en seis años.

La productividad de la mano de obra se estancó a pesar de aplicarse una serie de políticas para reanimarla. Dado que los niveles de productividad constituyen un indicador de la tasa de absorción y generación de innovación, esta tendencia hace pensar que Brasil no ha conseguido aprovechar la innovación para su crecimiento económico.

La experiencia brasileña es similar a la de la Federación de Rusia y Sudáfrica, donde la productividad de la mano de obra se ha estancado desde 1980, al contrario que en China e India. Aunque la intensidad de I + D de Brasil en sectores tanto públicos como empresariales se ha incrementado, la relación GBID/PIB no consiguió alcanzar el objetivo establecido por el Gobierno del 1,50% en 2010 (fue del 1,15% en 2012), y es muy poco probable que las empresas vayan a aportar el 0,90% deseado del PIB para 2014 (0,52% en 2012). En realidad, las empresas tanto públicas como privadas vienen declarando caídas en la actividad de innovación desde 2008.

Entre los objetivos establecidos por el plan cuatrienal Brasil Maior (Brasil más grande), sólo se han registrado avances tangibles en el relativo a la ampliación del acceso a Internet de banda ancha fija. De hecho, la proporción de Brasil en las exportaciones mundiales ha disminuido.

Los esfuerzos del Gobierno por superar la rigidez del sistema de investigación público creando una nueva categoría de órganos de investigación autónomos (“organizaciones sociales”) que allane el camino para que las instituciones de investigación apliquen métodos de gestión modernos y desarrollen vínculos más estrechos con la industria han generado algunos éxitos en disciplinas como las matemáticas aplicadas o el desarrollo sostenible. Sin embargo, la excelencia investigadora sigue concentrada en un puñado de instituciones ubicadas principalmente en el sur.

Aunque el volumen de publicaciones brasileñas ha aumentado en los últimos años, el registro de patentes por parte de brasileños en mercados internacionales clave sigue siendo reducido. La transferencia de tecnología desde instituciones públicas de investigación al sector privado sigue constituyendo uno de los principales factores de innovación en disciplinas que van de la medicina a la cerámica, pasando por la agricultura y la perforación para la extracción de petróleo en alta mar. Desde 2008 se han establecido dos laboratorios internacionales para fomentar el desarrollo de las nanotecnologías. Actualmente, las universidades tienen la capacidad de desarrollar materiales a nanoescala para la administración de medicamentos, pero dado que las compañías farmacéuticas del país no poseen capacidades de I + D internas, las universidades deben colaborar con ellas para introducir en el mercado nuevos productos y procesos.

 

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