La búsqueda de una estrategia de crecimiento que funcione

Desde una perspectiva global, los años 2009–2014 han representado un periodo de transición plagado de dificultades. Esta transición, a la que ha dado paso la crisis financiera internacional de 2008, ha estado marcada por una grave crisis de la deuda en los países más ricos, por la incertidumbre en cuanto a la solidez de la posterior recuperación, y por la búsqueda de una estrategia de crecimiento eficaz. Muchos países de ingresos altos afrontan desafíos similares, como el envejecimiento de la sociedad (Estados Unidos, la Unión Europea, el Japón, etc.) y unos niveles reducidos de crecimiento que se han vuelto crónicos ; todos ellos se enfrentan a la dura competencia internacional. Incluso aquellos a los que les va bien, como Israel y la República de Corea, se preocupan por cómo mantener su ventaja en un mundo en rápida evolución.

Aunque en los Estados Unidos, el Gobierno de Obama ha convertido en una prioridad la inversión en investigación sobre el cambio climático, la energía y la salud, una buena parte de la estrategia de crecimiento del Gobierno se ha visto contrariada por el Congreso, cuya prioridad es la reducción del déficit presupuestario federal. En los últimos cinco años, la mayoría de los presupuestos de investigación han permanecido estables o han disminuido, en dólares ajustados a la inflación.

En 2010, la Unión Europea adoptó su propia estrategia de crecimiento, Europa 2020, para ayudar a la región a salir de la crisis volcándose en el crecimiento inteligente, sostenible e inclusivo. En la estrategia se observa que “La crisis ha echado por tierra años de progreso económico y social y expuesto las debilidades estructurales de la economía europea”. Entre estas debilidades estructurales se encuentran el reducido gasto en I + D, las barreras para el mercado y el uso insuficiente de las tecnologías de información y comunicación (TIC). Horizonte 2020, el programa marco actual de la Unión Europea para la investigación y la innovación, que posee una duración de siete años, ha recibido el mayor presupuesto de la historia para llevar a buen puerto esta agenda entre 2014 y 2020.

La Estrategia 2020 adoptada por Europa Sudoriental se hace eco de la estrategia europea del mismo nombre, aunque, en este caso, la estrategia de crecimiento se marca como objetivo principal preparar a los países para su futura adhesión a la Unión Europea.

A pesar de ser uno de los países que más gasta en I + D de todo el mundo, el Japón ha perdido confianza en sí mismo en los últimos años, no sólo debido a la triple catástrofe de 2011, sino también por la incapacidad de quitarse de encima la deflación que desde hace 20 años sofoca la economía del país. La estrategia de crecimiento actual del Japón, Abenómica, data de 2013 y sigue sin cumplir su promesa de acelerar el crecimiento. Los efectos de un equilibrio de bajo crecimiento para la confianza de los inversores pueden apreciarse en la reticencia de las empresas japonesas a aumentar el gasto en I + D o los salarios del personal, así como en su aversión a asumir los riesgos necesarios para poner en marcha un nuevo ciclo de crecimiento.

La República de Corea está siguiendo una estrategia de crecimiento propia. A pesar de haber superado la crisis financiera internacional sorprendentemente ilesa, ha dejado atrás su “modelo de recuperación”. La competencia con China y el Japón es intensa, las exportaciones caen y la demanda internacional se está desplazando hacia el crecimientoecológico. Al igual que el Japón, se enfrenta al rápido envejecimiento de su población y al declive de los índices de natalidad, que suponen un desafío para sus perspectivas de desarrollo económico a largo plazo. El Gobierno de Park Geun-hye está dando continuidad al objetivo de su predecesor de un “crecimiento ecológico basado en la emisión de niveles reducidos de carbono”, pero también está haciendo hincapié en la “economía creativa”, en un afán por revitalizar el sector de fabricación industrial mediante el surgimiento de nuevas industrias creativas. Hasta ahora, la República de Corea ha dependido de grandes conglomerados tales como Hyundai (vehículos) y Samsung (electrónica) para impulsar el crecimiento y las ganancias provenientes de la exportación. En la actualidad, la República de Corea está tratando de fomentar el espíritu empresarial y la creatividad, un proceso que requerirá una transformación radical de la estructura de la economía y de las bases de enseñanza de las ciencias.

Entre los países del llamado grupo BRICS (Brasil, Federación de Rusia, la India, China y Sudáfrica), China ha conseguido sortear los efectos colaterales de la crisis económica y financiera de 2008, aunque a mediados de 2015 su economía mostraba indicios de estrés4 . Hasta ahora, China se ha basado en el gasto público para impulsar el crecimiento, pero con la pérdida de confianza de los inversores en agosto de 2015, se ha puesto en duda el deseo del país de cambiar desde un modelo de crecimiento orientado a las exportaciones a otro más impulsado por el consumo. Además, existe preocupación entre los líderes políticos porque la ingente inversión en I + D realizada en la última década no está dando resultados científicos a la altura de las expectativas. China también está buscando una estrategia eficaz de crecimiento.

Desde 2008, China ha amortiguado la caída de la demanda norteamericana y europea para las economías exportadoras de recursos manteniendo una fuerte demanda de productos básicos para alimentar su rápido crecimiento. En última instancia, sin embargo, el auge cíclico de los productos básicos ha llegado a su fin, poniendo especialmente al descubierto las debilidades estructurales de Brasil y de la Federación de Rusia. En el último año Brasil entró en recesión. Aunque el país ha ampliado el acceso a la enseñanza superior en los últimos años y aumentado el gasto social, la productividad de la mano de obra sigue en niveles reducidos. Esto sugiere que, hasta la fecha, Brasil no ha conseguido aprovechar la innovación para el crecimiento económico, un problema que también aqueja a la Federación de Rusia.

La Federación de Rusia está tratando de encontrar una estrategia de crecimiento propia. En mayo de 2014, el Presidente Putin reclamó una ampliación de los programas rusos de sustitución de las importaciones para reducir la dependencia que el país tiene de las importaciones tecnológicas. Desde entonces se han puesto en marcha planes de acción en diversos sectores industriales para producir tecnologías de vanguardia. Sin embargo, los planes del Gobierno de estimular la innovación de las empresas podrían verse contrariados por la actual recesión, como consecuencia de la contracción de los precios del crudo Brent, la imposición de sanciones y el deterioro del clima empresarial.

Mientras tanto, en la India, el crecimiento se ha mantenido en un nivel notable de aproximadamente el 5% en los últimos años, aunque preocupa el hecho de que este crecimiento económico no cree suficientes puestos de trabajo. Al día de hoy, la economía india está dominada por el sector de los servicios (57% del PIB). El Gobierno de Modi, elegido en 2014, ha abogado por un nuevo modelo económico basado en la producción orientada a la exportación para fomentar la creación de puestos de trabajo. La India se está convirtiendo ya en un centro de “innovación frugal”, gracias al gran mercado interior para productos dirigidos a los sectores pobres de la sociedad, como por ejemplo dispositivos médicos de bajo costo y automóviles baratos.

Con el final del auge de los productos básicos, América Latina está buscando también una nueva estrategia de crecimiento. Aunque en la última década la región ha conseguido reducir sus niveles extraordinariamente elevados de desigualdad económica, con la caída de la demanda internacional de materias primas las tasas de crecimiento latinoamericanas han comenzado a estancarse o incluso, en algunos casos, a contraerse. Los países latinoamericanos no carecen de iniciativas políticas ni de estructuras institucionales sofisticadas para promover la ciencia y la investigación. Estos países han dado grandes pasos en cuanto al acceso a la enseñanza superior, la movilidad científica y la producción científica. Sin embargo, pocos de ellos parecen haber aprovechado el auge de los productos básicos para volcarse en una competitividad impulsada por la tecnología. De cara al futuro, la región podría estar bien posicionada para desarrollar un modelo de excelencia científica capaz de apuntalar el crecimiento ecológico, combinando para ello sus ventajas naturales en el ámbito de la diversidad biológica con sus puntos fuertes en materia de sistemas de conocimiento indígenas (tradicionales).

Los documentos de planificación a largo plazo hasta 2020 o 2030 de numerosos países de ingresos medianos y bajos ponen asimismo de manifiesto la búsqueda de una estrategia de crecimiento que sea capaz de elevar el nivel de ingresos. Estos documentos de “visión” tienden a centrarse en tres aspectos: una mejor gestión, a fin de favorecer el entorno empresarial y atraer la inversión exterior para desarrollar un sector privado dinámico; un crecimiento más inclusivo, para reducir los niveles de pobreza y la desigualdad; y la sostenibilidad medioambiental, para proteger los recursos naturales de los que dependen la mayor parte de estas economías para el cambio de divisas.

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