Abu Simbel: la campaña que revolucionó el enfoque internacional sobre la protección del patrimonio

El “patrimonio mundial” es una idea sencilla, pero revolucionaria: la de que el mundo alberga un patrimonio cultural y natural de valor universal que debe ser protegido conjuntamente por la humanidad como su legado indivisible.

Salvar los templos de Egipto y desmantelar, piedra a piedra, el templo de Abu Simbel a principios de la década de los sesenta fue un primer paso para el reconocimiento de esta idea. La UNESCO puso en marcha una campaña internacional para salvar los monumentos de Nubia de la crecida de las aguas del lago Nasser. La construcción de la Presa Alta de Asuán en Egipto despertó una atención internacional sin precedentes respecto a la protección del patrimonio cultural. Por entonces, muchas personas creyeron que tenían que elegir entre la cultura y el desarrollo, entre florecientes cosechas y las huellas de una historia gloriosa. La UNESCO ha demostrado que podemos tener ambas cosas.

En 1965, el Honorable Russell E. Train colideró un movimiento en pro de la elaboración de una convención internacional que protegiera el patrimonio tanto cultural como natural, que se plasmó en la Convención del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Entendió la importancia del patrimonio como un baluarte contra los extremismos, como una fuerza para consolidar lo que él mismo llamó “un sentimiento de parentesco entre los seres humanos como parte de una comunidad única y global”.

La UNESCO reconoce los sitios naturales y culturales con un valor universal excepcional y los protege en beneficio de todos. Como base del diálogo y el entendimiento mutuo, la salvaguardia de nuestro patrimonio común constituye una responsabilidad compartida que requiere la colaboración de todos los Estados Partes, junto con la sociedad civil, las comunidades locales y el sector privado. Por ejemplo, científicos de la Universidad Nicolaus Copernicus de Toruń, en Polonia, dirigen un proyecto para preservar las estatuas de la Isla de Pascua en Chile.

Hoy en día, la Convención ha alcanzado un carácter casi universal, con más de 1.000 sitios registrados. La unión de todos esos puntos dibuja un nuevo mapa del mundo, un mapa para la paz y el diálogo. “Actualmente, el mayor desafío al que nos enfrentamos ya no es solo salvar templos, sino dar respuesta a las presiones generadas por el cambio climático, la urbanización acelerada, el turismo de masas, el desarrollo económico y los desastres naturales, y también, en algunos casos, a la falta de fondos y capacidades apropiadas para preservar el patrimonio cultural.

Debemos crear y forjar nuevos modelos de financiación y nuevas alianzas, nuevos enfoques de gestión, nuevas formas de velar por que las diferentes partes interesadas sientan la responsabilidad de preservar colectivamente el patrimonio cultural. Tenemos que compartir las mejores prácticas para proteger los monumentos, así como bienes más complejos, como paisajes culturales, ciudades históricas o sitios transfronterizos”, declaró la Directora General de la UNESCO, Irina Bokova, en el 40º aniversario de la Convención del Patrimonio Mundial.
Debemos apoyarnos en el poder de ese patrimonio como fuente de identidad y cohesión en un tiempo de cambio. Esa es la razón del firme compromiso de la UNESCO con la salvaguardia y la promoción del patrimonio cultural y natural, en todas sus formas: material, inmaterial y documental. En un tiempo de limpieza y erradicación culturales y de saqueo de bienes culturales sin precedentes, la protección del patrimonio debe formar parte integrante de todo esfuerzo de consolidación de la paz.